Enquiridion contra fariseos o las tres espadas

Tres espadas se clavaron en mi alma, mente y corazón. Tres divinas espadas que empezaron a deshacer las tinieblas de la ignorancia, a la que muchos, por desgracia, se aferran, como si éstas fuesen el sagrado incienso que en nuestros altares se quema y por profundos prejuicios han acabado fariseos. Obstinados en el rito y la ceremonia, en el miedo y no en el amor, han olvidado su verdadero sentido. Comen y beben a diario su muy bendito cuerpo y sangre, pero su alma no se inflama, oyen sus palabras, pero no las escuchan, ninguno de los santos sacramentos les aprovecha, se jactan de ser el baluarte de la fe, pero creen posible defenderla con violencia.

A Dios en agradecimiento por todo lo que inmerecidamente me da y para aquellos que aun frecuentando los templos del Altísimo a diario no han conocido la luz del evangelio, van dirigidas estas tres espadas.

La primera es Josué 1.8:

Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien.

La segunda en Juan 5:39:

Escudriñad las Escrituras; porque a vosotros os parece que en ellas tenéis la vida eterna; y ellas son las que dan testimonio de mí;

Y la tercera 2 Tim 3:16-17:

Toda Escritura es inspirada por Dios útil para enseñar, para reprender, para corregir, para instruir en justicia]17 a fin de que el hombre de Dios sea perfecto], equipado para toda buena obra.

Desde que por gracia recibí esta triple y celestial defensa, en este combate contra el maligno, mi realidad espiritual se tornó más viva, profunda y autentica.

Recuerdo como al herirme estas tres espadas, se inflamó mi ser de presencia de Dios, de deseo de conocer más y más todas sus palabras reveladas.

Por todo ello es mi profundo deseo, que como decía Erasmo de Rotterdam, amigo de mi apreciado Santo Tomas Moro:

Ojalá el granjero cante fragmentos de las escrituras en su arado, que el tejedor pueda tararear frases de la Escritura con la melodía de su lanzadera y que el viajero pueda aligerar con historias de las Escrituras su viaje.

A mayor gloria de Dios.