Pablo Iglesias creyente misa de ocho
Pablo Iglesias

Los bandazos del podemita

Anonadados nos hemos quedado todos con las últimas declaraciones realizadas por Pablo Iglesias. Después de haber estado justificando y defendiendo todos estos años la dictadura venezolana, tanto con Chávez como con Maduro, ahora se desmarca y se desdice de todo lo dicho y se desmarca del régimen venezolano de Maduro diciendo que no comparte “alguna de las cosas” que dijo “en el pasado”.

Pero no solo eso, aunque le ha costado hacerlo también unos cuantos años, ahora también dice avergonzarse y arrepentirse de las palabras “machistas” con las que se refirió a Mariló Montero y en las que dijo que “la azotaría hasta que sangrase”. Todo esto fue dicho por Pablo Iglesias en una comisión del Senado en la que se investigaba la financiación de Podemos por parte del gobierno venezolano.

Y todo esto fue dicho por Iglesias sin ruborizarse después de haber estado durante años defendiendo y justificando al gobierno venezolano con las justificaciones más peregrinas y absurdas.

El efecto VOX

Parece que el auge de VOX ha hecho más mella en los podemitas de lo que parece. Después de todos estos años en los que parecía que el mero hecho de pronunciar la palabra España les provocaba una urticaria, en las últimas fechas no se sacan la palabra de la boca, utilizándola en cualquier declaración pública.

El viraje de las últimas fechas es tan radical que a Iglesias ya solo le falta decir q en realidad es admirador de Donald Trump o que es creyente y va todos los días a misa de ocho en su parroquia de Galapagar pero que lo ha ocultado para no destacar. Y todo con tal de conseguir arañar alguno de los miles de votos que se le están yendo por el desagüe.

Pero de lo que no se da cuenta el podemita es de que eso ya no tiene marcha atrás. Son comunistas y sus continuas mentiras, su apoyo al golpismo catalán, a los proetarras o a cualquier enemigo de España, les está pasando factura. Cualquier cambio de discurso, tan habitual en los podemitas, no se lo cree ya nadie. Son más falsos que un duro de madera y tienen claro que el poder, que es lo único que ansían en el mundo, cada vez lo tienen más lejos.