Momento en el que comenzó el linchamiento

La noticia es terrible

La noticia que he leído esta mañana en elmundo.es, es de esas que te dejan totalmente impactado y estupefacto, es terrible. Los hechos suceden en México, en la ciudad de Acatlán y comienza por un mensaje, un bulo que circulaba por Whats App y que decía lo siguiente:

Por favor, todos estén alerta porque una plaga de secuestradores de niños entró en el país. Al parecer, estos criminales están involucrados en el tráfico de órganos… En los últimos días, desaparecieron niños de 4, 8 y 14 años, y algunos fueron encontrados muertos y con signos de que se les habían extirpado órganos. Sus abdómenes habían sido abiertos y estaban vacíos

El mensaje en cuestión llevaba días circulando por todo México y había provocado en la gente un estado de paranoia tal, que les hacía ver a los traficantes de órganos por todas partes.

Un agricultor, Alberto de 53 años, y su sobrino Ricardo, de 21 y estudiante de derecho, se dirigieron a la ciudad de Acatlán a comprar materiales para construir un pozo. Ya en la ciudad aparcaron su camioneta cerca de la escuela, ahí empezó todo. Al ver que habían estacionado en ese lugar, varios vecinos les acorralaron preguntando quiénes eran y por qué estacionaban allí.

La policía, alertada y para evitar males mayores, decidió detenerles por alteración del orden y para proteger a tío y sobrino. Eso fue ya suficiente para que la gente pensara que de verdad eran los responsables del tráfico de órganos del mensaje de Whats App, los “robachicos”, como ellos decían.

Asalto a la comisaría

En pocos minutos la noticia de la detención de los supuestos robachicos había recorrido todo Acatlán y provocó que un gran número de personas se agolpara a las puertas de la comisaría pidiendo justicia y que se les dejara actuar contra los supuestos delincuentes. Circulaban mensajes por redes sociales reclamando que la gente acudiera a las puertas de la comisaría para “hacer justicia”.

A pesar de los esfuerzos de la policía que intentaban explicar que los detenidos no eran secuestradores, la gente no les creyó. Es más, un individuó trepó al campanario de la iglesia e hizo doblar las campanas diciendo que la policía pretendía dejar libres a los “robaniños”. La multitud compró gasolina y se hicieron palos, sogas, barras de metal y otras herramientas.

Finalmente lograron asaltar la comisaría y sacaron a los dos pobres hombres como si fueran un trofeo. Comenzaron a golpearles con violencia mientras les conducían a la plaza del pueblo. Allí, a modo de ejecución pública, les rociaron de gasolina mientras seguían golpeándolos. Les prendieron fuego, el sobrino tuvo la suerte de desmayarse debido a los golpes pero el tío no. Finalmente les mataron quemándoles vivos y retransmitieron la salvaje ejecución por Facebook. Era mentira, ellos no eran los “robaniños”, los “robaniños” ni siquiera existían.

¿En qué mundo vivimos?

Siempre me han llamado la atención las bandas de “justicieros” y “fariseos”. Esos que se arremolinan alrededor de las puertas de un juzgado para insultar y atacar al político de turno, o al delincuente, mientras es conducido al juzgado o al calabozo. Esa gente que insulta e intenta agredir como si fueran ellos los afectados en primera persona o se erigieran en jueces que decidieran la justicia a impartir al delincuente. Esos que están libres de pecado y que son los primeros en acudir a tirar la primera piedra.

Lo de las masa enloquecidas sin ningún tipo de racionalidad y con sed de venganza ha sucedido toda la vida. Pero ahora con las redes sociales y los mensajes falsos, mucho más. Gente que se toma la justicia por su mano, que no investiga, ni le preocupa investigar lo sucedido, y cuya alteración mental puede llegar a extremos como el que se llegó en este pueblo de México.

Auténticos animales sin cerebro movilizados por lo que ven en Facebook o Whats App y que, sin más, deciden linchar y ejecutar a dos personas. Podríamos pensar que con el paso del tiempo evolucionamos a mejor. La tecnología, los adelantos, pero no es así, esto va de mal en peor. Cada vez nos estamos convirtiendo más en unos seres completamente irracionales que damos más credibilidad a lo que nos llegue por el móvil que llevamos en nuestras manos que a lo que nos indique nuestro propio cerebro. Cerebro que cada vez funciona peor. Esta salvajada es una gran evidencia de ello.