Juan Manuel de Prada Grande-Marlaska inmoderado afán de notoriedad
Juan Manuel de Prada y Fernando Grande-Marlaska

El vergonzoso comportamiento de Grande-Marlaska como ministro del Interior

Desde que se alió con la causa de Pedro Sánchez y aceptó su nombramiento como ministro del Interior, el comportamiento de Fernando Grande-Marlaska ha dejado mucho que desear. Llama la atención de qué forma este ex-juez, del que todos pensábamos que era de otra forma de ser, se ha plegado a los deseos de Sánchez y las vergonzosas frases que nos ha dejado para los anales de la historia.

Tras las manifestaciones de Alsasua, fueron las víctimas del terrorismo que fueron a manifestarse como muestra de apoyo a la Guardia Civil las que acudieron a Alsasua a “provocar”. Pero esta semana nos ha dejado una más tras el ataque, por parte del separatismo, a la casa del juez Llarena calificando ese acto abominable de “suceso puntual”.

El ministro al que su compañera de gabinete, Dolores Delgado, calificaba de “maricón” y de “nenaza”, ha sido protagonista del último y excelente artículo del escritor y periodista, Juan Manuel de Prada, en el diario ABC. En este artículo, De Prada, disecciona la personalidad y el comportamiento de Marlaska y nos deja una frase que evidenciaría cuál es la verdadera motivación de este sujeto: “Quienes han tratado a Marlaska aseguran que los riesgos que en su día asumió no fueron dictados por la valentía, sino por un inmoderado afán de notoriedad“.

Es evidente

Es más que evidente que ese rasgo de la personalidad de Grande-Marlaska destacado por De Prada en su artículo tiene que ser así. Y es evidente porque solo una persona con ese “inmoderado afán de notoriedad” puede cambiar de chaqueta de la forma en que lo ha hecho Marlaska y tomar las vergonzosas decisiones que ha tomado desde que es ministro.

Asistimos en este caso, además, a un nuevo caso en el que un juez deja provisionalmente su puesto en la judicatura para dedicarse a la política sin ningún de miramiento, vamos, sin cortarse un pelo. ¿De qué forma podremos confiar en una supuesta imparcialidad en sus decisiones cuando vuelva a ser juez, que lo hará, si una de las partes implicadas ha sido un coleguita suyo de gobierno o de partido?

La forma en que se mezcla la política con la justicia en España produce de todo menos tranquilidad. Tenemos jueces estrella con afán de protagonismo y sin ninguna vergüenza a los que les da igual la justicia y que solo miran por su propio beneficio personal. Grande-Marlaska ha resultado ser otro Garzón, Fernández de la Vega o Margarita Robles, una auténtica pena.

Enlace directo al artículo de Juan Manuel de Prada: “Suceso puntual”.