plaza de toros de Córdoba

Muchas veces cuando paso por la mesana de mis sentimientos taurinos y camino por el divagar de mis sueños me planto delante de la plaza de toros antigua los Tejares de Córdoba, situada en la antigua avenida del Generalísimo y ahora avenida de los Tejares, me entra una sinrazón que enturbia mis sentidos. Yo vi torear al maestro de maestros, me refiero a Manolete a este artista que boceló muchas tardes con su capote como si fuese un soneto gongorino, ese alarde dominador que tenía con la muleta de un artista consagrado, dicen que no había palabras para interpretar en las escrituras lo que hacía bocelando ante el toro.  Al pasar por este tramo de la antigua plaza de toros de Córdoba, me sobrecoge de tal manera mi corazón que dejo volar mi alma hacía donde quiera ella. Mi padre que era un buen aficionado a este arte de los toros, me decía aún a mi temprana edad que con solo verle hacer el paseíllo había gente que se salía de la plaza diciendo: “ya he visto a Manolete”.

Comprendo que los tiempos cambian, pero las ilusiones no mueren nunca. La añoranza que tengo de esa plaza de los Tejares me deja embelesado solamente de haberlo visto en las televisiones, pero me deja con un sabor de boca de ver que he presenciado a grandes toreros, y no doy nombres por aquello de los gustos, pero saber que no hay contraseñas de las corridas por este genial artista del toreo que le hayan dicho que esta tarde no estuvo bien toreado ese toro. El toreo siempre existirá a pesar de los contratiempos que todos conocemos. A pesar de todo, aunque en menor medida, aunque en nuestra tierra cordobesa hayan mermado las corridas de toros, incluso en su feria de mayo, pero no me diga la afición que los aficionados —entre ellos— me encuentro yo, esta añoranza de esta plaza de toros llamada de los Tejares, la tendré siempre presente ya que estuve de la mano con mis padres en la puerta grande esperando que saliera el féretro cuando salen los artistas a hombros, como salió Manolete el día de su entierro. Despido esta glosa con una dulce mirada y escrita de Don Antonio Ortiz Villatoro que dice:

…los abanicos se cierran

y se nublan las miradas,

y la mano de la muerte

mueve lenta una campana.

Torero serio y solemne,

Enemigo de algarada…

Vas soñando con el puente

de tu Córdoba cercana

y un coro de sacristanes

hijos de claras aguas,

canta su responso verde

en el croar de sus ranas…