inmigración ilegal

Existe una profunda preocupación por parte de los Obispos andaluces del crecimiento de la xenofobia al hablarse de la expulsión de los 50.000 inmigrantes ilegales en Andalucía.

En efecto son personas y por tanto sujeto de dignidad como hijo de Dios que son, hay que atenderles y en la medida adecuada a que pasen a ser migrantes legales.

La legalidad de inmigrantes que han entrado de forma ilegal está en manos de los poderes administrativos-políticos, y de la adecuación de las leyes de la inmigración a favor de la humanidad y dignidad de toda persona sea de raza, color, ideas, pensamiento, cultura que procedan.

También es cierto que la realidad de la ilegalidad se atiende con los servicios de bienestar de base cómo ayudas económicas a sin trabajos, a servicios sociales y sanitarios gratuitos, etc., que producen “efecto llamada”.

Pero tan persona son los inmigrantes como los españoles pobres reales en las calles, y que carecen de esas ayudas. Y evidentemente la administración debe atender a todos por igual, es de justicia.

La admisión de inmigrantes significa respeto a la cultura, costumbres y personas del lugar donde van a vivir, integrándose en la sociedad que los recibe y no a formar ghetos radicales y comportamientos contra la costumbres y valores del país que les acogen.

Solución es legalizar a los ilegales o devolverlos con dignidad a su país de origen, y desde el Estado negociar con el Estado de los países de origen a la Cooperación y Desarrollo de sus países, dónde se dan un inhumanismo indigno sobre su población, que les obliga a la inmigración ilegal.

Perseguir a las mafias que mercantilizan con personas explotándoles y poniéndolos en peligro sus vidas en balsas-náufragos y barcos-negocios, hacinados en altamar, como trata de esclavitud del hambre y empobreciéndoles con impuestos sobornos por atravesar el mar.

Aplausos a las organizaciones benéficas religiosas y laicas de acogida, que ayudan en sus países de llegadas, como personas dignas, hijos de Dios.