derecha olvida la victoria

El día 1 de Abril de 2018 hizo 79 años que terminó la guerra civil española y el 20 de Noviembre del mismo año, 43 que Franco dejó este mundo. A pesar del tiempo transcurrido de ambos acontecimientos, que no es poco, la izquierda y su extrema no lamentan tales hechos, hasta el punto de que cada cierto tiempo los recuerdan con suma vehemencia, quizá con el didáctico fin de que el olvido no acabe con la memoria de los más jóvenes y no tan jóvenes.

Una encuesta realizada en 2011 a un grupo de alumnos de secundaria, nacidos entre 1992 y 1998; es decir, cuando tenían entre 13 y 19 años; los que tenían conocimientos básicos de la guerra y posterior dictadura no superaba el 10% y un 20% afirmaba no tener el mínimo interés por el tema. Esta encuesta se podía haber aplicado a mayores que vivieron durante la dictadura de Franco; recordarán a éste, pero no tendrían conocimientos básicos de la guerra civil ni tendrían el más mínimo interés en entrar en detalles sobre ella.

Ocho de cada diez; es decir, el 80% de universitarios desconocían a figuras relevantes en dicha contienda, como José Antonio Primo de Rivera, Juan Negrín, el General Mola, o la Pasionaria.

Viene lo escrito a cuento de que muchos, la mayor parte de la ciudadanía, quiere olvidar el pasado que no deseamos que vuelva; unos porque no lo vivimos, pero se nos cuenta, y otros precisamente por haberlo vivido, que ya son los menos. Se nos quiere inculcar por parte de la izquierda y extrema, la obligatoriedad moral de su recuerdo, no queriendo hacer suya la frase del escritor Vicente Blasco Ibáñez “Hay que olvidar el pasado, ya que cuando lo vemos por segunda vez no se presenta con los mismos colores”.

Los que permanentemente airean la memoria colectiva de la guerra no lo hacen, como muchas veces pregonan, porque lo consideran necesario y justo para que no cometamos los mismos errores que nos condujeron a ella, aunque lo ocultan; cuando muchas veces el recuerdo de esa memoria que llaman histórica, condujo más veces de las deseadas a la guerra, al rencor y al resentimiento, en vez de a la paz y a la reconciliación.

Después de la muerte de Franco, en que tanto unos como otros se juntaron para llevar a cabo la ardua tarea de la reconciliación y el perdón mutuo, con el fin de conducir al país a una democratización comparable a la de cualquier otro país avanzado, redactando una Constitución que pudiera contentar más o menos a la mayoría; no tardó la izquierda, por motivos nada triviales, a hacer recordatorio de la contienda por la que habían pasado los españoles en su época. Así, en los primeros años de democracia y en relación a elecciones del tipo que fueren, el Partido Socialista, en su propaganda electoral televisiva, se encargaba de mostrar vídeos en los que se mezclaba la fiereza de un perro buldog con las imágenes de Hitler y la segunda guerra mundial, asociándolas al Partido Alianza Popular. No digamos el rencor de Alfonso Guerra en los mítines en que participaba, actitud que con los años fue moderando. Este hombre, posiblemente porque nunca las había leído, podría participar en las palabras del gran pacifista indio, Gandhi: “No dejes que muera el sol sin que hayan muerto tus rencores”. Por tanto, no solo se debe de cumplir con el recuerdo, sino también con el olvido.

Un ejemplo; unos estarán de acuerdo y otros no, lo tenemos cuando el General De Gaulle decidió dar la independencia a Argelia, decisión que muchos no entendieron; se dijo que uno de sus asesores exclamó su disconformidad diciendo: “Se ha derramado demasiada sangre”; a lo que De Gaulle contestó: “Nada se seca tan pronto como la sangre”.

¿No sería mejor no conmemorar las victorias y las derrotas y cerrar las heridas y los rencores? Las primeras hace tiempo que se han dejado de celebrar por la derecha, pero las heridas y rencores no se cierran por parte de la izquierda; no puede olvidar la derrota. Como dijo el historiador francés del siglo XIX,

Ernest Renan, “…en la medida en que puedan ser fortalecidos por la memoria colectiva, no importa si los recuerdos son históricamente fiables”. Si la izquierda dedicase una mínima parte de la energía a recordar la triste y desgraciada guerra civil al olvido; estaríamos más cerca de la confraternidad entre ciudadanos de un mismo país.

Hay varios políticos, no solo de derechas sino también de izquierdas, que optan, u optaron, por restañar heridas que a nadie benefician y que solo manifiestan rencor y desánimo. Así el socialista catalán Juan Reventós Carner, dijo en el Congreso el 31 de Octubre de 1.978, recién estrenada la democracia, que hoy los españoles tanto los de derechas como los de izquierdas, hemos aprendido la sangrienta lección de la última guerra civil, que justo por eso se llegó a un acuerdo, a un consentimiento del adversario, ya no más enemigo; por fin, la guerra ha terminado. Craso error del Sr. Reventós, o exceso al menos de buenismo y buenas intenciones; no, para la izquierda la guerra civil nunca del todo se ha terminado, sobre todo cuando se acercan elecciones del tipo que sean.

Hoy en día, el espíritu de la transición y de la Constitución está prácticamente vulnerado a pesar de que esta última fue aprobada por el 87,8% de los votantes. Aquello de que las amarguras de la guerra han sido superadas, no concuerdan con la realidad del momento. El separatismo, las ofensas y el rencor de la mitad de españoles contra la otra parte, las ofensas a la bandera nacional y al Jefe del Estado, son el pan nuestro de cada día, no pudiendo aseverar con rotundidad que las secuelas de la guerra civil han sido superadas, como pretendía Felipe González, como Presidente del Gobierno, en el 50 aniversario de la contienda: “…El Gobierno expresa también su deseo que el 50 aniversario de la guerra civil selle definitivamente la reconciliación de los españoles”. No sé si quimera o demagogia, pero cabe pensar y decir que el Partido Socialista, y la izquierda en general, nunca olvidó la derrota en la guerra civil.

Haciéndolo coincidir con el inicio de la contienda, en cuanto al día y mes se refiere, el 18 de Julio de 2.005 el ex Presidente del Gobierno declara que hay que reconocer a las víctimas del régimen franquista porque han sido víctimas de crímenes de una dictadura militar. Esta declaración constituye una ruptura con el espíritu de la transición y la Constitución. Ningún otro ejecutivo desde la muerte de Franco se atrevió a tocar el tema de los vencidos de la guerra civil. Con su argumentación se propuso declarar en 2.006 “Año de la Memoria”, que así se hizo por el Parlamento el 22 de Junio del mencionado año. Zapatero, con su obsesión con el pasado, reiterado en varias ocasiones, no hace si no volver a enfrentar a los unos contra los otros y dinamitar el consenso político e institucional para salir del franquismo sin disturbios.

En Octubre de 2.007, las asociaciones de víctimas republicanas exigen a la Iglesia que pida perdón por inclinarse del bando franquista, olvidando que 10.000 sacerdotes fueron asesinados por los republicanos durante la guerra.

La nueva izquierda traiciona y se olvida de que a espaldas de cuando aún vivía Franco, socialistas y comunistas habían renunciado mucho antes de su fallecimiento, al uso del recuerdo de la guerra como arma política. Mucho antes, Americo Castro escribió en 1.943 que la culpa era de todos y el socialista Indalecio Prieto promovió el manifiesto de 1.948, llamando a una amnistía para todos los “delitos cometidos durante la guerra civil”. Luís Araquistain, seguidor de Largo Caballero, habló sobre el error y el absurdo de haber provocado la guerra.

Cuando la izquierda toca poder, e incluso sin tocarlo, uno de sus objetivos es volver al pasado, recordar y no pretender olvidar aquello que enfrentó a los españoles. No son precisamente los que sufrieron con el conflicto bélico si no los nietos y biznietos los que han cargado con el odio trasmitido y que pretenden seguir viviendo en el rencor. Unos de los ejemplos más palpables es el de Rodríguez Zapatero y Pablo Iglesias.

¿Por qué ese rencor solo en España? Que hacer los franceses con los alemanes, que arrasaron Francia y causaron miles de muertes inocentes. Lo polacos tendrían que odiar de por vida a los alemanes que conquistaron el país a sangre y fuego. Quien habla de Rusia cuyo genocidio alcanzó a veinte millones de rusos y sigue sin sacarse de las murallas del Kremlin el cadáver del sanguinario causante, Stalin. Estos pueblos y otros que en su día fueron masacrados, hicieron bueno el pensamiento de François de la Rochefoucauld, que fue varias cosas en la vida: “Cuando nuestro odio es demasiado profundo, nos coloca -por debajo de aquellos a quienes odiamos”.

Por otra parte, no veo ni bien ni mal que se retiren símbolos, estatuas o nombres de calles que nos recuerden a la dictadura franquista; lo que no entiendo, y si veo mal, es que eso no se corresponda con otro tanto por la otra parte que nos recuerda a la contienda civil, ya que la llamada Memoria Histórica, sí protege a aquellos que fueron criminales antes, durante la guerra o ambas. Así, se mantienen nombres de calles, monumentos y menciones de los que cometieron crímenes; entre ellos tenemos a Santiago Carrillo, responsable de los crímenes de Paracuellos de Jarama y del cementerio de Aravaca; Ana botella, como alcaldesa de Madrid por el Partido Popular, decidió otorgarle el nombre a una calle en Madrid y varios municipios hicieron lo propio. La Pasionaria, que condenó a muerte a Calvo Sotelo tras un discurso parlamentario de éste. Indalecio Prieto, que contaba con su guardia personal “La Motorizada” que empleaba extrema violencia contra miembros de la derecha; cuenta con una estatua ante la sede de Nuevos Ministerios en Madrid y hasta 23 calles distribuidas por toda España. Largo Caballero, el “Lenin español”, promotor con sus discursos incendiarios, de la guerra civil; defensor a ultranza de la violencia para llegar al poder; dictador convencido; su nombre figura en calles de doce provincias españolas y una estatua en Nuevos Ministerios. Rafael Alberti, el poeta de los paseos y las purgas, pero que nunca pisó una trinchera. Luís Companys; bajo su responsabilidad fueron asesinadas 8.129 personas. Margarita Nelken, represora formada en la URSS, Juan Negrín, el hombre que robó el oro a Moscú. Las trece rosas, terroristas adoradas por la progresía, destacadas en las criminales sacas. Etc., etc.

Termino con una frase del escritor argentino José Luis Borges: Yo no hablo de venganzas ni perdones, el olvido es la única venganza y el único perdón”.

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