Pedradas ideológicas

Para simplificar la sopa de letras de los partidos políticos en liza, los dividiremos en partidos materialistas marxistas, partidos materialistas relativistas (para ambos, sólo existen seres materiales) y en partidos creyentes (aceptan además la existencia de seres espirituales). Sí, ya sé que hay algún caso que no encaja del todo. Pero vale; ya nos entendemos.

Tanto la izquierda marxista como los materialistas relativistas han organizado un intenso pataleo mediático en España después de los resultados de las alecciones en Andalucía, con los 12 diputados de Vox. Para ellos, la ciudadanía sólo elige correcta y democráticamente a los candidatos políticos, si son afines a sus ideas, y muy especialmente a sus creencias. Por esto el pataleo ha sido epiléptico. Desde los periodistas sistémicos a los militantes de la plebe cretinizada. Porque saben que Vox, además de presentar una ideología distinta a la de ellos, ofrece valores que lo sitúa como un partido creyente. Por esto le lanzan “pedradas ideológicas”, carentes de argumentos como las siguientes tomadas de un artículo de La Vanguardia: “ultraderecha, radicalismo primario, tienen formas de gobierno radicalmente reaccionarias y antieuropeas, jungla ultraderechista, su presencia es una realidad preocupante”, etc. Aquí y en otras intervenciones, no se definen estas expresiones y si se echa mano del diccionario se ve que no concuerdan con el perfil político de Vox, ni con lo que se desprende de su programa de gobierno.

Y como son “pedradas ideológicas”, cuando impactan sólo sale humo. Tomando las “pedradas” más frecuentes y de mayor tamaño, y comparándolas con el discurso de Vox, se ve lo siguiente:

  • Fascista. En ningún documento se habla de corporativismo, de preferir un sindicato único, de dirigismo económico estatal, por citar tres aspectos típicos del fascismo.
  • Nazi. Vox no preconiza una economía dirigida por el Estado y un keynesianismo militar. Tampoco su corporativismo. Nunca ha clamado contra la economía libre del mercado. Tampoco Vox está en contra de la democracia, de los partidos políticos, ni de los sindicatos.
  • Nacionalismo. No se ve en Vox un nacionalismo más intenso que el de cualquier gobierno: sea francés, inglés, suizo o americano.
  • Racismo. Insólito, nunca ha ensalzado a la raza española. Aunque, modestia aparte, somos cojonudos.
  • Xenofobia o antiinmigrados. Con muy buen sentido propone aplicar criterios objetivos en el control de la inmigración. ¿Tiene alguien algo que objetar?
  • Autoritario. Produce risa comentar esta “pedrada”, cuando todavía no ha gobernado, ni se puede deducir de su discurso. No distinguen entre mandar con autoridad, que es una obligación en todo gobernante, y mandar con arbitrariedad, como hace Pedro Plagio que no sabe gobernar. ¡Son incultos! Sólo saben lanzar pedradas.