conflicto catalán no existe

La mochila de barbaridades que arrastra Pedro Sánchez es un pozo sin fondo. A la preocupante simpatía con el autoritarismo, desde el pasado 20 de diciembre, se suma una estúpida e inútil complicidad con el discurso del independentismo golpista que ahora representa el valido de Carlos Puigdemont, el neonazi Joaquín Torra.

A Sánchez le trasladan desde la cárcel de Lledoners -vía Iceta- que Junqueras ha ordenado apoyar los presupuestos para mantener algo más el gobierno socialista, algo que parece difícil puesto que Elisenda Paluzie -o lo que es lo mismo, Jordi Sánchez– no está por la vía autonomista que defiende ERC como única vía posible para obtener el indulto. Así que, sobrado y prepotente como siempre, don Plagio decide meterse la Constitución por el culo e implorar a Torra sus votos para alargar la Legislatura, a cambio de recibirle en el Palacio de Pedralbes como a un jefe de Estado y algo más.

El presidente de la Generalidad es asquerosamente racista, supremacista las 24 horas del día, torpe en buena parte de ellas, y repugnante casi siempre. Sin embargo, no es idiota. No quiere ir a la cárcel y tampoco ser un traidor (a diferencia de Pedro Sánchez, a quien no le importa en absoluto serlo). Así que, sin cesión alguna, «sense un pas enrere», a cambio de un pasillo franco de abucheos, ha conseguido tres objetivos: la foto de la tan ansiada “bilateralidad con España”, borrar la Constitución del comunicado conjunto, y convertir el golpe de Estado en un conflicto político. No es tan escaso el botín. Desde luego, más que suficiente para la masa independentista, ansiosa de simbolismos.

Menos ha cosechado don Plagio. Nada, salvo una fría sensación de haber hecho un espantoso ridículo. Al final, va a resultar que el vanidoso Pedro Sánchez, el más listo de todos, es uno de esos idiotas que todavía cree en el diálogo con los golpistas; que no se entera que diálogo, en «catinde», significa impunidad; que negociar es otorgar privilegios.

El “conflicto catalán” no existe, idiota.