colchón de la Moncloa

Voy a contarles una anécdota del cateto, plagiador, embustero y perdedor de todas las elecciones. ¿Y de qué va el asunto me preguntarán? Pues allá voy. Se trata, al parecer, de una decisión “muy importante” que el actual inquilino de La Moncloa y su ínclita esposa Begoña (ahora directora -con una suculenta retribución- del “África Centre” por la gracia del presidentísimo) tomaron nada más disponerse a habitar en el palacio de sus sueños. Anécdota que va de boca en boca y que, para más inri, aparece en un libro titulado Manual de Resistencia, no escrito por el presidente, pero que firma como suyo y que yo jamás compraría, aunque me regalasen con él un viaje en Falcon. Sigo con el relato.

El susodicho le dijo a Begoña: lo primero que debemos hacer cuando nos instalemos en el palacio, es cambiar el colchón porque, como sabrás, “dos que duermen en el mismo colchón acaban siendo de la misma opinión”. Vamos a ver, señor inquilino, para que se cumpliera lo que dice ese refrán y usted parecía temer, tendrían que dormir juntos los dos; es decir, el Sr. Rajoy y usted mismo, no Begoña y usted ¿lo entiende bien o se lo explico de otra forma más fácil?

Por otro lado, ¿no se le ocurrió pensar que el Sr. Rajoy, que le conoce a usted requetebién, tendría pensado desprenderse del colchón (como sucedió donándolo a una ONG) para impedirle que aplicara usted su pituitaria sobre el mismo, para husmear sus efluvios más íntimos? Entonces, ¿para que la patochada de la cita en el libro escrito por una tal Irene?

Aunque no es usted santo de mi devoción, le voy a dar un consejo por si está interesado en cambiar, ¿por qué no va a consultar con un profesional, pagando de su bolsillo la consulta? ¡Aunque lo hiciera en helicóptero!

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