ilusiones

¿Cuántas veces has deseado que ocurra algo que nunca ocurrió?

Está demostrado que todo ser humano necesita un objetivo por el que vivir, un por qué, una finalidad, una causa, una motivación, una pizca de ilusión, llámalo como quieras. Nuestra existencia no es básicamente supervivencia biológica, sino también espiritual y psicológica.

Cuando una persona entra en decadencia o depresión, pueden ser muchos los factores que influyan en su estado, pero lo que está claro es que esto conlleva la falta de ilusión. La llama, nuestra llama, está casi, o del todo, apagada. Es en estos momentos cuando tenemos una visión periférica de nuestras ilusiones, las vemos desde otra perspectiva. Es el mejor estado para DARNOS CUENTA de aquello que hemos idealizado de forma inconsciente en nuestra mente.

Y es que mientras vivimos de forma cotidiana no nos damos cuenta de que vivimos por nuestras ilusiones, aunque estas sean básicas como poder cocinar nuestro plato de comida favorito para alguien especial o para nosotros mismos. Vivimos por y para esto.

En el otro polo están las ilusiones con bastante llama, las de largo tiempo. Tenemos ilusiones que arden y muchas veces, debido a su combustible, explotan. Aquí es donde quiero llegar, ¿es mejor vivir el día a día con pequeñas ilusiones básicas o recrearnos todo un mundo de ilusiones y planes de futuro que luego nunca se cumplen tal y como esperábamos?

Gloria Fuertes decía:

“¡Ojo con soñar!

Las ilusiones tienen más espinas que la realidad”