Ayuno Intermitente

¿Cuál es la diferencia entre dejar de comer y comer poco? A nivel metabólico, mucha. No es sabiduría generalista ni tema público, pero vamos a intentar explicarlo aquí. Si bien es cierto que el ayuno beneficia sobre todo a aquellos a los que les sobra grasa corporal (que es la mayoría de población occidental, si nos ponemos), la restricción calórica (comer pocas calorías y hacerlo de forma frecuente) no ayuda a nadie y puede ser contraproducente. Expliquemos por qué.

El apetito es un niño mimado

Así podríamos resumir a nuestro apetito: cuanto más le das, más quiere (sobre todo si es azúcar). Pero, no contento con eso, nuestro apetito tiene el reloj en la mano, aparecerá a las mismas horas en las que solemos comer para avisarnos. Por eso no debemos fiarnos de lo que nuestro cuerpo nos pide, a fin de cuentas es aquello a lo que le hemos acostumbrado.

Este principio es algo ya formulado por el nefrólogo canadiense Jason Fung en su libro “The Obesity Code”, obra en la que usa el ayuno como arma contra la obesidad y el sobrepeso, pero no es el primero en hacerlo. Los caprichos del apetito ya fueron formulados hace un siglo.

A principios del s.XX, el escritor Upton Sinclair (que unos años después ganaría el Premio Pulitzer) escribió un libro llamado “La cura del ayuno” (“The Fasting Cure”) en el cual detallaba sus experiencias con diferentes déficits calóricos, ayunos y restricciones alimenticias.

Sinclair detallaba que, mientras ayunaba, el hambre más acuciante aparecía durante los primeros dos o tres días; una vez pasados esos días el hambre disminuía. Al contrario de lo que la gente suele creer, el hambre no va a más, sino a menos. Comienza con punzadas intensas para terminar desapareciendo si uno tiene paciencia. Esto se explica porque a los tres días sin comer habremos agotado todas nuestras reservas de azúcar y nuestro cuerpo “descubre” la maravillosa reserva de energía en forma de grasa corporal, de la cual se puede nutrir durante semanas o meses, dependiendo de nuestra obesidad o sobrepeso. El proceso por el cual empezamos a quemar grasa (ya sea corporal o ingerida) se llama cetosis y es algo que explicamos en este artículo.

Grelina: el cuerpo se sienta a comer

Como ya explicamos en el anterior artículo, la mañana es el período en el que más tiempo hemos pasado sin comer. Pueden haber pasado entre 8 y 12 horas de ayuno desde la cena. ¿Cómo es que tras pasar medio día sin comer nos levantamos sin tener hambre? Mucha gente desayuna por hábito o casi por obligación, atendiendo a la falacia de que “el desayuno es la comida más importante del día”.

Esto tiene mucho que ver con la hormona del hambre llamada grelina. La grelina prepara y dispone a nuestro cuerpo para recibir comida, y, según estudios del anteriormente mencionado Jason Fung, sube alrededor de las horas a las que hemos acostumbrado al cuerpo a comer. Dicho de otra manera: nuestro metabolismo “se sienta a comer” y llama al “camarero” (nuestro cerebro) en forma de hambre para que le alimente.

Como ya explicamos: que tengamos hambre no siempre significa que necesitemos comer. Puede ser simplemente que hayamos acostumbrado a nuestro cuerpo a comer determinadas cosas a determinadas horas y con el hábito se ha vuelto adicto, por eso no concibe un día sin su “chute” y nos provoca hambre atroz los primeros días.

Sobre este tema ya habló Upton Sinclair, quien además de realizar ayunos de 10 y 12 días, manifestó que recibió cartas de gente que había ayunado hasta 28 días. Tras los primeros días de hambre atroz, esta gente no volvió a sentir hambre hasta casi pasado un mes de ayuno. De aquí se establece la distinción entre sentir hambre por adicción a la comida y sentir hambre por necesidad de nutrientes.

De niño gordo mimado a figurín disciplinado

Saltándonos los circunloquios políticamente correctos: se adelgaza fácilmente dejando de comer, no comiendo menos. Mientras comamos lo suficiente como para no entrar en cetosis (evitando que nuestro cuerpo descubra que puede alimentarse de grasa corporal), no podremos bajar de peso de forma efectiva.

Pasar varios días o incluso semanas sin comer hará entender a nuestro cuerpo que “se acabaron las chuches y tendrá que comerse las lentejas”. O sea, ayunando no le quedará otra opción que usar como fuente de energía celular las reservas, las lorzas, la chicha que tanto nos molesta al ir a la playa o probarnos ropa nueva. Una vez nuestro “maleducado apetito” entienda que la disciplina es el único camino hacia la supervivencia, dejará de insistir pidiendo golosinas.

Jason Fung demostró además que el metabolismo en ayuno se acelera, no se frena. Se quema más energía dejando de comer que comiendo. Esto sucede porque en ayuno podemos multiplicar por tres o por cuatro la hormona del crecimiento humano, que además preserva el músculo mientras se alimenta exclusivamente de grasa corporal. Esta hormona moviliza los ácidos grasos y promueve el desarrollo celular, algo corroborado por el libro “Principios de Bioquímica” del científico David L. Nelson.

Pongámoslo en perspectiva: el record de ayuno estriba en nada menos que 382 días. Más de un año sin comer. El individuo era el escocés Angus Barbieri, que pesaba 200 kilos y se quedó en poco más de 80. Durante más de un año lo único que tomó Angus fue agua y algunas vitaminas. Algo que demuestra fehacientemente que la mejor forma de adelgazar es ayunar.

Ayuno Intermitente

Barbieri estuvo bajo supervisión médica y se mantuvo sin síntoma alguno durante el periodo del ayuno.

*El autor del presente artículo no es médico y fundamenta sus escritos en experiencia propia, biología y estudios científicos. En ningún caso se debe hacer un cambio drástico en la dieta sin consultar antes con su médico.