el 68

Con motivo del quincuagésimo aniversario de la matanza del 2 de octubre de 1968, ocurrida en la Plaza de las Tres Culturas, en Tlatelolco, la versión casi unánime señala al entonces Presidente de la República, Gustavo Díaz Ordaz, y al que era su Jefe de Estado Mayor, general Luis Gutiérrez Oropeza, como los responsables principales.

La historia oficial del 68 la han escrito los ganadores. De eso no hay duda. Ésta y las siguientes entregas expondrán lo que esa versión “políticamente correcta” soslaya.

No se defenderá ni a Díaz Ordaz ni a Gutiérrez Oropeza; se expondrán declaraciones y hechos verificables y se emitarán inferencias lógicas, con el único propósito de contribuir al esclarecimiento de la verdad.

La Ética periodística enseña que la objetividad se sustenta en los siguientes elementos:

  • el apego a los hechos;
  • la imparcialidad;
  • la pluralidad (o sea, la obligación de dar las versiones de todos los implicados).

Ésta y las siguientes entregas tratarán de apegarse a estos criterios éticos. Dejamos a las personas que las lean y a las que así deseen, la tarea de emitir sus veredictos sobre estos trabajos.

El presente trabajo se publicó originalmente en Sin Compromisos.

https://periodismosincompromisos.wordpress.com/2018/10/14/el-68-la-otra-historia-1/

El 23 de julio de 1968 inició el llamado conflicto estudiantil, luego de que los granaderos del entonces Distrito Federal terminaran con una gresca provocada por pandilleros, porros y estudiantes de la preparatoria privada Isaac Ochoterena y de las Vocacionales 2 y 5, en la Plaza de la Ciudadela.

Este incidente fue, a todas luces, menos grave que el perpetrado por los porros frente a la Rectoría de la Universidad Nacional Autónoma de México el pasado 3 de septiembre.

El de la Ciudadela fue tomado como pretexto para descarrilar el modelo del Desarrollo Estabilizador que comenzaba a preocupar a los supracapitalistas afincados en Estados Unidos, y por los agitadores marxistas-leninistas que trabajaban para colocar a México bajo la égida de la Unión Soviética.

Los supracapitalistas “estadounidenses” temían que nuestro país se erigiera en una potencia de segundo orden capaz de influir en el modelo económico de los países latinoamericanos. Naciones soberanas en lo económico son selectivas a la hora de contratar préstamos y de importar bienes, servicios y tecnologías. De ninguna manera iban a quedarse cruzados de brazos ante la probabilidad de perder cientos o quizá miles de millones de dólares.

El político estadounidense de origen judío polaco, Zbigniew Brzezinski (1928-2017), publicó en 1970 un libro titulado Between Two Ages. America’s Role in the Technetronic Era que fue traducido al español como Entre dos edades. El rol de Estados Unidos en la Era Tecnotrónica, en el que advertía que Estados Unidos no permitiría tener otro Japón en su frontera sur.

Es pertinente decir que México crecía en 1968 por encima del 6% anual y que la inflación era del 1.5%.

En cambio, el crecimiento del PIB de Estados Unidos en 1967 fue de 2.7% y el de 1968, de 4.9 por ciento. La economía yanqui crecía menos que la mexicana.

Los soviéticos, por su parte, comprendían que la comunización de Cuba les era insuficiente para exportar la revolución mundial. Recuérdese cómo terminó la aventura guerrillera de Ernesto Che Guevara en Bolivia.

Los supracapitalistas “norteamericanos” estaban persuadidos hace medio siglo, como lo están ahora, de que su dictadura económica y política, basada en el libre comercio, tendría alcances mundiales. (Baste ver cuánto avanzaron en ese propósito, a costa de la explotación de cientos de millones de seres humanos y de la pérdida de soberanía de la mayoría de las naciones).

Los comunistas, que en la realidad eran y son supracapitalistas de Estado, calculaban que con la caída de México se lograría la instauración de la “dictadura del proletariado” en el resto del subcontinente. (México era en ese momento un líder en Latinoamérica).

México y el mundo eran asaeteados por esas dos fuerzas que tenían una sospechosa similitud: la de pretender un gobierno mundial.

A reserva de hacer una cronología detallada de lo que ocurrió en 1968 a nivel internacional, para demostrar que la agitación en nuestro país tuvo conexiones con el extranjero, baste decir que en la noche del 20 al 21 de agosto de ese año (29 días después de los disturbios en La Ciudadela), había ocurrido la invasión de tropas del Pacto de Varsovia (aportadas por la Unión Soviética, Alemania Oriental, Bulgaria, Polonia y Hungría) a Checoslovaquia, nación que reclamaba su independencia.

La agitación en México y el caso de Checoslovaquia fueron analizados por el presidente Díaz Ordaz en su cuarto informe de gobierno, el 1 de septiembre de 1968. Lo que haremos a continuación será reproducir parte de su mensaje político.

Checoslovaquia, la agitación interna y… los Juegos Olímpicos

El 1 de septiembre de 1968, un mes y un día antes de la matanza en Tlatelolco y un mes y 11 días antes de la inauguración de los Juegos Olímpicos, Díaz Ordaz dijo, entre otras cosas, las siguientes:

“Siempre hemos procurado ajustar escrupulosamente nuestra conducta internacional a los principios internacionales que nos han orientado desde que éramos alborada de libertad, y en ellos nos apoyamos cuando nos vimos en el penoso caso de tener que desaprobar como incompatibles con esos principios, recientes actos de todos conocidos.

“El pueblo y el gobierno de México están unidos en la convicción de que a los checoslovacos y sólo a los checoslovacos, corresponde decidir acerca de su forma de gobierno y, en general, sobre su futuro, sin interferencia alguna, directa o indirecta, abierta u oculta, que provenga del exterior.

“Los Juegos Olímpicos van a celebrarse, por primera vez, en un país de habla española; por primera vez, en una Nación latinoamericana; y por primera vez, el anfitrión va a ser un pueblo que no está catalogado entre aquellos que se encuentran en pleno desarrollo.

“Al asumir la Presidencia, uno de los muy preocupantes problemas a que tuve que enfrentarme fue este grave compromiso que México había contraído; que podía resultar superior a nuestras fuerzas, por la magnitud del cálculo presupuestal que se había hecho, cuyo monto era capaz de desquiciar nuestra economía, así como por la enorme y complicada organización que exigía.

“Agréguese a lo anterior que somos un pueblo pobre, con muchas necesidades insatisfechas y, por otra parte, las muy difíciles condiciones económicas con que se iniciaba el año de 1965.

“Ante estas preocupaciones, emprendí una muy amplia consulta en los distintos sectores, con miembros prominentes de partidos políticos, dirigentes obreros, campesinos y patronales; representativos de la banca, la industria, el comercio, la agricultura, la minería y la ganadería; con gente de la capital y de la provincia.

“Estábamos a tiempo, entonces, de declinar, sin deshonor. Varias ciudades deseaban reemplazarnos.

“Se pesaron condiciones de toda índole, para llegar a la conclusión, abrumadoramente mayoritaria de que, una vez contraído, no debía correrse el riesgo de cancelar el compromiso: podía perjudicarse gravemente nuestro crédito en los medios bancarios internacionales y deteriorarse nuestra economía interna, porque el pueblo en general, hasta los más apartados rincones del país, se había hecho ya a la idea de que la capital de la República fuera la sede de los Juegos Olímpicos. El impacto psicológico de desencanto podía provocar imprevisibles y peligrosas consecuencias.

“Se tuvo muy en cuenta que el sacrificio de ahora produciría benéficos aportes a la economía del país en general, aun a sabiendas de que la recuperación de parte de la inversión gubernamental tendría que ser a largo plazo.

“Terminada la consulta, se tomó la decisión de continuar adelante, comenzar a trabajar de inmediato en la organización, tan compleja, que requiere un evento de esta naturaleza y reducir el desproporcionado presupuesto, ajustándolo a las reales posibilidades económicas de México, gastando sólo lo estrictamente indispensable para presentarnos con decoro, sin lujos inútiles. Ello se logró gracias a que teníamos ya varias de las instalaciones necesarias, al escrupuloso manejo de fondos y a la forma exigente de llevar los arreglos para posibles recuperaciones.

“Cuando hace años se solicitó y obtuvo la sede no hubo manifestaciones de repudio ni tampoco durante los años siguientes y no fue, sino hasta hace unos meses, cuando obtuvimos informaciones de que se pretendía estorbar los Juegos.

“Durante los recientes conflictos que ha habido en la ciudad de México se advirtieron, en medio de la confusión, varias tendencias principales, la de quienes deseaban presionar al gobierno para que se atendieran determinadas peticiones, la de quienes intentaron aprovecharlo con fines ideológicos y políticos y la de quienes se propusieron sembrar el desorden, la confusión y el encono, para impedir la atención y la solución de los problemas, con el fin de desprestigiar a México, aprovechando la enorme difusión que habrán de tener los encuentros atléticos y deportivos, e impedir acaso la celebración de los Juegos Olímpicos”.

Análisis del discurso

Procedamos a enumerar y comentar los puntos importantes del fragmento transcrito:

Díaz Ordaz condenó la invasión a Checoslovaquia. Su reproche fue directo a la Unión Soviética. Con toda seguridad, eso disgustó al Kremlin.

Haber rechazado la organización de los Juegos Olímpicos hubiera podido “perjudicarse gravemente nuestro crédito en los medios bancarios internacionales”. Dicho de otra manera: eran factibles las represalias del capitalismo internacional.

El bloqueo financiero hubiera perjudicado a la economía interna de México y, sobre todo, a las clases medias y pobres.

El impacto psicológico de desencanto por haber rechazado la organización de los Juegos Olímpicos “podía provocar imprevisibles y peligrosas consecuencias”. Dicho de otra manera: se hubiera enviado el mensaje de que los mexicanos somos incapaces de organizar este tipo de competencias internacionales.

Los Juegos Olímpicos se aceptaron luego de una amplia consulta a todos los sectores representativos del país.

El gasto se ajustó y se ejerció de manera escrupulosa, sin afectar a la sociedad y, en especial, a las personas pobres. No se conocen casos de corrupción.

“Se tuvo muy en cuenta que el sacrificio […] produciría benéficos aportes a la economía del país en general, aun a sabiendas de que la recuperación de parte de la inversión gubernamental tendría que ser a largo plazo”. Dicho de otra manera: el Desarrollo Estabilizador no pretendía un modelo cerrado, de un proteccionismo irracional.

Cuando se solicitó y obtuvo la sede de los Juegos Olímpicos, en 1963, no hubo manifestaciones de repudio. Tampoco en los años siguientes. O sea: se esperaron a 1968.

En cuanto a los tipos de agitación, Díaz Ordaz identificó cuatro:

la de quienes deseaban presionar al gobierno para que se atendieran determinadas peticiones;

la de quienes intentaron aprovechar el conflicto con fines ideológicos y políticos;

la de quienes se propusieron sembrar el desorden, la confusión y el encono, para impedir la atención y la solución de los problemas, con el fin de desprestigiar a México.

Los agitadores -según Díaz Ordaz- querían aprovechar la enorme difusión mediática que se iba a dar a los Juegos Olímpicos para impedir acaso su celebración y perjudicar a México.

Finalmente, en esta entrega señalaremos -a título personal- que en el ámbito político prevalecía la lucha interna de grupos porque, en 1969, debía comenzar el proceso de sucesión presidencial.

A la luz de todo lo antes expuesto, cabe preguntarse:

  1. a) ¿A quiénes beneficiaba, en lo interno, la crisis política de 1968?
  2. b) ¿A quiénes convenía, en lo externo, que el gobierno mexicano se desfondara y el país cayera en la anarquía?

¿A quién? ¿A quiénes?

Continuará.

 

(*) jlse.ua@gmail.com | @JorgeSantaCruz1