Grasofobia

La mayoría de la gente considerará que “dieta” y “grasa” son conceptos contradictorios. Muchas de las dietas que realizamos son para adelgazar o por problemas de salud concretos: nuestro médico nos recomienda comer pescadilla cocida cinco veces a la semana para así reducir los posibles efectos perniciosos de las grasas. Pero… ¿y si la ingesta de grasas fuera la cura?

Veamos algunos tipos de dietas alternativas ricas en grasa, quiénes las apoyan y recomiendan y qué efectos pueden tener sobre nuestro cuerpo. 

Dieta cetogénica 

Esta dieta es probablemente una de las más radicales. Mucha gente (entre ellos el que les escribe) llegó a ella simplemente buscando síntomas o problemas comunes que en el momento no sabíamos qué causa tenían. Naturalmente, eran complicaciones azucaradas…

¿En qué consiste la dieta cetogénica?: usar nuestra grasa como fuente principal de energía en vez de azúcar.

Como vimos en el primer artículo de Grasofobia, nuestro cuerpo tiene dos fuentes principales de energía: el azúcar y la grasa. Hasta que no agotemos las reservas de azúcar del cuerpo, nuestro cuerpo no empezará a quemar grasa como fuente de energía. ¿Cuál es el problema de este proceso? Se tarda aproximadamente tres días en quemar todas nuestras reservas de azúcar, por lo que para empezar a quemar grasa (la que ingerimos y/o la que tenemos en nuestro cuerpo acumulada) debemos pasar esos tres primeros días sin comer ningún tipo de carbohidrato o azúcar para entrar en cetosis, que es el estado en el cual nuestro cuerpo entra al empezar a usar la grasa como fuente de energía.

¿Qué alimentos están permitidos en la dieta cetogénica?

Principalmente carne, pescado, huevos, queso (curado, ya que carece de azúcares, es el único lácteo permitido) y verdura. Es cierto que la verdura es un tipo de carbohidrato, pero no es refinado, su altísima fibra compensa los pocos azúcares que tiene y nos nutre. No debemos tomar ningún tipo de salsa, azúcar, legumbre, fruta ni alcohol.

¿Cuáles son las ventajas y los inconvenientes de esta dieta?

Los inconvenientes de esta dieta saltan a la vista: no es fácil de mantener, ya que los primeros días sin carbohidratos nuestro cuerpo pensará que los necesita para sobrevivir y tendremos antojos muy fuertes. También podemos experimentar la llamada “fiebre cetogénica”, que es la falta de electrolitos (principalmente sodio y potasio) que nuestro cuerpo tiene en la transición del azúcar a la grasa. Esta fiebre es fácilmente evitable tomando alimentos ricos en potasio como el aguacate.

Las ventajas principales de esta dieta son: reducción de inflamación general (con los beneficios de salud que esto conlleva), aumento de energía; ahorro de dinero (nos saciaremos antes, comeremos menos cantidad menos frecuentemente, y por lo tanto compraremos también menos), regulación de azúcares en sangre (útil para los diabéticos tipo II), adelgazamiento (ya que quemamos la grasa acumulada en nuestro cuerpo junto con la que ingerimos, al contrario que cuando mezclamos azúcares y grasa, que solamente quemamos azúcar), mejora de salud general.

Dieta carnívora 

Debido a la polémica que puede suscitar esta dieta, puntearemos las tesis con los médicos que las avalan. 

Suena deliciosamente neandertal, es además tan sencilla como parece. Inicialmente uno podría pensar que es una locura, que no somos leones y que tenemos otro tipo de necesidades nutricionales, pero no necesitamos ver muy lejos para ver que poblaciones como los inuit de Canadá han sobrevivido con salud y sin problemas alimentándose de una dieta basada en grasa animal hasta que tomó contacto con el hombre blanco y empezó a comer sus carbohidratos.

¿En qué consiste la dieta carnívora? En aceptar que las verduras no son tan beneficiosas como creemos, pues poseen mecanismos de defensa que nos pueden dañar.

Esta dieta es una variante extrema de la dieta cetogénica. Aunque llevaba años de práctica en el ostracismo, la popularizó en Estados Unidos hace relativamente poco el psicólogo canadiense Jordan Peterson, un adalid de lo políticamente incorrecto (que hace poco fue entrevistado por Cayetana Álvarez de Toledo en España) que observó cómo su hija Mikhaila, que padeció artritis, artrosis y fue operada varias veces en su niñez y adolescencia, se empezó a encontrar mejor por primera vez en décadas cuando dejó de comer carbohidratos y azúcares, y a curarse cuando dejó de comer verdura para comer exclusivamente carne. Peterson, aquejado de ansiedad y depresión congénitas, también reportó una gran mejora en su salud mental al seguir esta dieta. 

Argumentos carnívoros contra verdura y legumbres

Nadie quiere ser comido. Las gacelas corren, los monos saltan, ¿cómo se defiende una planta? Mediante procesos químicos que nos indigestan. Ese sabor amargo de muchas verduras tiene que ver con los antinutrientes que éstas generan. Pongamos un ejemplo:

Si cortamos un trozo de brócoli, éste segregará una sustancia llamada sulforafano, diseñada para matar pequeños insectos. Si comemos unas espinacas, tomaremos con ellas una pequeña cantidad de oxalatos, que en grandes cantidades podrían matarnos. Comiendo legumbres tomamos ácido fítico que impide la absorción de hierro, calcio y magnesio, entre otros.

Nuestro cuerpo es fuerte y obviamente no se ve afectado por esto, pero tomar estas sustancias todos los días o en grandes cantidades sí podría influir en nuestro metabolismo. Comer verdura de forma ocasional funciona como vacuna (pues nuestro cuerpo se fortalece ante el estrés de los antinutrientes que generan para no ser comidas), pero tomarla frecuentemente puede rebajar la absorción de los nutrientes de otras comidas y afectar a nuestra salud.

No es raro que a alguien le cueste digerir la verdura o se sienta hinchado después de comerla. Científicos como el doctor en medicina Maelán Fontes avalan y explican este razonamiento.

Estreñimiento y vitaminas

Sustituir la verdura por casquería es una manera de suplementar las pocas deficiencias que puedan surgir en una dieta carnívora, ya que, por ejemplo, el hígado y los sesos tienen vitaminas.

Si tuviéramos como fuente de energía el azúcar necesitaríamos más vitaminas, pues algunas de ellas (como Vitamina C) compiten con la glucosa por metabolizarse y absorberse. El doctor en Medicina Chris Masterjohn demostró que, si usamos el azúcar como fuente de energía, necesitamos mucha más vitamina B1 que usando la grasa como combustible vital. Resumiendo: la carne hace que necesitemos menos vitaminas, porque absorbemos más.

Según un estudio realizado por el doctor Paul Mason en su conferencia “From fibre to the microbiome: low carb gut health”, la fibra no previene en absoluto el estreñimiento, sino que lo empeora. Una vez nuestro cuerpo está adaptado a comer exclusivamente grasa, la digiere mucho mejor y las posibilidades de estreñimiento o hinchazón abdominal son menores que comiendo verdura o carbohidratos.

Pros y contras

Además de ser generalmente más cara y aburrida, la dieta carnívora no es para todo el mundo. El propio Jordan Peterson, mencionado al principio del apartado, advierte que esta dieta “no es para todo el mundo”. Todo depende de cómo responda nuestro cuerpo, igual que con sustancias como la lactosa o el gluten. Nuestros genes tienen la respuesta y los problemas de salud que ya tengamos deben influir en este tipo de decisiones.

En cuanto a beneficios, sumamos los de la dieta cetogénica a la de la exclusión de los antinutrientes que tienen las plantas. El caso de Jordan Peterson y su hija Mikhaila es paradigmático, pero pueden observarse muchos más en la web meatheals.com (en inglés).

En la última entrega de Grasofobia explicaremos el origen político de la aversión a las grasas.

*El autor del presente artículo no es médico y fundamenta sus escritos en experiencia propia, biología y estudios científicos. En ningún caso se debe hacer un cambio drástico en la dieta sin consultar antes con su médico.