trump

En uno de sus dos editoriales del ABC de este domingo día 4, he leído el anunciado del editorial titulado lo que no se cuenta de Trump. “Algunos de los datos económicos que arroja la primera potencia mundial son extraordinarios. Su PIB subió a un ritmo anual del 3,5 por ciento en el tercer trimestre, tras aumentar más de un 4 por ciento en el segundo, de modo que Trump cumplirá su promesa de cerrar el ejercicio con un crecimiento superior al 3 por ciento. Y si el avance de la economía es sólido, la buena salud del mercado laboral es aún mayor, ya que la tasa de paro se situó en el 3,7 por ciento en octubre, la más baja en casi medio siglo. Estados Unidos goza de pleno empleo, y lo mejor de todo es que los sueldos suben más de un 3 por ciento, algo no visto desde 2009”.

Todo esto es materia económica, financiera, trabajo y de empleo. Todo esto es lo que necesita, esencialmente el habitante de a pie. Sigo garabateando a continuación unos de los enunciados últimos de este editorial que dice. “Asimismo, criticar a Trump por proteger sus fronteras de la entrada masiva de inmigrantes irregulares, del mismo modo que hacen otros muchos países, es de una demagogia evidente. Al igual que se censuran sus múltiples errores, es de justicia destacar también sus aciertos”.

La política no todo es bonhomía, es su equilibrio. También hay que proteger sus costumbres, seguir con sus anhelos de nación y no dejar ultrajar sus banderas. Y, como no empezar por las inmigraciones masivas que no sabemos cómo se pueden dejar entrar a ciudadanos de otros países, los cuales no sabemos, en muchos casos, las preferencias que pueden tener una vez dentro de esas naciones, como la nuestra, que de vez en cuando estamos viendo que no huyen de la miseria, aunque de todo hay en la viña del Señor. De ahí a esa bonhomía que con tanta generosidad y estipendio que se le dan hay un abismo, el cual descompensaría a los nativos, cosa que seguro hubiese pasado si los sudamericanos con ese éxodo masivo hubiesen entrado en la tierra prometida. En vez de murmurar a los países de entrada se silencian a los países de salida. Que si, Trump, que sí, trata…tramp.

Se comprende las razones de estos necesitados tener una mejor vida. Sin embargo, hay que comprender los valores adquiridos a través de los años y si se me apura de los siglos de estas naciones cuya supremacía, primero darle de comer al hambriento que tienes en tu casa. Si no los admites, dicen que eres maldito, insolidario e inhumano y si los aceptas dejas a tus vecinos hermanos en penurias y vejaciones de todo tipo, aún más que posiblemente tendríamos que lamentarlo. Ahí tienes a su Trump, que sí, trata…tan. Hay por ahí un escrito que dice “Un buenista defiende a rajatabla los derechos de las minorías e inmigrantes. Eso, en principio, no tiene nada de malo, todo lo contrario. Pero un buenista es tan buenista, que es capaz de aceptar las barrabasadas y prácticas reprochables de los inmigrantes, en pleno siglo XXI, en vez de defender las propias convicciones de la cultura anfitriona”.