La infanta Cristina e Iñaki Urdangarin

Publicado en el diario “El Mundo” por Esteban Urreiztieta

Esteban Urreiztieta publica en el día de hoy un interesante artículo sobre la vida de Iñaki Urdangarín en prisión. Según este artículo, Urdangarin, estaría atravesando por momentos de gran soledad en los que llega a pedir a los funcionarios que por favor le hablen “o se va a volver loco”.

Pasa el día haciendo mucho deporte. Tanto que los funcionarios de esa prisión afirman que lo hace hasta llegar a la extenuación física, algo que imaginan hará para “pensar lo menos posible”. En cuanto al momento por el que atraviesa su matrimonio con la infanta Cristina, Urrieiztieta afirma en su artículo que la hermana de Felipe VI no se habría llegado a plantear el divorcio en ningún momento.

Cristina habría estado convencida desde el primer día, tal y como se dice en el mencionado artículo, que su marido ingresaría en prisión porque el escándalo del caso Noos “exigía un sacrificio”. Y también se llega a quejar del linchamiento mediático al que, según ella, habrían sometido a su marido, llegando a afirmar que “su marido ya está en prisión, ¿qué más quieren?”

Los linchamientos públicos y la justicia

No me gustan los linchamientos públicos de nadie. Ni el de Iñaki Urdangarían, ni el de ninguna persona. Decía Hermann Hesse que “cuando odiamos a alguien, odiamos en su imagen algo que está dentro de nosotros”. Y eso es lo que yo creo de los fariseos que acuden a linchar públicamente a personajes como Urdangarín.

Pero estando convencido de eso, también he de reconocer que lo afirmado por la infanta, de ser cierto, es tremendamente injusto. Desconozco cuál ha sido el montante real que le habrían generado a su marido y a ella las irregularidades cometidas con Noos y Aizoon, pero sus quejas no son nada justas.

Urdangarín se ha aprovechado de su relación familiar con la Familia Real para otener pingües beneficios a costa del erario público. Nadie le ha obligado a hacerlo, lo ha hecho porque ha querido y porque se lo han permitido. Decir que su marido ya está en prisión y aquello de “qué más quieren” es incluso una afirmación infantil. Como cuando eramos niños y decíamos en casa que suspendíamos porque el profesor nos tenía manía.

Pareciéndome mal los linchamientos, me parecen igual de mal las personas que utilizan el victimismo para no asumir sus responsabilidades. Urdangarín ha sido juzgado y condenado y quizás no haya sido condenado en la medida que habría que haberle condenado por ser él quien era. Es víctima de él mismo, de su ambición desmedida y de su falta de cerebro, no de los demás.

 

Enlace directo al artículo de El Mundo: “La soledad de Iñaki Urdangarin: Habladme, por favor, que si no me voy a volver loco”