Inocentadas poco inocentes

De todos es sabido que el cateto, plagiador, embustero y perdedor de todas las elecciones, no ha dicho (al menos desde junio en que accedió a La Moncloa) una sola verdad en lo que respecta a sus actuaciones políticas.

No ha sido casual, creo yo, que el presidente del Gobierno haya decidido hacer su particular “balance del año” precisamente el día de los Santos Inocentes, porque de esa manera, en posteriores días, semanas o meses, nuestro personaje, ante la pregunta incómoda de algún periodista “demasiado curioso” podría responder aplicando la “doctrina Carmen Calvo” diciendo que lo que él dijo el día de los inocentes ya no vale.

De todas formas, diga lo que diga, la pura realidad es que este hombre -que se cree el rey de los hunos y de los otros- no cumplió con su promesa de convocar elecciones inmediatas tras el voto de censura. Que incumplió el no pactar con los independentistas. Que está aplicando los presupuestos de Rajoy que antes denostó y ahora adora profundamente. Que no ha derogado la reforma laboral porque sabe que es buena. Que, por desgracia, ya empieza a hablar como Zapatero; aquel genio que decía que estábamos en la Champions League y éste que -para cambiar algo- señala: “estamos en la buena senda”. Que está en manos de golpistas y demás gentuza, hurtando a los españoles lo que el desnortado Torra le ha exigido cuando el del Falcon se puso de hinojos ante él. Que tiene la desvergüenza de decir que no es correcto que en Andalucía no gobierne la lista más más votada, cuando él, Susana y sus adláteres nunca aceptaron la propuesta, que en este sentido les hizo reiteradamente el PP. Que, como niño con zapatos nuevos, goza con subirse en “su avión”, aunque sea para ir al fútbol.

Claro que eso lo considera “secreto de Estado” pero que pagamos todos con nuestros elevados impuestos.