la mentira

Como introducción, voy a transcribir el significado que da nuestro Diccionario de la Lengua Española, en su primera acepción, a la palabra mentira: Exactamente dice que es “la expresión o manifestación contraria a lo que se sabe, se cree o se piensa”. E, igualmente, traigo a colación lo que dice el Catecismo de la Iglesia Católica: “la mentira consiste en decir falsedad con intención de engañar”.

Una vez conocidas estas dos versiones de la palabra mentira, quiero añadir que, para mí, es la piedra arrojadiza que se usa en la actualidad por una gran cantidad de personas, ya sean publicistas, medios de comunicación o políticos con fines poco serios, que llegan incluso al falso testimonio y al perjurio. Y posiblemente una de las mayores lacras que nos asola y termina endureciendo nuestras conciencias hasta límites insospechados. Si pudieran materializarse las mentiras en forma de humo para poder percibirlas con el sentido de la vista, contemplaríamos sin duda un ambiente tan enrarecido como los antiguos “salones para fumadores” de algunos casinos.

Estos son datos objetivos sobre los que no cabe discusión alguna, pero que podrían servirnos -al mismo tiempo- de acicate para cambiar el rumbo y reivindicar para el futuro el uso exclusivo de la verdad (que es lo que verdaderamente nos hace libres) mediante un gran acuerdo tácito en el que nos empeñáramos todos los españoles de buena voluntad volviendo a la senda de sobriedad y respeto tal como nos enseñaron nuestros mayores y aprendimos desde muy pequeños.