acentuada estupidez

Este último fin de semana estuve en una de esas comidas tan acostumbradas por estas fechas en las que la Navidad reblandece nuestros corazones. Estuve con viejos amigos de los de toda la vida. Tuve que trasladarme a una ciudad diferente a la que resido pero en la que también viví en otros tiempos. Llegamos al restaurante elegido a las catorce horas; comimos y bebimos y bebimos y comimos pero sobre todo charlamos, nos reímos y nos emocionamos. Una de las grandes virtudes de las buenas personas, los que estaban conmigo lo son, es que siempre olvidaran lo malo para a su vez engrandecer lo que fue regular y sobre todo, lo bueno. A las dieciocho horas, cuatro horas después del inicio y cuando ya pensaba en mi retirada, el camino de vuelta era largo, mi vejiga comenzó a alarmarse. Tras preguntar al anfitrión la localización del lugar para el necesario desagüe; naturalmente, estaba en su sitio, el de siempre, al fondo a la derecha, me fui en su búsqueda.

Tras una larga caminata desde la mesa en la terraza exterior y cruzar todo el restaurante que es muy grande, llegué al servicio. Una señora mayor y una pareja más joven, mantenían una relajada conversación frente a la puerta del mismo. Al intentar entrar y desde la misma puerta, veo a un camarero, el uniforme lo delataba, faenando con una fregona, a la vez que el varón de la pareja mencionada ahora a mi espalda, me hace saber que estaban esperando para entrar el servicio. Además me informó que el camarero en cuestión lo estaba adecentando porque al parecer se había producido un “derrame”. Di media vuelta y me situé al lado del grupo para observar junto a ellos, la labor del camarero polifacético. Estaba actuando en el distribuidor que da acceso al servicio de caballeros a la izquierda y al de señoras al frente. Era un espectáculo ver como utilizaba la fregona el mencionado operario. Introdujo el mocho en el cubo de agua para a continuación exprimirlo como si de un autentico ritual se tratara. Fregona y operario eran un solo cuerpo. Los movimientos totalmente acompasados, desde la última fibra del mocho hasta el punto más alejado de su cuerpo. Esta misma operación la repitió dos veces más antes de volver a pasar la fregona por el suelo, enjuaga-exprime, enjuaga-exprime. Una vez en el suelo, siguió con el mismo rito, parecía un pintor deslizando su artístico pincel sobre un lienzo, muy convencido de la obra de arte que estaba brotando de sus manos. Si artísticas eran las pinceladas sobre el espacio abierto, aún eran más artísticas cuando “el pincel” llegaba a cada uno de los cuatro rincones del distribuidor que por ser lugares de más difícil acceso, dio lugar a un ligero cambio en el rítmico movimiento. Repasada toda la extensión del distribuidor, repitió la misma operación otras dos veces más y hasta un total de tres, desde que yo me incorporé al espectáculo… La emoción, ante tan sorprendente expresión artística no dejaba de aumentar entre los presentes.

Tras repetir nuevamente, el artístico manejo del mocho sobre el escurridor como en anteriores ocasiones, esta vez se fue a continuar su obra al servicio de señoras, situado al fondo y que se prolongaba hacia la izquierda por lo que perdimos la vista de tan grandioso espectáculo. Momento que mi hinchada vejiga me devolvió a la realidad y aproveché para dirigirme al polifacético y artístico camarero “Oiga, no puedo aguantar más, voy a entrar en el servicio de caballeros” me hice oír a la vez que ponía pié en el distribuidor que ya estaba limpio al igual que el servicio de caballeros. Situación que aprovechó el señor que estaba con la joven, pelando la pava, para increparme, quizás buscando un mayor reconocimiento de su pareja “No ve usted que ese hombre está trabajando, usted no puede faltarle el respeto a ese trabajador, además que yo estoy antes”. “Entre usted” le ofrecí y le insistí “pero usted podría haber hecho lo mismo que acabo de hacer yo” seguramente pensaba que yo me iba a oponer a que él entrara antes que yo. Mi respuesta y el hecho de que yo le cediera el paso y tras mi actuación que franqueó la entrada al servicio, tocó su amor propio “Parece mentira, con la edad que tiene (es verdad que tengo el pelo blanco pero como mucho una generación más que mi interlocutor) como le falta el respeto a un hombre que está trabajando” (ese señor no lo sabrá nunca, pero mi edad va en relación a mi mucha experiencia, y esta experiencia dio lugar a que allí no se formara el dos de mayo). “No mire; yo he venido a un restaurante bueno y caro y por ello este restaurante, para el que trabaja el señor de la fregona, además de porque la ley le obliga, debe tener un servicio para los clientes operativo en todo momento” (en ese momento, el operario recogió la fregona y salió huyendo, sabedor de que el jefe lo había mandado a solucionar y no a que ocasionara un problema mayor) ¡Va a entrar usted o entro yo! Entró. A continuación y en mi nueva espera cogieron el testigo del “caballero andante” y con muchas más ganas de guerra, las dos señoras que al parecer ni siquiera tenían intención de utilizar el servicio, a las que el “quite de mi indiferencia” dejó acalladas. Cuando salí de desaguar, no había nadie en la puerta.

En una cosa llevaba razón el señor de más o menos una generación posterior a la mía y protagonista de esta situación; La gente de mi edad, cuando tuvimos su edad, los mismos que situamos a España como séptima potencia del mundo en cuanto a lo económico y en cuanto a lo social; ni perdíamos el tiempo ni nos deleitábamos contemplando “el sublime movimiento de una fregona”.

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Faustino
Terminadas mi obligaciones genéticas; lo de cultivar los arboles, garantizar la continuidad de la especie y escribir un libro(este lo tengo escrito aunque no publicado) me dedico a darle voz a todo lo que me descuadra en mi rededor, muy especialmente la falta de justicia en su mas alto concepto. Cuando no lo hago se me aparece mi padre y me recuerda que "nunca se ha escrito nada de ningún cobarde" como apenas puedo dar voz, escribo pequeños textos para intentar suplir "mi afonía" y ademas me esfuerzo intentando que lleguen a la gente. Tengo infinidad de escritos publicados en "círculos menores" He sido pregonero de la Semana Santa de mi ciudad, Tomares. Mi blog personal es Incorrectamente Politico, encabezado por una foto de George Orwell y su mas famosa frase: Periodismo es publicar aquello que alguien no quiere que publiques, todo lo demás son relaciones publicas.