derecho a moverse

La Familia A vive en Arroyomolinos, en un chalet adosado en una tranquila urbanización. Tienen dos niños, los dos cónyuges trabajan, y cada mañana uno de ellos va a llevarlos al colegio, sito a 5 km. Por las mañanas va el padre hasta el colegio, y luego se encamina a su trabajo en Madrid. La madre va directamente a trabajar en un hospital de Madrid, también en su propio coche.  Por la tarde, es la madre la que va hasta el colegio, y aprovecha para parar en el supermercado y hacer la compra.

La Familia B vive en Vallecas a 100 metros de una boca de metro. Tienen un niño, y su madre lo lleva caminando al colegio cada mañana antes de dirigirse a trabajar a tan solo tres manzanas a pie. El padre, profesor de instituto, va en bicicleta eléctrica a trabajar al Centro, ya que la puede dejar en el interior a buen recaudo. Cuando vuelve, antes que la madre, la mete en su casa y va a buscar al niño al colegio.

Los dos modelos de familia son tan abundantes en nuestra ciudad como lícitos. Hasta la fecha, las infraestructuras han permitido que sus vidas se llevaran a cabo tal y como ellos eligieron. La familia A eligió un entorno menos urbano y no les importó desplazarse cada día a la ciudad al trabajo ya que por un importe semejante a un piso en la ciudad podían disfrutar de una vivienda mejor, más amplia y segura para sus hijos. La familia A tiene aspiraciones y motivaciones diferentes a la familia B, y han organizado su vida en consonancia con ellas. Necesitan dos coches privados para moverse y llevarlas a cabo porque no existen alternativas en su zona y les sería inviable de otro modo. La familia B ha escogido otro modelo y sus necesidades son menores, renunciando a otras ventajas porque quizá las ven como inconvenientes. Ambas, en uso de su libertad de elegir.

Los planificadores de izquierda, han decidido hacerle la vida imposible a la familia A. No solo gravan continuamente con impuestos injustos a sus vehículos y combustible sino que han decidido impedirles que vayan físicamente a su trabajo. Están resueltos a obligarles a ir en bicicleta o metro porque, aunque la ciudad se beneficia de sus actividades y consumos, viven fuera de ella, y les importa una higa su destino. No cumplen con los cánones perrofláuticos de vida, son terroristas ambientales que queman combustibles fósiles y consideran que lo que ellos hacen solo debe hacerlo una minoría de ricos que puedan permitirse tener un Tesla en el garaje.

Cuando los poderes públicos se dedican a pastorear a los ciudadanos como a ovejas, y hacerlos sujetos pasivos de su ingeniería social, y víctimas de la ideología progre, la corrección política, los mitos climáticos no demostrados y zarandea sus vidas de forma inmisericorde, es el deber de los ciudadanos librarse de ellos cuanto antes y sustituirlos por aquellos que tengan en cuenta sus derechos, porque ni siquiera que fuera mayoritaria la voluntad de imponer estos cambios lo justifica, ya que la democracia sin respetar la libertad individual no es sino la Dictadura en nombre de la mayoría.

Un artículo de @mnesefilo