Sorteando inconvenientes

Aquella mañana me levanté mucho más temprano. A pesar de estar acostumbrado a madrugar, cualquier excepción de esa naturaleza altera el ritmo vital. Pero era preciso; mi programa de trabajo me obligaba a comenzar muy pronto la jornada. Debía contactar con dos personas para planificar una serie de asuntos que tendría que datar y ubicar en mi agenda. Así pues, a las siete ya estaba en mi despacho. Hasta las ocho, repasé las tareas más urgentes que debía encomendar a mis colaboradores para que no tuvieran necesidad de interrumpirme.

Unos minutos después, con mis colaboradoras en sus puestos de trabajo e informados de mis deseos, me dispuse a realizar la tarea prevista. Para conseguir más agilidad -pensé- las dos llamadas telefónicas las haré yo directamente. Comencé llamando a una entidad financiera en la que habían prometido un crédito hipotecario a un cliente de mi despacho.

Tras marcar el pertinente número de teléfono, una voz grabada repetía: Ha conectado con el Banco del Crédito Blando; si desea hablar con el departamento de créditos endurecidos, marque el 1; si desea hablar con el departamento de morosidad recalcitrante, marque el 2; si desea hablar con el departamento de dádivas y regalos, marque el 3; en caso contrario, espere unos instantes. Soporté la espera de esos instantes (que me parecieron muchos) hasta que recogió la llamada una operadora. Tras identificarme le manifesté mis deseos de hablar con el Sr. Director. Mi interlocutora, sin inmutarse, me preguntó con cual de los directores quería hablar, si con el de créditos endurecidos, con el de morosidad recalcitrante o con el de dádivas y regalos.

Quedé unos segundos descolocado al enterarme de cuantos directores había en aquella entidad. No reaccionaba. De pronto, reponiéndome, manifesté a la señorita: No sabía que había tantos directores en esa oficina, pero he de hablar de un crédito hipotecario que han prometido otorgarle a un cliente de mi despacho, para el que dispongo del oportuno poder. La señorita, con voz segura, me dijo: entonces, con quien usted necesita hablar es con Don Casimiro. Pero, lo siento, a Don Casimiro lo prejubilaron ayer. Desconcertado aún, me despedí correctamente de mi interlocutora y decidí acudir personalmente a esa entidad, a ver la suerte que me esperaba.

A continuación, pasé a realizar la segunda llamada. Era a Inmobiliaria Mil. Pregunté por Don Cristóbal. Lacónicamente me dijeron: ¡No se encuentra! Como siempre he criticado esa locución estúpida, pudiendo expresar el mensaje con más claridad, como: no está en este momento, ha salido, etc. etc., inquirí: ¿lo han buscado? La respuesta fue: ¡grosero! y colgaron.

No quise continuar más, me tomé el día libre.