Aquí uno se muere de veras

Reproducimos una anécdota recogida en el semanario El Ruedo, en uno de sus números del año 1957 y que hemos titulado Aquí uno se muere de veras. Dice así la anécdota:

<<A costa de los toreros, tanto de los antiguos como de los modernos, y sin que los mismos pongan a veces otra cosa que su mayor o menor celebridad, se han hecho tantos relatos, graciosos los unos y desquiciadas los otros, que el género anecdótico es de los más difíciles de justificar, y mucho más si se tiene en cuenta que una misma cosa se suele atribuir con frecuencia a diferentes personajes.

Decimos esto a propósito de la anécdota que pasamos a referir:

En la era fernandina, presenciaba una corrida de toros el célebre actor Isidoro Máiquez, quien a voz en grito pedía a «Curro Guillén» que se arrimara más de lo que hacía, cosa que a juicio del torero habría sido una temeridad que no estaba dispuesto a llevar a cabo.

Insistía Máiquez en su demanda, y el diestro, en un momento de respiro, se encaró con él para decirle:

— Es que torear no es hacer comedias. Aquí, cuando se muere, es de veras, y no como en el teatro.

Pues bien, esto mismo ha sido atribuido a otros toreros famosos y a otros actores teatrales>>.