Compartimos una anécdota titulada ‘El picador caballeroso’ que, aunque no es muy taurina, si demuestra la fuerza, el poder social y la gran influencia de los toreros en otra época ya lejana. Os dejamos con la anécdota del picador caballeroso:
<<En el año 1834, huyendo del cólera, que hacía estragos en Madrid, fué a Francia, por Barcelona (a causa de la guerra carlista que ardía en el Norte), la condesa de Montijo, con sus hijas Paquita y Eugenia; en la misma diligencia (Los viajes de los toreros) hizo el viaje el famoso picador Francisco Sevilla, el cual tuvo para dicha dama todas las cortesías y atenciones durante el camino.

Al llegar a la Ciudad Condal, se anunció a los viajeros que, por venir de una zona infestada por dicha epidemia, tendrían que ser sometidos a cuarentena, excepto Sevilla, porque tenía que picar y era esperado con sumo interés; pero el generoso varilarguero desechó enérgicamente aquella excepción tan ventajosa para él, y exclamó:

— Si esta señora y demás compañeros de viaje no son admitidos a libre plática, yo correré su suerte y dejaré de picar en la corrida.

No hay que decir que el célebre piquero fue complacido, y así fué cómo la condesa de Montijo pudo seguir hacia París, con sus dos hijas, las que más tarde fueron duquesa de Alba y emperatriz de los franceses>>.

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