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Continuamos con la serie “Grasofobia”, en esta ocasión para alertar de los peligros inmediatos del azúcar. Dado que el adjetivo “tóxico” está de moda y se usa rematadamente mal (“relación tóxica”, “discurso tóxico”, como si la gente nos inyectara matarratas con sus palabras) usaremos esta palabra con propiedad para introducir el tema.

Lo políticamente incorrecto tiene brazos en todos los ámbitos de la vida cotidiana, incluida la ciencia. Hay diferentes tendencias, corrientes y opiniones en todos los campos del saber, y la nutrición no iba a ser una excepción. El doctor Robert Lustig, de la Universidad de California, es uno de tantos médicos que ha emprendido una cruzada contra el problema del consumo de azúcar, el cual ha sido eclipsado por el supuesto problema del consumo de grasa saturada. Nos basaremos en algunas de sus conclusiones y estudios en este artículo.

Efectos del azúcar a corto plazo: inflamación

¿Tomaría usted alcohol todos los días? Si lo hace, al menos conoce los efectos a corto y largo plazo de su consumo abusivo.

De la misma manera ¿tomaría usted azúcar y carbohidratos refinados a diario? La gran mayoría de la gente no solamente los toma, sino que vive de ellos y no conoce su toxicidad. Suele conocer una de las consecuencias a largo plazo (diabetes) y no tiene idea de qué síntomas a corto plazo provocan.

¿Qué sucede en nuestro cuerpo tras el consumo diario y excesivo de azúcar y carbohidratos refinados?

Engordar no es la única consecuencia. Si consumimos diariamente estos productos, creamos una inflamación de nuestro cuerpo a través de un proceso corporal, que es el aumento de histamina. El exceso de histamina es como un veneno: nos debilita, hincha nuestras extremidades (sobre todo las falanges de los dedos, muy cerca de las uñas) y puede causar somnolencia, cansancio, rigidez en las articulaciones, congestión y excesiva producción de mucosa. Si esta condición se sostiene de forma continuada, puede facilitar o incluso motivar la aparición de cáncer, porque éste suele aparecer o migrar a las zonas inflamadas de nuestro cuerpo.¹

“Hijo, ¿quieres una cerveza?”

Veamos por encima algunos tipos de azúcares para poder entenderlo.

Empecemos por la fructosa, que es un azúcar presente en las frutas y generalmente se usa para hacer otros azúcares artificiales. Este azúcar es inútil: nuestro cuerpo no usa la fructosa como fuente de energía, prefiere la glucosa (que sale de los almidones) o las cetonas (energía que sale de la quema de grasa). El consumo excesivo de fructosa lleva primeramente a sobrepeso, después a obesidad y finalmente a desarrollar diabetes e hígado graso no alcohólico.

¿Le daría usted una cerveza a su hijo? Pues a efectos prácticos dejar que tome productos refinados con fructosa todas las semanas es casi lo mismo. Tanto el alcohol como la fructosa se metabolizan en el hígado porque nuestro cuerpo las trata como toxinas, no como nutrientes, y además estimulan las enzimas de producción de grasa. La “barriga cervecera” y la “tripa Coca Cola” son dos caras de la misma moneda.

Jarabe de maíz de alta fructosa

La forma de azúcar más venenosa y artificial que nos podemos encontrar. El jarabe de maíz de alta fructosa es el “nutriente” (o antinutriente, más bien) que más inflamación, picos de insulina y síntomas arriba citados provoca.
Miren el dorso de los envoltorios de los productos y podrán atestiguar que han estado comiendo productos con este aditivo durante toda su vida. En gusanitos, ganchitos, bebidas con gas, zumos, dulces prefabricados y muchos otros productos nos podemos encontrar este compuesto. “Un atentado contra nuestro cuerpo en cada barrita” sería el eslogan que puede resumir el efecto de este compuesto artificial en nuestro metabolismo. Más de la mitad del azúcar de este producto es fructosa.

Azúcar natural en fruta

La mayoría de la gente ha pasado años, cuando no décadas, tomando fructosa y jarabe de maíz todas las semanas, incluso varias veces al día. Reducir el consumo de azúcares y carbohidratos refinados al mínimo es la solución más viable para evitar complicaciones de salud…pero esto no es suficiente.

¿Qué sucede con la fruta?

La fruta contiene nutrientes importantes para el cuerpo humano, no es malo consumirla esporádicamente. Comerse una manzana, por ejemplo, nos aporta fructosa, pero la fibra que tiene este alimento es lo que reduce la absorción intestinal de este azúcar. La fructosa de la fruta viene compensada por la fibra que ya está presente en la misma. La naturaleza no es tonta: nos da todo lo que necesitamos, el error es humano por separar y refinar sus productos.

Olvídense, sin embargo, de los zumos de fruta, igual que se olvidarían de comer cuatro manzanas seguidas. Un zumo se compone de la fructosa (sin fibra) de varias piezas de fruta que no nos comeríamos de golpe, por lo que no hay manera de reducir el efecto pernicioso de la fructosa que contiene.

España es un paliativo: jamón como solución

Gracias a Dios vivimos en España. Créanme cuando digo que ninguno de estos problemas aparecen por consumo de jamón. Como ya dije en la anterior entrega, el consumo de grasa no solamente no es malo, sino que es deseable para poder evitar los productos que hemos citado en este artículo, evitando así sus consecuencias. Además, la grasa sacia de tal forma que es muy difícil consumirla de forma excesiva, al contrario que el azúcar.

Hagan el sacrificio por su salud: cuando quieran un zumo de naranja lleno de fructosa o esos ganchitos hechos con jarabe de maíz, coman un buen pedazo de jamón ibérico al corte. Vivirán más.

*El autor del presente artículo no es médico y fundamenta sus escritos en experiencia propia, biología y estudios científicos. En ningún caso se debe hacer un cambio drástico en la dieta sin consultar antes con su médico.

¹ https://scienceblog.cancerresearchuk.org/2013/02/01/feeling-the-heat-the-link-between-inflammation-and-cancer/

Grasofobia