Charlando con mi querido padre

Anoche quise llorar y no pude, mi congoja era tal que mi ahogo fue tan grande que deseaba que estuviese mi querido padre a mi lado, puesto que era él que me daba consejos cuando yo los precisaba, eran tiempos difíciles , mi juventud empezaba a irse de aquellos pensamientos que teníamos  muchos jóvenes. Mi padre no era amigo mío, como dicen ahora muchos hijos, mi padre era solamente mi padre, ya que yo pensaba que un amigo no sabía para nada de dar consejos como los de un padre y vaya si me los dio  hasta que le llegó su muerte. Esa noche que no pude dormir ha sido el día después de la nochebuena. Nada más que empezaba a dormitar y mis ojos ce cerraron, me pareció que estaba durmiendo con mi progenitor y como si fuese aún pequeño, empezó a charlar conmigo.

Hablamos de todo, pero el, me insistía, no sé porque dialogar con la política  con mi padre nos era gustoso por delante de todo. Me dijo: Pepín—así me llamaba—supongo que tendrás más  nietos, ¿verdad? Además de los seis que tú conociste tengo otros siete que no conoces, además de una biznieta adorable y muy pizpireta. Tanto mis hijos, nietos y está mi primera biznieta, están lindísimos. Oye Pepín, sigues trabando en lo mismo, si Papá,  pero ya me he jubilado después de estar cincuenta años trabajando interrumpidamente. Después de la transición la política ha ido desmembrando a la España que tú conociste. Después de  Adolfo Suarez  que conociste, hemos tenido altas y bajas en cuanto a Presidentes, pero si te quiero hablar de los dos últimos de PSOE, aunque entre estos dos hubo otro del PP, este partido ha cambiado por aquél que tú conociste con el nombre de Alianza Popular.

¿Te acuerdas?, pues claro que sí, de aquél que se llamaba Fraga —mi padre me seguía hablando— pues claro que me acuerdo, este fue el que rotuló por toda España diciendo aquello de “veinticinco años de Paz” y creo recordar que se bañó en una playa llamada Palomares, esta playa era la que cayó en sus aguas varias bombas produciendo radioactividad, por eso se bañó, creo recordar con el embajador americano para hacer ver que no había radiactividad alguna. Oye Pepín, cuéntame que hicieron aquellos dos del PSOE. Pues mira Papá, el primero mejor no hablar de él, pero si hiso una cosa muy buena para él, le regalaron por los servicios prestados a España, el nombramiento de Consejero del Estado de España con un sueldo cercano o pasado de 100.000 euros, ¿joder!, exclamó mi padre, me quedé sin aliento cuando dijo la palabra, joder. No me sorprendo para nada, ya que yo hubiese dicho otra palabra más podrida, y no un eufemismo inocente como el que exclamó mi querido padre.

No olvides el segundo Presidente. Papá, ¿para que lo quieres saber? Para saber cómo está España después de aquélla proclamación de aquellos veinticinco años de paz. Pues mira Papá: me estoy meando y no desea mearme en los pantalones como si fuese un niño. Cataluña está en guerra con el resto de España, espera un poco, me dijo mi padre, ¿pero no eran las vascongadas con aquello de la ETA la que estaba en pie de guerra? Aquello se apaciguó por el momento—le seguía diciendo yo— pero ahora es Cataluña la quiere separarse de España, no quieren ser españoles…hijos de p…exclamó mi padre. ¡Papá! no digas eso, no Pepín es en sentido coloquial. Todo esto no tiene sentido.  El tal Presidente es un novato en todo: mira, por el momento y por novedad, es Presidente si haberlo votado el pueblo español, ¡joder! con el novato, me dijo mi padre—le gustan los aviones, ahora mismo está de vacaciones en dos  mansiones o palacios en las marismas y después a las Canarias en Lanzarote, échale lo que le gustan los aviones, mira si le gusta el avión que cogió uno para ir de Madrid, cogiendo dos aviones cuando pudo ir en el AVE. Mi padre como es muy curioso me dijo: ¿y cuando gobierna este novato?, déjalo Papá, para eso tiene unos buenos ministros y asesores, está como los reyes en su palacio y pensando lo que va a hacer mañana. No me cuentes más, te dejo que van a pasar lista y no quiero faltar. Además yo también me estoy meando. Nos dimos un beso y un abrazo y conforme se iba alejando se difuminaba su figura hasta perderse en la lejanía y cuando desapareció  me acordé de decirle  una cosa de este novato, le iba a decir que a este le llaman en muchos partes de nuestra España, el okupa. Cuando me desperté  ya no estaba mi padre en la cama. Aprecié un frio de cintura hacía abajo, cosa que adiviné cuando iba para el cuarto de baño. Como si fuera un niño y cuando llegaba este día de la navidad, antes de dormirme por segunda vez, dije estas palabras, feliz Navidad Papá.