césar vidal

El reputado periodista e historiador César Vidal es autor de un gran número de ensayos y novelas históricas, así como de multitud de artículos y trabajos literarios y periodísticos de diversa índole. Atesora una amplia experiencia en algunos de los medios de comunicación más importantes de este país.

César es muy consciente de los diferentes peajes que tiene que pagar el periodista que lucha por decir la verdad. Le preocupa mucho el rigor en el periodismo, pues aboga por un trabajo de calidad, que contrasta las fuentes de información, que fundamenta todo lo que se afirma, que no confunde los deseos del periodista con las realidades.

Si esto no se da, la credibilidad del periodismo queda herida de muerte y se transforma en otra cosa, que, por muy entretenida que sea, ya no es periodismo. También afirma que en los últimos años ha bajado mucho el nivel cultural del periodismo español. Se empezó a interesar por el teatro gracias al legendario programa Estudio 1 y comenzó a leer a los clásicos inspirado por Novela. De todos estos temas habla en exclusiva para la Tribuna de España en esta entrevista.

A modo de preámbulo una cita de George Orwell: “Periodismo es publicar lo que alguien no quiere que publiques. Todo lo demás son relaciones públicas”. ¿Está de acuerdo?

No. La cita de Orwell es sólo una parte de la actividad periodística. Hay otras que no necesariamente interesa que sean impedidas y son también periodismo y no relaciones públicas.

¿Qué precio tiene publicar lo que alguien no quiere que publiques?

Hay una variedad de costes. Permítame que le cuente una anécdota que me sucedió la semana pasada mientras me encontraba en México dando unos seminarios. En el curso de un almuerzo, una de las personas que acudía a las sesiones me dijo: “Ya es extraño que con las cosas que usted cuenta no haya sufrido una inspección de Hacienda”. Tuve que corregirle y decirle que había padecido varias y que continuo en juicio contra la Agencia tributaria porque fueron clamorosamente injustas. Yo creo que en aquellas áreas – insisto en que no son todas – en que el periodismo es molesto se sigue un proceso de represión fácil de detectar.

El primer paso es el soborno y debo reconocer que la mayoría lo acepta. En ocasiones, se trata de publicidad en el medio; en otras, de información privilegiada, pero ahí se acaba la independencia total – no la parcial – de la mayoría. Ese paso puede ocultarse con relativa facilidad porque se puede atacar a este partido o a aquel, pero, por ejemplo, no se dirá una sola palabra incómoda sobre la banca o las compañías de energía.

Si el soborno no funciona se recurre a intentar expulsar a la persona del trabajo. Hay gente que lleva fuera años y que nada hace pensar que podrá regresar a un medio de relevancia. A esto puede seguir en los recalcitrantes un plan para arruinarlos por completo y si es de forma aparente legal, mejor. Finalmente, no faltan los casos en que se opta por el asesinato.

¿Es lógico que en un Estado de derecho periodistas como usted y Josele Sánchez hayan tenido que salir de España?

La expresión estado de derecho no dice mucho, en realidad. Sólo que hay unas leyes y que, en teoría, se cumplen. Buena parte de las dictaduras no son arbitrarias sino que son estados de derecho. Posiblemente, es bochornoso que el exilio haya terminado siendo la única opción, pero resulta menos extraño de lo que pueda parecer a primera vista.

¿Cómo valora la situación actual del periodismo en España con una gran purga de periodistas conservadores de los medios públicos?

Llueve sobre mojado. No conozco un solo período en los últimos cuarenta años en que no se hayan producido purgas y, por supuesto, también tuvieron lugar durante la república, la guerra y el franquismo. España no es una nación educada culturalmente en la libertad de expresión. Por el contrario, buena parte de su Historia ha venido ahormada por una institución como la inquisición que no castigaba al que delataba en falso, que no informaba cuál era la acusación que pesaba sobre el reo, que torturaba, que arruinaba económicamente al que tenía la desgracia de caer en sus manos y que mantenía la marca de infamia sobre los familiares por generaciones hasta el punto de provocar exilios continuos. Dado que todavía hay quien se empeña en defender a una institución así a día de hoy no debería sorprender que las purgas, las delaciones y las liquidaciones decididas en pasillos formen parte de la existencia cotidiana.

La libertad de expresión es sólo en un sentido…

En España hay mucha más libertad de expresión ahora de la que haya podido existir en cualquier otro período histórico, pero el que haya muchas más no quiere decir que sea suficiente. En muchos casos, la propia autocensura para no perder publicidad o el empleo recorta mucho más la libertad de expresión que una ley.

¿Cuál es el rigor del periodismo actualmente en España?

Este es un problema añadido que a mi me preocupa profundamente. Cada vez se ha ido haciendo más común confundir opinión con información. Cualquiera puede opinar lo que quiera incluido de que la tierra es plana, de que el sol gira alrededor de la tierra o que nos dominan unos extraterrestres con forma de reptil. Pero eso es opinión y otra cosa es información y, por supuesto, la gente decidirá hasta qué punto resulta fiable un medio que permite en su seno a informadores que relatan disparates semejantes.

Un periodismo que no contrasta sus fuentes de información, que no fundamenta lo que afirma sino que sólo lo lanza o que confunde los deseos del periodista con las realidades es un periodismo que se autodestruye y que puede acabar no mereciendo ser calificado como tal. No dudo de que, en ocasiones, puede que resulte entretenido, pero es otra cosa.

¿Ha bajado también el nivel cultural en los medios de comunicación en España?

Ha bajado mucho y la verdad es que no venía de un lugar muy elevado. Por supuesto, ha habido periodistas cultos y, desde luego, era impensable toparse con faltas de ortografía, pero tampoco cabe idealizar el pasado. La gente se sorprendería si supiera la incultura escandalosa de periodistas a los que considera el oráculo de Delfos desde hace décadas. No creo que causara menos perplejidad si conocieran que periodistas consagrados aún no han aprendido a escribir y hay que editar sus piezas porque son impublicables tal y como llegan a la redacción. No hablemos, por añadidura, de los que se ocupan de política internacional y no saben idiomas.

En su libro El camino hacia la cultura traza algunas líneas maestras para adquirir una buena cultura general, de la que muchos periodistas carecen…

Sí, es cierto, aunque el libro va dirigido a todo el mundo y no sólo a los periodistas. Es triste decirlo, pero alguien que lea ese libro y siga sus indicaciones acabará teniendo mucha más cultura que la mayoría de los licenciados universitarios.

¿Echa de menos en España la radio y la televisión de antaño, programas como Estudio 1 o los de Soler Serrano por ejemplo?

Echo muchísimo de menos el Estudio 1 o la Novela porque eran un medio privilegiado para acercar la cultura al conjunto de la población. Algunos pudimos acceder al teatro gracias a Estudio 1 y comenzamos a leer a Dostoyevsky o a Balzac gracias al estimulo proporcionado por Novela. También recuerdo con nostalgia otros programas en televisión y radio. Sin embargo, igual que creo que habría que reeditar Estudio 1 también soy muy escéptico en relación con los programas puramente periodísticos. Los medios han avanzado mucho y volver a hacer algunas cosas que en su día fueron excelentes ahora causarían no menos sonrojo que si abandonáramos la luz eléctrica para iluminar la casa con un quinque.

Pensemos por ejemplo también en Orson Wells y la Edad Dorada de la Radio en Estados Unidos…

Creo que se puede decir lo mismo. La radio ha cambiado mucho y la de otros tiempos – en que fue extraordinaria – hoy no funcionaría. A muchos nos causa ternura escuchar la canción de Norit, el borreguito, pero no creo que hoy fuera de recibo.

¿Cuáles serían los referentes periodísticos en los que deberían fijarse las futuras generaciones de periodistas?

Yo me fijaría más que en referentes en comportamientos. El ser riguroso en las informaciones y los análisis, el no dejar correr la fantasía sino contrastar las informaciones, el diferenciar claramente lo que es información de la interpretación aceptando expresamente que podemos equivocarnos, el no someterse a los poderes reales – que están por encima de los partidos políticos – el no ponerse más límites que la verdad a la hora de la verdad son algunas de esas conductas ineludibles.