Orígenes del PSOE

Es tanto lo que se ha escrito, y se está escribiendo estos días acerca de la situación política en nuestro país, que nada de lo que este servidor pueda decir añadirá nada, ni mejorará lo ya publicado por plumas más vivas, sin duda que la mía.

Por ello, y con el ánimo de invitar a la reflexión a esos buenos socialistas que aún quedan, y a quienes, y gracias a dos individuos de lo más ignominioso que haya podido “parir” la política española: J.L. Rodríguez Zapatero, y Pedro Sánchez, creen que el Partido Socialista debe ser borrado del mapa político, hoy, me remontaré a los orígenes del PSOE allá por finales del XIX, sólo, como ya he dicho, como invitación a la reflexión.

En 1881 Práxedes Mateo Sagasta, miembro del Partido Liberal y Presidente del Consejo de Ministros, devolvió a las clases trabajadoras el Derecho de Asociación. Esto permitió a los socialistas que hasta entonces habían permanecido en la clandestinidad, fundar el Partido Socialista.

Participaron en su fundación 900 miembros del “Sindicato de Impresores y Tipógrafos” y aproximadamente un centenar de otros gremios. Pablo Iglesias (el de verdad), fue elegido su primer Secretario.

Su primer acto, ya como partido legal, fue convocar una huelga de Artes Gráficas, en protesta por el incumplimiento por parte de los patronos de sus obligaciones para con los trabajadores. Pese a su escaso seguimiento, tuvo sin embargo un fuerte impacto social. Era la primera huelga legal que se convocaba tras la restauración de la Monarquía.

Esta huelga, le valió a Pablo Iglesias su primera condena. Todo el comité de huelga, fue sentenciado a tres meses de prisión. Y fue esto precisamente, lo desproporcionado de la reacción por parte del Gobierno, lo que dio alas al emergente movimiento socialista.

En 1886 se funda el periódico “El Socialista” con un capital inicial de 927 pesetas, reunidas tras tres largos años de esfuerzos. El mismo Pablo Iglesias publicó en este periódico lo que sería toda una declaración de intenciones. “Atacaremos a todos los partidos burgueses, en especial, a los más avanzados (los que más opciones de llegar al poder tenían). Y así, se situó en lo que él mismo calificó de “santa intransigencia”.

Una vez afianzado el partido, el siguiente paso fue crear un sindicato que aglutinase a todos los trabajadores. En 1888 Francisco Mora y García Quejido fundaban la UGT con los restos de pequeños sindicatos de corte anarquista, insatisfechos con la “acción revolucionaria” que imperaba en ellos. UGT era un sindicato moderado de corriente socialdemócrata y sin tendencia revolucionaria.

Pero en aquella época el carácter de los españoles era más proclive a la radicalidad que al diálogo, de ahí, que, aunque la propuesta de un sindicato de clase “moderado” fuera atrayente, los trabajadores preferían los métodos de “acción directa” de los sindicatos anarquistas. Además, éstos últimos no cobraban cuotas a sus afiliados, siendo esto un factor decisivo a la hora de optar por la militancia. También se ha de decir, que la principal diferencia entre Socialismo y Anarquismo, es que el Socialismo no se concibe sin el Estado y su aspiración es llegar a controlarlo. Mientras que el Anarquismo por el contrario tiende a prescindir del Estado y confía en el individuo, por tanto, carece de intereses políticos.

Había otro motivo además que favorecía las tendencias anarquistas, y no era otro que el alto grado de corrupción que invadía todas las esferas del orbe político. Altos cargos corruptos. Compra de votos. Intimidación. Malversación de fondos públicos. Sobornos, y un largo etc. (Y es que el tiempo en España parece no pasar)

Por todo ello, Pablo Iglesias diseñó un plan de “Preparación Moral” dirigido a la clase trabajadora y en especial a los miembros de su propio partido.

Estaban obligados so pena de expulsión, a mantener una estricta disciplina, vivir en la austeridad, y mantener un esmerado cuidado de la Moral, la conciencia limpia, y las buenas costumbres. Tal era la disciplina, que los republicanos los tachaban de “frailunos”. Esto del socialismo es cosa de frailes, decían.

A fuerza de predicar con el ejemplo el Partido Socialista comenzó a ganar adeptos. Comenzaron en Bilbao tras la exitosa huelga de Altos Hornos y desde ahí, comenzaron a ganar afiliados por toda España. Su lucha no solo era contra los patronos, también contra los caciques, la Iglesia, los ayuntamientos, y cómo no, contra el Gobierno.

En 1905 Alejandro Lerroux, miembro del “Partido Radical Revolucionario” (Hoy ERC) trajo a Barcelona las “Casas del Pueblo”, una institución de los socialistas belgas. Pablo Iglesias, encontró en ellas la forma de instruir a los trabajadores en los principios del Socialismo y adoptó la idea para su partido. Las “Casas del Pueblo” disponían de café, biblioteca, que incluía todo tipo de literatura de interés, sala de reuniones, y un servicio de ayudas. En una España donde sólo cinco o seis ciudades disponían de bibliotecas públicas, lo que el Partido Socialista ofrecía a sus miembros y a los de la UGT, suponía un gran avance. En Madrid, la Casa del Pueblo era un palacio ducal comprado expresamente para este fin por el Partido Socialista, el cual tenía un gran concepto de sí mismo y se consideraba heredero de las glorias del pasado.

Bajo la dirección de Pablo Iglesias, el partido continuó con su labor paciente de regeneración social, desdeñando las algaradas, las huelgas generales, y rechazando el espíritu revolucionario de sus rivales anarquistas, de quienes decía que solo sabían ladrar y destruir. Iglesias se proponía elevar el nivel del propio respeto entre la clase trabajadora. Los miembros de su sindicato debían ser hombres serios, no podían beber ni aceptar cohechos. No podían frecuentar prostíbulos y debían dar ejemplo con la austeridad. El mismo, Pablo Iglesias, se constituía en ejemplo a seguir.

En una de las épocas más convulsas de la Historia de España, un hombre cargado de buenas intenciones, del que hoy deberían tomar ejemplo cientos de socialistas que detentan alguna posición de poder, hizo que el Partido Socialista que ansiaba llegar al poder tanto o más que cualquier otro partido, ya que sabían que era la única forma de regenerar la vida política, se erigiese en defensor a ultranza de los valores y tradiciones de España poniéndose del lado de los más débiles y necesitados. Sí, lo mismo que la “socialista” Andalucía de los ERE’s, o el actual Gobiero sanchista. (Ruego se advierta aquí la ironía)

La Historia del Partido Socialista es casi una épica del regeneracionismo tanto en lo personal como en lo social, de la mano de Pablo Iglesias. Por desgracia, los grandes hombres, los altos ideales duran lo que dura un suspiro. Y ahí, creciendo a la sombra de Iglesias estaba uno de los más ignominiosos hombres que pudiera dar el socialismo: Largo Caballero, a quien le faltó tiempo para tirar por tierra las buenas intenciones de su predecesor.

Se dice, se cree, se piensa, que en definitiva Largo Caballero sólo se limitó a desarrollar las ideas que subyacían en el pensamiento de Iglesias. Sin embargo, y a pesar de que una de las más sonadas intervenciones de éste en el parlamento, encerraba una crispación aparentemente revolucionaria:

“El Partido Socialista viene a buscar aquí, a este cuerpo eminentemente burgués, lo que de utilidad pueda hallar, pero la totalidad de su ideal no está aquí. La totalidad ha de ser obtenida de otro modo. Mi partido está en la legalidad, mientras esta le permita obtener lo que necesita; fuera de ella cuando no le permita alcanzar sus aspiraciones…”

Diario de sesiones del Parlamento de 7 – 7- de 1910

Se ha de hacer un esfuerzo por comprender el clímax de     corrupción política y violencia social que reinaba en la época. Al igual que y aunque no sea justificable, los ataques a la Iglesia que en aquella época convulsa estaba claramente del lado del poder. Era un momento, en todos eran “enemigos a batir”. Cabría preguntarse, como un hombre eminentemente cerebral, con los ideales que le guiaban y que se han expuesto podría situarse en la radicalidad de sus últimos años. La respuesta, sin duda, está en la corrupción dominante. Y es que como ya he dicho antes: El tiempo en España parece no pasar.

Reflexionemos