Dr. No
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Escribía la semana pasada sobre la “Vuelta a la cruda realidad. De mal… a peor”, pero el discurrir de los acontecimientos hace que esta carrera imparable al despropósito no deje tiempo para recuperar apenas el aliento. Parece que hiciera ya un siglo -aunque hace sólo un par de años- de que el hoy “okupa” por asalto de la Moncloa y de la cabecera izquierda del banco azul -cuando ni siquiera tenía ya escaño rojo en el “hemicirco”, fruto de su dilución como líder socialista, expulsado por sus propios compañeros de partido-, se hizo merecedor del “título” de Dr. No por su repetido “No es No” a Mariano Rajoy tras las desastrosas elecciones generales de diciembre de 2015 y la travesía del desierto de ciento ochenta días para llegar a las de junio de 2016, que parcheaban un poco la situación y dejaban un terreno abonado para lo que podía venir en la legislatura que se iniciaba con no pocas incertidumbres para el partido “ganador”.

Como ya sabemos, tan sólo siete meses después, ¿sorprendentemente? y tras unas primarias a tres -el tercero volvió a ser después más “Nadie” que nunca-, vuelve a imponerse a su eterna rival, la Sultana Andaluza Susana Díaz, pese a que las viejas glorias del Partido Siempre Opuesto a España se inclinaban por la discípula aventajada -ya veremos si algo más- de los hoy más que probables futuros condenados por el fraude de los ERE, Manuel Chaves y José Antonio Griñán, y reconquistó la Secretaría General de Ferraz para empezar su ambiciosa carrera hacia lo “imposible” -e impensable- para un personaje de tan escaso nivel, del que no se conocían bien, todavía, sus escasos escrúpulos para la venta de su alma al diablo, si la tenía, que no estaba claro.

Y tan sólo un año después de esa “reconquista” se produjo lo que estaba en el aire como la “crónica de una muerte anunciada” ante el inestable equilibrio de la Cámara Baja -más baja que nunca, en el sentido más literal de la palabra, es decir rastrera-. Llegó entonces la previsible moción de censura y el Dr. No al pacto de Estado con el Partido Popular se convirtió en el Dr. SÍ a los enemigos de España que precisamente quieren romper el Estado, dando lugar a un nuevo frente popular (populista/nacionalista/terrorista) a imagen y semejanza de lo que ya conoció la triste Historia de España de los años 30 del siglo pasado (entonces faltaban los terroristas de ETA, aunque entre el PCE, ERC y el propio PSOE, los suplieron con creces).

Y fue a la llegada de este clon de José Luis Rodríguez, al que algunos llaman ya ZPedro, cuando estos dos “doctorados honoríficos”, basados en sus hechos, se complementan con el supuesto doctorado académico que nunca había aparecido en los rastreos curriculares practicados, más allá de una mera referencia, y que cuando aparece, lo convierte, por méritos más ajenos que propios -la autoría del “copia y pega” parece que es más de terceros que suya-, en el Dr. Plagio por excelencia o, mejor dicho, por “excrecencia”. Comentarios como “No tiene el mínimo rigor académico que se exige a una tesis” (Francisco Cabrillo) o “superficial, banal e inane desde el punto de vista científico” y “exquisitamente neutra e incluso progubernamental” desde el político, como la califica Manuel Conthe -no precisamente dudoso de lejanía del PSOE- dicen bastante, aparte de no pocos errores conceptuales y repeticiones, lejos de aportación inédita alguna, como se pediría a una tesis doctoral que se precie de tal.

En estos ya casi cinco meses de desgobierno de este gabinete de marketing en el que realmente gobiernan los que no se sientan en el consejo de Ministros, es decir, el vicepresidente in pectore Pablo Iglesias y sus socios separatistas catalanes -fugados o entre rejas- junto a los “observadores” vascos del PNV y BILDU, hemos visto como se “enriquecía” el currículum de este personaje, “reina por un día” -o por unos meses, que es de lo que se trataba a costa de lo que fuera-, que le da acceso directo al sueldo vitalicio del Consejo de Estado que estableciera por decreto el ahora asesor de Nicolás Maduro, nada más llegar al poder en 2004, por “accidente”.

Entramos así en las últimas “titulaciones” que se ha ganado por deméritos propios el inquilino de la reformada por su consorte residencia presidencial -al módico coste de 500.000€, se dice-. En los pocos meses citados, el también ya “Dr. Turista” ha demostrado con creces su afición por los viajes a gastos pagados, ya sea para sus caprichos musicales o en esas giras “oficiales” que se fabrica para no estar por aquí y que pase el tiempo. Trece países ha visitado ya como presidente y otros diez se ha preparado para las próximas semanas. Está claro que su mayor logro como presidente va a ser el álbum de fotos que se debe estar haciendo el ya “rey del postureo”, que acreditará con un “máster” en la materia, del todo a cien que tanto abunda últimamente y una lista de contactos que posiblemente, salvo pobres excepciones, no querrán saber nada de él cuando termine su “reinado”.

Pero sin duda el más destacable de sus “doctorados” va a ser el de Dr. Contradicción, a lo que nos tiene acostumbrados desde sus primeros pasos políticos. Desde el muy sonado “No pactaré ni con Podemos ni con Ciudadanos”, que decía en la campaña de las elecciones de 2015, y pactó con uno hasta que le “formó” gobierno y con otro, pero lo tumbó el primero, en su segundo intento de investidura, dando lugar a la repetición de elecciones, a lo que decía en sus dos ‘días y una noche’ con Susana Grisó en el autobús precisamente en la campaña electoral de Junio de 2016: “Si dependo de los votos de Iglesias, por experiencia te digo, que nunca seré Presidente del Gobierno o votar a Iglesias es votar contra el PSOE, porque “mis votantes me paran por la calle y me dicen: con Iglesias a ningún lado”, y su respuesta cuando ella le plantea lo que piensan muchos de sus compañeros de partido: “Pedro está en su propia carrera” y él le corrige con su engolamiento característico: “Lo que yo dije es que no iba a ser presidente del gobierno a cualquier precio, y creo que lo he demostrado. Si tuviera una ambición personal, ahora sería presidente” y que “España no se merece el cambio que me está proponiendo Podemos”. Se ve que se le olvidaron ambas cosas cuando pactó la moción de censura del 1J que lo llevó por fin a la Moncloa. Y mucho más grave aún ha sido su contradicción respecto al intento de golpe de Estado de Cataluña. En Mayo de este año le decía a su amiga -la misma de antes- en su programa Espejo Público: “Lo que se produjo el pasado 6 y 7 de Septiembre en el parlamento de Cataluña se puede entender como un delito de rebelión” e insiste “a mí no me ha gustado lo que ha hecho el poder judicial en Bélgica y creo que ‘clarísimamente’ ha habido un delito de rebelión, de sedición, y en consecuencia deberían ser extraditados esos responsable políticos a España”, de lo que se desdijo el pasado miércoles aludiendo a que En 1994 el señor Trillo hizo una enmienda en la que decía que el delito de rebelión es inherente a un golpe de Estado que se tiene que dar por militares o por civiles armados a la orden de militares”, algo que su vicepresidente Carmen Calvo -la de Cabra (Córdoba)- remata en la rueda de prensa de ayer y que habría que inscribir en la antología del disparate: “El presidente del gobierno nunca ha dicho que ha visto un delito de rebelión en Cataluña” refiriéndose a que lo que dijo Pedro Sánchez en Mayo no lo dijo “el presidente del gobierno”, porque todavía no lo era, claro, y ni se despeinó la egabrense. Contradicciones que se han visto amparadas por la Abogacía del Estado -me cuesta escribirlo con mayúscula en este caso-, a las órdenes de Moncloa, que rebaja a sedición los delitos en cuestión.

Menos mal que ayer conocimos también las conclusiones provisionales de la Fiscalía del Tribunal Supremo -que invito a leer-, en las que se ratifica en los delitos de rebelión, destacando reiteradas veces el carácter violento de los hechos, que califica como “delito de rebelión, distracción ilegal de fondos públicos, malversación de caudales públicos y delito continuado de desobediencia”, respetivamente, por los que pide penas de 25 a 16 años de prisión y la correspondiente inhabilitación absoluta para los principales responsables del intento de golpe de Estado y penas menores, desde 7 años a multas de 10 a 8 meses para el resto de los encausados, condenando a costas a los acusados.

Mientras, las cloacas del Estado siguen su particular guerra de revelaciones de conversaciones grabadas a políticos de uno y otro bando y esta vez le tocó el turno a la que fuera Secretaria General del Partido Popular, Mª Dolores de Cospedal que, con la “inestimable” ayuda de su marido -que habría estado mucho mejor callado-, se ve envuelta en un fregado del que sólo le queda una salida digna, que espero que tome ella sola sin obligar a su nuevo Presidente, Pablo Casado, a tenerla que invitar a abandonar la política -cosa que no dudo que haría, sin temblarle el pulso (no sería la primera vez)-, como ya hiciera su compañera de Cuerpo y de Gobierno en la etapa anterior, algo que, probablemente, le abriría las puertas del sector privado.