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Estamos a pocos días del día de la Inmaculada Concepción, que significa la belleza de la Madre de Dios. Tal afirmación para los ateos y para los incultos y/o ignorantes es como lo que es una blasfemia para un católico. Nos ven cómo antiguos y necesitados de estas verdades, y es verdad, y que como verdad es antigua y como necesidad es para la felicidad, la paz y alegría como personas en nuestras vidas.

La verdad es que es algo grande y misterioso, incomprensible para la razón y cerebro humano raso, pero es misterioso y comprensible para quienes tienen los dones del Espíritu Santo que han recibido de Él: la fe, la esperanza y la caridad. Quiénes carecen de estos dones les falta la compresión e intelección de la belleza de la Madre del Hijo de Dios. Una realidad material hace veintiún siglos, pero realidad espiritual de antes de la creación del mundo.

Son nueve días de amor a la Madre de Dios, que los católicos practicantes ejercemos cada día con una devoción, que se llama Novena. En ella se reza diariamente con petición por la Iglesia, el Papa, los católicos practicantes o no, por los paganos y por quienes niegan a Dios y les da la espalda en sus vidas.

La Santísima Virgen Madre de Dios, es por lo que se le llama Inmaculada porque no tuvo pecado alguno. Los lujuriosos no lo entienden, ni tampoco quienes no les gusta la Belleza, y menos quienes odian a Dios. Pero por todos y cada uno de ellos la Virgen Inmaculada intercede a Dios Padre para que sean removidos y si quieren libremente volver a mirar sanamente a Dios.