Rastrero y traidor

Ya tengo dos adjetivos más con los que calificar al cateto, plagiador, embustero y perdedor de todas las elecciones que preside el gobierno de España. Y aunque parezca inoportuno escribir esto en días tan señalados como los que se avecinan, no es menos cierto que es ahora precisamente cuando tenemos más obligación de defendernos de la gentuza que mal gobierna y desea destruir nuestra querida patria.

Porque la realidad incontrovertible es que el habitante de La Moncloa, con su viaje a Cataluña, ha actuado (tal como señala el DRAE) de una forma despreciable para conseguir sus innobles propósitos a costa de su propia humillación. Y de paso ha tratado de humillar a todos los españoles, aunque eso es más difícil porque los españoles no somos responsables de los desmanes de este nefasto personaje al que estoy seguro que reprobamos todas las gentes de bien.

Es tan rastreo que ha querido ir a la guarida de los enemigos de España sin importarle nada esa bajada de pantalones que le deja a la altura del betún. Y tan indigno y traidor (junto a todo su gobierno) que firma documentos (que dejan a España por los suelos) en los que llaman conflicto a un golpe de Estado y consiente que no se cite la Constitución.

Y mira para otro lado cuando el golpista Torra y toda su cuadrilla de rufianes se recochinean ante él, luciendo en actos oficiales un ridículo y despreciable lazo amarillo que hasta el más tonto conoce el significado que estos malnacidos le dan.

Es fácil (y bien que lo sentiría, por los socialistas decentes) que el paso dado por este rastrero y traidor pudiera ser la tumba del PSOE.

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