Ayuno intermitente

Este artículo complementa a la serie “Grasofobia”. Para entenderlo completamente conviene leer los anteriores en este enlace.

Tras explicar detalladamente los beneficios de la grasa frente al azúcar, es hora de abordar algunos de los beneficios de comer menos frecuentemente. No hablamos aquí de ascetismo, meditación o claridad mental (aunque el ayuno bien tiene que ver con estas cosas), sino de simples ventajas de no estar comiendo cada tres horas.

A contracorriente 

¿Cómo vas a comer menos frecuentemente? ¿Es que no has visto las directrices y consejos de los organismos de nutrición internacionales? Hay que comer cinco o incluso seis veces al día, pocas cantidades…o eso dicen los “expertos”.

En El Diestro no tenemos miedo al qué dirán, nos rebelamos contra el discurso único y proponemos alternativas cuyos efectos son palpables al poco tiempo.

Razonemos un poco con respecto a esto: ¿desde cuándo nos tiene que decir el Estado lo que tenemos que comer y cómo debemos hacerlo? Ya tenemos la infame Ley de Memoria Histórica que decide cómo debemos interpretar la historia; las leyes de ideología de género que nos marcan a quién y cómo debemos culpar de la violencia contra las mujeres… ¿Por qué permitir que los políticos se metan también en nuestro horario de comidas?

Preámbulo al ayuno 

Comer menos frecuentemente puede (y debería) ser un modo de vida, pero no necesitamos esperar ni una sola semana a ver sus primeros efectos. No hablamos aquí de comer menos cantidad, que nunca es malo, sino de hacer una o dos comidas al día en vez de cinco o seis. Dejar de picar, por así decirlo, es más importante de lo que podemos pensar. 

Primeramente, debemos romper el mito más importante en torno a esto: tener hambre no siempre significa que necesitemos comer. Quien no llora no mama, pero nosotros no necesitamos estar mamando cada tres horas. El hambre atroz que nos puede venir por no comer es consecuencia de que estamos quemando y comiendo azúcar (algo que, como ya vimos en los artículos anteriores, no sacia, aunque llene). Para no tener hambre entre horas y dejar de picar hemos de aumentar la ingesta de grasa y cortar azúcares y carbohidratos, ya que haciéndolo quedaremos saciados para mucho tiempo. Lo diremos en cristiano: si cada vez que tenemos hambre comemos entrecot en vez de turrón, dejaremos de picar. 

Mirémoslo desde otra óptica: el período más largo sin comer en un día normal es siempre la noche, en el que podemos pasar de 8 a 10 horas en ayunas. Nadie se levanta con hambre leonina después de este período, que es el más largo que pasamos sin comer en todo el día.

¿Hay alguien que se despierte con ganas de un cocido? ¿Cogemos el bocadillo nada más levantarnos? Igual si somos Homer Simpson podemos responder afirmativamente, pero el común de los mortales come por obligación o rutina su primera comida del día, la “más necesaria” según cacarean expertos que no conocen (o no pueden difundir) los beneficios del ayuno intermitente. 

Primeros beneficios 

No necesitamos esperar semanas o meses para poder ver los beneficios del ayuno. Primeramente ahorraremos tiempo y dinero, las dos divisas que en este siglo son más preciadas. ¿Cuántas veces nos hemos parado a comer en un bar de carretera? ¿Cuántas veces nos hemos visto haciendo cuentas para que la compra entre dentro del presupuesto mensual? Muchas familias gastan una parte importante de su salario en comida. 

El ayuno intermitente (comer una o dos veces al día) nos libera de gran parte del tiempo y el gasto que supone estar comiendo cinco o seis veces al día. Una vez nuestro cuerpo se acostumbra (y lo hará si le acostumbramos, algo mucho más sencillo si hacemos una dieta rica en grasas, pobre en carbohidratos y con cero azúcares), podremos ver también un aumento de energía y mejora de la digestión, pues no estamos hechos para comer tan frecuentemente y nuestro metabolismo necesita un descanso. 

A los pocos días de reducir la frecuencia de comida ya podremos notar mejora en la piel, aumento de energía y una claridad mental que muchas veces se veía entorpecida por comidas altas en azúcares que, además, eran demasiado frecuentes. No precisamos siquiera reducir la ingesta de calorías para hacer ayuno intermitente, nos basta con aumentarla proporcionalmente y subir el porcentaje de grasa para saciarnos y no picar entre horas. 

El reto de la disciplina gastronómica 

Además de los beneficios casi inmediatos citados arriba, debemos mencionar lo edificante que es el reto de llevar un régimen u horario de comidas tan diferente al que llevamos décadas haciendo. Para no dejarnos llevar por nuestras ansias o bajos deseos, es conveniente probar nuestra mente y así no dejarnos llevar por nuestro cuerpo.

La mayoría de la gente tiene suficiente grasa corporal como para estar semanas o incluso meses sin comer. No moriremos por comer menos frecuentemente durante el día aumentando nuestra ingesta de grasas. Es más, nuestro metabolismo se acelerará. Es un falso mito lo de que comer acelera nuestro cuerpo, justo al contrario: lo frena (algo demostrado por el doctor Jason Fung). Una vez liberamos al cuerpo de tener que estar digiriendo comida cada pocas horas, éste podrá centrarse en regenerarse y desintoxicarse un poco cada día.

En sucesivos artículos iremos explicando más beneficios en profundidad del ayuno, cómo funciona exactamente y qué por qué es recomendable esta práctica. De esto nos podremos servir a poco que lo hagamos…sin caros expertos subvencionados que nos digan lo que tenemos que hacer.

 *El autor del presente artículo no es médico y fundamenta sus escritos en experiencia propia, biología y estudios científicos. En ningún caso se debe hacer un cambio drástico en la dieta sin consultar antes con su médico.