Salud mental Puigdemont y sus desvaríos
Napoleón Puigdemont

Lo publica Salvador Sostres en ABC

Hemos sido muchos los que, desde que Carlos Puigdemont fuera nombrado presidente de la Generalidad, hemos visto ciertas taras mentales en él, sin ser ni mucho menos psiquiatra. Para ver que una persona desvaría tampoco hace falta ser ningún médico y en Puigdemont siempre hemos visto a un personaje que no regía demasiado bien.

En primer lugar denota una cobardía compulsiva y crónica. Ya lo demostró con su proclamación de la república durante algunos segundos y con su posterior huida dejando a sus compañeros de golpe en la estacada y en la cárcel. Pero esa personalidad enfermiza la habrían agravado quienes se encontraban a su alrededor y en poco tiempo intentaron convertir a un cobarde en un líder indiscutible, en una especie de estadista, en el “faro” que guiara a todos los catalanes hacia su ansiada república.

Y ese faro era él, Carlos Puigdemont, alguien que siempre había sido un don nadie y de la noche a la mañana pasó a convertirse en presidente al ser considerado por sus socios el más tonto y el más maleable. Las anécdotas que cuenta Sostres en su artículo producen incluso la risa como una en la que unos visitantes a la mansión le obsequian con unos pasteles y Puigdemont se los da a probar primero a sus escoltas por si estuvieran envenenados.

Pues bien, este tarado, este enfermo descrito por Sostres en su artículo, es el que ha puesto a Cataluña y a España patas arriba. Gracias a él más de 4.000 empresas han abandonado ya Cataluña y las que quedarán. Este pobre loco es el nuevo “Mesías” del independentismo catalán. El líder indiscutible al que van a seguir donde sea. Este cobarde, mal compañero y peor persona, es el que ha rematado la deriva independentista catalana de los últimos años.

Pero las consecuencias no las está pagando él. Las están, las estamos pagando todos los demás.

Enlace directo al artículo: “Puigdemont hace probar unos dulces a su seguridad por si estaban envenenados”.