El mensaje Julen
Julen

Durante casi quince días

Cuando el pasado domingo 13 de enero nos enteramos de lo que había pasado en el pueblo de Totalán, Málaga, a todos se nos encogió el corazón. Un niño, un pequeño de 2 años se había caído a un pozo y a todos se nos encogió el corazón.

Todos nosotros, desde el primer minuto, giramos nuestras miradas hacia Totalán y centramos nuestra atención y nuestros buenos deseos en ese niño esperando que todo saliera bien. Ante las duras circunstancias y adversidades que se daban en aquel rescate, poco a poco, se fueron sumando efectivos, se fueron sumando voluntarios y se fueron sumando medios para conseguir rescatar al niño.

Todos los días, lo primero que hemos ido haciendo la mayoría de los españoles al levantarnos por las mañanas ha sido echar un vistazo al último minuto, a cómo iban yendo las labores de rescate. Nos desesperábamos, veíamos que se producían retrasos por el estado del terreno, por algún pequeño fallo en los cálculos por otras circunstancias.

Pero lo cierto es que cuando empezaba el día que hacía el número trece del accidente que se produjo el día 13 de diciembre -maldito número- se consiguió realizar la gesta de localizar el cuerpor de Julen muerto, como todos nos temíamos y ninguno de nosotros nos atrevíamos a decir.

Y ese es el mensaje que nos ha dejado una desgracia como esta. Ese es el mensaje que nos ha dejado un niño de 2 años a todos nosotros: cuando nos ponemos todos a una no hay nada ni nadie que nos pare. No me puedo llegar ni a imaginar el estrés de los equipos de rescate. No puedo llegar a imaginarme lo que cada día de retraso, por la circunstancia que fuera, podía suponer en la moral de todos ellos estando, como estaban, bajo la atenta mirada de toda la nación. No puedo imaginarme lo que debe ser bajar a 70 metros de profundidad y excavar una galería horizontal en la que solo se podía trabajar de rodillas. Y tampoco puedo imaginarme lo que puede suponer para una persona ser el encargado de recoger al pequeño Julen muerto después de tantos días de trabajo.

Mis únicos deseos después de todos estos días de sufrimiento por Julen son dos: que no haya vivido ni un solo minuto de la angustia que debe suponer caerse y seguir vivo tras la caída y que ahora descanse en paz.

Julen, nunca te olvidaré.