No es la primera vez que escribo (ni creo que sea la última, si no aparecen circunstancias adversas que lo impidan) sobre el político Alberto Carlos Rivera Díaz, un catalán sinuoso que preside el partido llamado “Ciudadanos”. Concretamente han sido diecisiete veces, con esta, las que me he ocupado del personaje político más cambiante del panorama actual. Hay que recordar que sus comienzos fueron (de acuerdo con la hoja de afiliación firmada por él con el aval de dos militantes) en “Nuevas Generaciones del PP” catalán desde septiembre de 2002 hasta abril de 2006, fecha en que solicitó su baja.

Muy poco tiempo después (la cosa se vendría gestando “bajo cuerda”) apareció presidiendo Ciudadanos. Desde ese nuevo partido ha tenido tantos vaivenes que se puede decir sin riesgo de equivocarse que es un hombre de “criterios volubles” según el viento que sople. Ha tratado de adherirse a las ideas de PSOE y de Podemos cuando lo ha creído oportuno, en defensa de sus “sus intereses”; incluso estuvo a punto de firmar una alianza con ellos; y ha sostenido a Susana Díaz en esta legislatura, aunque después ha “desconectado” a partir de la convocatoria de elecciones andaluzas.

En su día criticó que se aplicara el artículo 155 en Cataluña (ver las hemerotecas) aunque luego lo desmintió. Y fue pieza fundamental en el voto censura contra Rajoy a quien faltó al respeto en varias ocasiones. Ahora cuando más falta hace que VOX, Ciudadanos y PP luchen juntos por el bien de España, da un respiro al PSOE en el asunto de los presupuestos.

Sinceramente no me fío ni un pelo de Rivera. Creo que ha engañado a todos y es altamente insolidario. Aunque se engaña a sí mismo, porque muchos de los que últimamente lo han votado, a estas horas estarán preparando su regreso al más congruente “lugar de origen”.