No es una fiesta cualquiera

Como te puedes suponer, amigo lector, hoy quiero referirme a la NAVIDAD, con mayúsculas, para denunciar enérgicamente -como en el título- que no es una fiesta cualquiera. Porque conmemoramos la fecha más importante para un cristiano, como es el nacimiento de Jesús, hijo de San José y la Virgen María, la segunda Persona de la Santísima Trinidad, que se hizo hombre para salvar a la humanidad.

Lo que ocurre es que -poco a poco- desde hace bastantes años, la Navidad va perdiendo el protagonismo específico que la define porque hay gentes que están interesadas en que así ocurra. Gentes que vienen arrastrando a los más débiles a disimular o “descafeinar” las cosas para que no parezcan lo que son. Es triste que se hayan perdido en gran medida las manifestaciones públicas de lo que en realidad celebramos. Aún recuerdo, en los años de la posguerra, cómo los que éramos niños cantábamos las canciones que claramente destacaban las palabras clave: Nochebuena, Navidad, el Niño Dios, la Virgen María, etc. etc.

Ahora, por culpa de las modernidades interesadas, cada vez más se unifican más hasta los alumbrados públicos, no distinguiéndose -la mayoría de la veces- si se celebra la Navidad o la feria, el carnaval o el día del orgullo que sea. Hasta los anuncios en televisión y los grandes almacenes se dirigen a ti señalando: Felices Fiestas. La cuestión es no aclarar las cosas, como parece el signo de los tiempos. Pues ante estos desvaríos, los que somos creyentes deberíamos cambiar el rumbo de los últimos tiempos y volver a decir sin miedo que estamos en Navidad, expresando nuestros sentimientos sin temor a nadie ni a nada.

No seremos más modernos porque renunciemos a nuestras ancestrales costumbres; quizá nuestra tibieza o incomprensible timidez nos haga aparecer ante los demás como unos cobardes. ¡Seamos, de una vez por todas, unos cristianos valientes y comprometidos! ¡¡¡Feliz Navidad a todos!!!