Rafael Simancas Tamayazo Aznar Pedro Sánchez
Así se le quedó la cara a Rafael Simancas en su fallida sesión de investidura

Mediocre y pelota

Si hubiera que poner una cara a la mediocridad y al peloterismo, de inmediato me vendría a la cabeza el diputado del PSOE Rafael Simancas. Simancas es un personaje completamente gris, sin fondo alguno y con un afán servil para garantizarse la poltrona del que no se podrá escapar nunca.

Fue el hazmerreir cuando, en la sesión de investidura para ser elegido presidente de la Comunidad de Madrid, fue incapaz de que le apoyaran ni siquiera los suyos, el famoso Tamayazo. Momento estelar de la historia del socialismo en la que dos diputados autonómicos del PSOE, Tamayo y Sáez, se “ausentaron” en las votaciones y provocaron que el candidato Simancas no fuera elegido presidente. Los motivos esgrimidos por esos dos diputados fueron su disconformidad con los pactos alcanzados por Simancas con Izquierda Unida para ser nombrado presidente. Eso le ha marcado de por vida.

A partir de ahí, Simancas lo único que ha hecho es intentar colocarse y no perder comba. Se ha intentado arrimar en el PSOE al que fuera caballo ganador de cada momento y se ha convertido en el indiscutible chico de los recados del partido. Bien pagado, bien colocado, pero chico de los recados al fin y al cabo.

Otra de sus apariciones estelares fue cuando en el Congreso se estaba investigando la financiación del PP. Su enfrentamiento con Aznar se convirtió en un “chorreo” de tales dimensiones, que las zurras que le acabó dando el ex-presidente provocaron que Simancas perdiera los papeles por completo. El cazador cazado. El que tendría que haber sufrido el acoso de este mediocre era Aznar y el que salió con el rabo entre las piernas fue Simancas.

A día de hoy, Simancas está al servicio de Pedro Sánchez. Como he dicho antes, el chico de los recados, el bien mandado, el pelota que quiere mantenerse y que quiere que el jefe cuente con él. Pero si hay un lastre que no se quita, ni se quitará en la vida, es el de mediocre. Y es que no hay más que leer lo que escribe en su cuenta de Twitter para darnos cuenta que este tipo no vale más que para hacer lo que le manden, aunque sea al servicio de un indigente mental como Pedro Sánchez.