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En España durante los años que siguieron a la muerte del General Franco fueron muchos los políticos de todo tipo que siguieron las enseñanzas del sabio de origen alemán de apellido Marx y de nombre Julius, más conocido como Groucho. El sabio politólogo (además de actor) hizo una definición respecto del “arte de la política” que en mi opinión y la de muchos es la más acertada de las realizadas hasta hoy: “La política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar después los remedios equivocados”.

Los “padres de la Constitución Española de 1978” decidieron que en España había un problema que resolver en lo que respecta a la organización territorial, hablaron ex catedra, con idéntica infalibilidad que la que caracteriza al Papa de Roma; hicieron un falso diagnóstico (nos  contaron que en las diversas regiones había un gran número de españoles que demandaban autogobierno, cansados todos del secular centralismo) y acordaron aplicar el peor remedio que posible: crearon un terrible monstruo con diecisiete extremidades, al que dieron el nombre de “estado de las autonomías”, después de la gestación de la bestia, la amantaron todo lo bien de lo que fueron capaces, la alimentaron, la cebaron… y de aquellos polvos, estos lodos. Dirán que tal cosa solo cabía que saliera de la mente del que se le ocurrió asar la manteca…

Efectivamente, en España hay mucho golfo y asador de manteca, a los que más vale alejar de los puestos de dirección, de los lugares en los que se legisla, se toman decisiones -terribles en muchos casos- y que nos acaban afectando trágicamente a todos.

Por supuesto, estos mismos lumbreras no se olvidaron de incluir en las leyes que desarrollaron la Constitución, la obligación de que los españoles comunes los mantengamos con nuestros impuestos, con el “noble pretexto” de que ellos son los representantes de la voluntad popular -¿por la gracia de Dios?-, de la soberanía nacional, y que como están aquí, en este mundo, para hacernos felices, debemos pagarles generosamente, con una dotación especial en los presupuestos generales del estado… Otro tanto hicieron con los sindicatos y por analogía con la enorme legión de “oenegés” que fueron surgiendo como hongos.

Bien, volvamos a la bestia autonómica:

Desde que se puso en marcha el engendro del estado de las autonomías, aquella deforme aberración, comenzó el lavado de cerebro a los españoles, a la manera del Síndrome de Estocolmo. Los oligarcas y caciques de las diversas regiones fomentaron un sentimentalismo tóxico, carente de racionalidad, de lógica, crearon un conflicto de lealtades hasta entonces inexistente, para suscitar en las víctimas del engaño masivo una relación de complicidad y un fuerte vínculo afectivo con los gangsters.

Cuando murió el General Franco, España apenas tenía un cinco por ciento de desempleo (5%) y apenas 700.000 empleados públicos, poseía una potente industria nacional y un importantísimo sector servicios… disfrutaba de un sistema de enseñanza que suscitaba envidia y admiración en el resto del mundo… El régimen de Franco había vencido al separatismo y al comunismo, había pacificado España, había creado la clase media… y estaba homologándose con el resto del mundo occidental, e incluso ya se empezaron a hacer las gestiones oportunas para incorporarse a todas las instituciones internacionales y adherirse a los diversos convenios internacionales. E indudablemente la “transición” hacia un régimen de democracia liberal y de economía de mercado estaba realizándose desde hacía mucho tiempo. Quienes diseñaron la “España de las Autonomías” planearon la destrucción de todo aquello, además de desmontar el Instituto Nacional de Industria (y regalarle las empresas más boyantes a los amiguetes, luego “empresarios patriotas”), destruyeron la hasta entonces prestigiosa universidad española, expulsaron a las élites intelectuales, y acabaron entregando la enseñanza a los cacique y oligarcas de las diversas regiones, a las que llamaron “comunidades autónomas”.

En todas las regiones españolas, sin excepción, en los centros de estudio se generalizó la ignorancia, la mediocridad, se comenzó a perseguir el mérito y el esfuerzo, y todo lo que oliera a disciplina. Se falsificó la Historia de España, se potenciaron jergas locales, dialectos, lenguas regionales, en detrimento del español-castellano, al que se presentó desde entonces como lengua opresora, a la vez que se divulgaba el embuste de que durante décadas, centurias, se había perseguido a los que tenían por lengua materna otra diferente al castellano.

Se creó el “caldo de cultivo” propicio para generar miedo y odio a todo lo que tenga que ver con España, sus señas de identidad, sus símbolos, su himno, su bandera (excepto para los eventos deportivos)… y después, como se recolecta lo que se siembra, vino la violencia, el acoso, el mobbing, el “escrache” a España, hasta el extremo de que en algunas regiones se prohíbe de facto el uso de la lengua española, en determinados territorios se impide escolarizar a los hijos de familias que no hablen la lengua regional, se rotula todo en lenguas que no sean españolas… y un largo etc.

Por supuesto, toda la labor de odio y violencia contra España que se inculca a una generación tras otra desde las guarderías, desde el parvulario, se refuerza en la enseñanza primaria… hasta llegar a la universidad, y acaba siendo reforzada por las diversas televisiones regionales.

Y mientras, la derecha boba y corrupta y demás partidos autonombrados como “constitucionalistas”, hacían la vista gorda, miraban para otro lado, rehuían el combate, y dejaban hacer a quienes sin reparos, sin rubor, se jactaban abiertamente y sin rodeos de tener como objetivo la destrucción de la Nación Española. Hasta tal punto han sido cómplices que, los financiaron, los jalearon, pactaron con ellos, incluso gobernaron en coalición en algunas regiones, se apoyaron en ellos para formar gobierno y aprobar presupuestos cuando eran “mayorías minoritarias”… Mención especial merece José María Aznar que, tiene el dudoso honor de haber sido el que culminó el traspaso pleno de competencias a las diversas oligarquías y caciques regionales, y el vaciamiento del estado.

Y, ahora España se enfrenta a una profundísima crisis política, social, moral y económica resultado de la precaria “transición”, de las tremendas carencias de justicia y libertad del Régimen de 1978.

Quienes diseñaron el nuevo estado, empeñados en mantener las prebendas de antiguas castas privilegiadas ligadas a la monarquía, o al régimen del General Franco, privilegios de algunos miembros de la jerarquía de la iglesia católica y los poderes financieros, y también empeñados en crear también privilegios para nuevos caciques y oligarcas, como los partidos, los sindicatos o los nacionalismos vasco y catalán, el régimen en lugar de evolucionar hacia una nación de ciudadanos libres e iguales, ha evolucionado en la dirección opuesta.

Transcurrido un año del intento de golpe de estado, totalitario y liberticida, planeado por los separatistas catalanes, y tras el pacto entre PP, PSOE y Ciudadanos de aplicar de forma suave el artículo 155 de la Constitución, y tras la posterior inacción y complicidad del Gobierno de Mariano Rajoy, y la complicidad sin rodeos del actual gobierno frentepopulista (que no se olvide que se ha logrado con el apoyo de quienes quieren romper España); España, la Patria común de todos los Españoles sigue estando en grave peligro, como nunca lo ha estado desde hace siglos, como lo estaba a principios del siglo XIX, cuando el alcalde de MÓSTOLES decidió redactar el “bando de la independencia” el dos de mayo de 1808. Entonces el estado español, el jefe del estado y el presidente del gobierno, como ahora está ocurriendo en Cataluña, habían desaparecido, pecaban de pasividad e inacción, habían hecho absoluta dejación de sus funciones y obligaciones, en definitiva, eran casi inexistentes. Sin duda alguna estamos en unas circunstancias similares a las que España sufrió hace dos siglos.

La única diferencia es que la situación no es de agresión desde el extranjero, sino desde dentro, por parte de oligarcas y caciques que quieren romper España, destruir la Unidad de la Patria.

Decía Cicerón, hace dos milenios, que la enemistad y rivalidad interna de las diferentes facciones políticas son el mayor enemigo de la “re-publica”, más que los enemigos extranjeros…

Cada día que pasa es mayor el número de españoles que llega a la terrible conclusión (una vez más) de que poco o nada se puede esperar para superar la terrible situación que sufre nuestra patria; pues el actual régimen político nacido hace cuarenta años no ha avanzado hacia una nación de españoles libres e iguales sino hacia una organización social en la que la cúspide vive parasitariamente de los ciudadanos. Confiar en instancias como la monarquía, o las castas privilegiadas, e incluso en la jerarquía de la iglesia católica, es de mentes cándidas e ingenuas, es pretender que quienes causan los grandes problemas sean la solución, algo así como confiar en un bombero pirómano.

La única salida para el pueblo español pasa por no volver a confiar en las instancias que causan su desgracia e iniciar una revolución nacional, pues cuando alguien es engañado por otro, la primera vez es culpa del otro; pero cuando a uno lo engañan por segunda vez, en tal caso ya no es culpa del engañador, sino de la persona engañada.

Estoy hablando de una revolución que nos conduzca a un régimen constitucional que siente las bases de una nación de ciudadanos libres e iguales y destierre la perpetuación de privilegios y prebendas. Estoy hablando de un cambio profundo que conduzca a una democracia liberal, con estricta separación de poderes, en la que exista una justicia independiente. Hablo de una revolución nacional que devuelva a todos los españoles el orgullo de serlo. Hablo de un nuevo régimen que priorice el bienestar de los españoles como primer objetivo de la acción política, de la gestión pública. Hablo de un cambio social profundo, de una intervención quirúrgica de urgencia que implante en España una verdadera democracia, y que no quede el más mínimo rastro de la actual partitocracia corrupta y criminal.

Por supuesto, que nadie se asuste, hablo de una revolución nacional no-violenta, inspirada en el patriotismo.

España, tal y como la venimos conociendo ha dejado de existir, debido al silencio cómplice del PP y la complicidad sin recato del PSOE y de “podemos”. Los sediciosos han dinamitado la Constitución Española de 1978, nuestra forma de vida que, muchos españoles consideraban consolidada, firme, y en la que confiaban. Y, como únicas respuestas los representantes de los partidos que se hacen llamar constitucionalistas (PP, Ciudadanos y VOX) pretenden tomarnos el pelo, proponiendo elecciones anticipadas, o una nueva aplicación, de forma suave, light, del artículo 155 de la Constitución de 1978.

La cruda y tozuda realidad es que, hemos llegado a tal situación que solamente cabe que la sociedad civil sea la que exija al Gobierno, y demás poderes del estado, que utilice los medios legales que tiene a su alcance, por ejemplo, para quienes no lo sepan, existe la LEY ORGANICA 4/1981, DE 1 DE JUNIO, DE LOS ESTADOS DE ALARMA, EXCEPCION Y SITIO (<<BOE» n6m. 134, de 5 de junio de 1981).

También, la sociedad civil, puesto que no hay ningún partido político que esté por la labor, debería exigir que promueva la ilegalización de todas las agrupaciones políticas, sean catalanas o de otras regiones españolas, que tengan como objetivo acabar con la Unidad de España.

Y, para rematar la faena, la sociedad civil debería igualmente exigir al Gobierno de la Nación Española que ponga en marcha un referéndum de ámbito nacional-español para desmantelar el “estado de las autonomías”, recuperar las competencias transferidas a los gobiernos de las diversas regiones, que nunca debieron ser transferidas, y especialmente Educación, Justicia y Sanidad.

Recuerden que para que triunfe el mal es imprescindible que las buenas personas miren para otro lado, permanezcan pasivas y dejen hacer a los malvados… Todavía no es tarde, todavía podemos parar el proceso de destrucción de la Nación Española iniciado en las provincias catalanas.

Y ya para finalizar, no olviden lo que decía el dos de mayo de 1808 el Alcalde de Móstoles:

¡ESPAÑOLES, LA PATRIA ESTÁ EN PELIGRO, ACUDID A SALVARLA!

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Carlos Aurelio
Profesor jubilado, jubilosamente jubilado, debido a mi profunda sordera, lo cual me hace ser capaz de diferenciar entre "oír" y "escuchar", cosa poco corriente en la oclocracia (el gobierno de los que más fuerte gritan, más ruido son capaces de hacer) que padecemos.