la verdad

Bajo el título que antecede, me dispongo a escribir sobre La Verdad manifestando mi modesta opinión sobre la escasa importancia que, a mi juicio, se da en la actualidad a lo que representa esa importante y concluyente palabra. Y lo haré tan solo desde un punto de vista práctico, sin entrar en otras consideraciones para las que hay infinidad de filósofos, teólogos y demás científicos a los que podemos acudir para poder documentarnos.

Comenzaré manifestando el desconcierto que me produce, que estemos rodeados por todas partes de mentiras -o medias verdades- que hacen que relativizemos la mayoría de la información que nos llega. Y es una pena porque si esta deriva continuase, la credibilidad de las relaciones personales y sociales en general caería a cotas impensables. Como “para muestra vale un botón” voy a analizar el resultado de una supuesta manifestación (sindical, política o de otra naturaleza controvertida) celebrada en cualquier ciudad española.

La cifra de asistentes a la misma debería ser una cuestión que no admitiese discusión, porque con los medios técnicos (drones incluidos) de los que se dispone en la actualidad, se podría conocer el resultado del recuento con exactitud, o con un mínimo error; pero todos sabemos que no sucede así; y que las discrepancias son, la mayoría de las veces, escandalosas. Discrepancias que denotan claramente, que la verdad es lo que menos importa a la mayoría de los organizadores, a los medios de comunicación e, incluso, a los receptores de la información.

Torpe camino este, que sin duda nos mantendrá muy lejos de ser una sociedad “como Dios manda” en la que impere tan solo la verdad y -con ella- nos ganemos recíprocamente el respeto y la consideración de todos.