lopetegui

A veces tanto en la vida y en el fútbol estar en el lugar equivocado en el momento equivocado puede ser determinante. Visto lo que le ha ocurrido a Julen Lopetegui en el Real Madrid bien podría ser esa la tesis de su historia y trayectoria deportiva en los últimos compases. No solamente le ha tocado perder, también le ha tocado ser a todas luces el culpable de su fracaso y del fatídico inicio de temporada del Madrid. Lo más gracioso es que nadie le dio un soplo en un ojo salvo sus jugadores, todo han sido críticas, denuestos, y vilipendio s constantes fundamentalmente por parte de la prensa más sensacionalista; esa suerte de canallesca para el que solo existe una ley: la del resultado. Ya desde la Supercopa de Europa el ex entrenador del Real Madrid estaba avisado de lo que le podía ocurrir si algo iba mal. Cuando cayó su equipo frente al Atlético de Madrid la prensa hizo un breve amago de linchamiento futbolístico: su equipo había jugado fantásticamente bien durante sesenta minutos, desplomándose al final del partido y en la prórroga con algunos fallos individuales en defensa (que luego volverían a aparecer). Al parecer para la prensa el partido del Madrid había sido un auténtico desastre era ya un equipo con unos agujeros negros tremendos y la temporada no había hecho más que empezar. El amago negro legendario contra el entrenador ya se había producido. Y es que Lopetegui siempre estuvo bajo sospecha, durante los dos meses de competición en los que dirigió a su equipo jamás recibió públicamente aliento de ninguno de los directivos del Real Madrid, mucho menos de su presidente. En esos despachos de Concha Espina están muy acostumbrados a lanzar los entrenadores a los leones a las primeras de cambio, algo que debió sopesar y quizá sopesó Lopetegui. El caso es que a él le merecía la pena, era la gran oportunidad de su vida y el tren no iba a pasar dos veces, tenía que subirse sí o sí, Aun sabiendo que quien le contrataba era de esos que pone una vela a Dios y otra al diablo.

En su salida de la selección ya fue anatemizado por algunos periodistas que quisieron señalarle falsamente como culpable de una situación que él no había provocado y que era inevitable; el Real Madrid le esperaba, pero él estaba dispuesto a ser entrenador de la selección española hasta que terminara el mundial y a afrontar con ilusión el tramo final de un proyecto cuyas riendas había tomado durante mucho tiempo. Se topó con un presidente de la Federación que no se atuvo a razones y que hizo pagar a justos por pecadores, un sentimental que creyó aquello de: “tener razones significa tener razón”. Lopetegui fue fulminado, la selección quedó sin entrenador, fracasó estrepitosamente en el mundial y para media España el nuevo entrenador del Real Madrid era el chivo expiatorio. Después del varapalo, Lopetegui fue acogido con un gran cariño institucional en el Madrid, no sabía aun lo que le depararía un futuro muy cercano.

Comienza la temporada después de la derrota en la Supercopa y el Madrid empieza a dar muy buenas sensaciones, no solo gana, sino que además juega muy bien al fútbol. Mantiene algunos errores individuales en defensa (que serían la tumba del técnico) pero las sensaciones en el juego son difícilmente mejorables. El Madrid apunta grandes cosas, tras su victoria en Champions frente a la Roma en el Bernabéu se habla de un Real Madrid con un juego estelar como hacía muchos años que no se veía en el Bernabéu.

Pero a veces el Universo conspira y existen muchos factores no controlables que pueden volverse en nuestra contra. Todos esos factores hicieron acto inmisericorde de presencia: comienzan a lesionarse, uno tras otro, jugadores fundamentales, los errores individuales en el capítulo defensivo se cuentan por goles en contra, el ataque del Madrid empieza a quedarse sin pólvora con una media de tres balones al palo por partido acumulando casi cuatro partidos sin marcar. Afloran todas las debilidades y empiezan a desaparecer las fortalezas. En un corto espacio de tiempo (apenas tres semanas) las cosas habían dejado de funcionar. El magnífico equipo que apuntaba ser el Real Madrid había desaparecido. Sobre el entrenador planeaba la sombra de la destitución y tenía que ir a jugarse su continuidad nada menos que al Camp Nou con un Barça líder que, aun no pudiendo contar con Messi, se sentía ganador viendo como su gran rival llegaba tiritando al clásico. No es que el Real Madrid llegara al Camp Nou con dudas, llegó en la peor situación posible para afrontar una batalla de ese calibre; lo hizo sin ningún tipo de certezas. Necesitaba que la Providencia le echara una mano, pero al parecer la suerte estaba echada. El entrenador tampoco anda lúcido ese día: tira de galones y veteranía para hacer la alineación y se olvida de que hacían falta jugadores muy enteros para el envite. El Madrid cae en Barcelona lo hace con más estrépito en el resultado que en el juego donde tuvo sus opciones de ganar, y el entrenador ya está condenado por un presidente megalómano de pulso pubescente. Al día siguiente por la noche el mismo presidente que le contrato a bombo y platillo diciéndole “aquí tienes tu casa”, le echaba de esa casa a través de un comunicado en una página web que apuntaba de manera sibilina al entrenador y echaba balones fuera de la directiva. Se ponía en marcha la coartada del chivo expiatorio para mantener una realidad que al parecer se mantiene incólume en el Real Madrid como institución: Florentino Pérez es el único hombre en el mundo del fútbol que jamás se ha equivocado, ni siquiera cuando vendió a su gran estrella Cristiano Ronaldo y dejó a la plantilla sin un referente claro en el ataque. Siempre se equivocan los demás. Esta tesis se tenía que seguir manteniendo a cualquier precio. Lopetegui tenía que caer, la gravedad del mundo del futbol y sus miserias así lo exigían.