Cake Minuesa

Una gélida mañana de enero la vida de Cake Minuesa dio un vuelco espectacular en la localidad vasconganda de Durango. Bastó una sola pregunta en una rueda de prensa sin preguntas para que entrase pisando fuerte en todos los hogares españoles. Pidió una sola palabra para que las almas de muchas personas quedasen sanas. Ahondó en la llaga de una triste realidad para curarla. Los ecos de la barbarie de ETA aún resonaban en los tímpanos de la memoria con el efluvio de la pólvora y el hedor de la sangre fresca.  El rostro firme de Cake quedó cincelado en el imaginario colectivo de una generación. Una voz osada que desafió al imperio del terror.

En la misma guarida del aquelarre proetarra el periodista tomó la palabra para preguntar a los 70 exreclusos de ETA si sienten arrepentimiento y les instó a pedir perdón”. Cake Minuesa quedó desbordado con la repercusión no sólo en España sino mundial. Fue entrevistado para la CNN de EEUU y felicitado por Felipe VI. En esta entrevista nos habla de su vocación periodística, de su estilo y de su forma de ver la vida.

 ¿Cómo nace su vocación periodística?

Yo estudiaba derecho en Valencia y allí nace mi vocación como comunicador. Empiezo a trabajar en una radio allí en Valencia y me fichan en Madrid, en Top Radio. Coincide con lo que es Radio España y empiezo a formarme como comunicador, hago doblaje, hago teatro…Y allí es donde empieza mi pasión por la comunicación y mi pasión por ir a mi bola. En todos los medios en los que te metes hay un corporativismo que a mí nunca me ha gustado. Los locutores de radio me decían que no hiciese doblaje, que eso es falso. Los actores de doblaje me decían que no me dedicase al teatro porque allí gritan y los actores de teatro me decían que en el doblaje eran todos franquistas.

Me seguí formando y me dieron de la radio musical las mañanas y a partir de ahí mi primera experiencia en la tele fue muy traumática porque había unos egos desbordados y no entendía nada. Era un programa que se llamaba Showmatch de Marcelo Tinelli, un gran comunicador argentino, que era un locura. El programa duró trece semanas. Me refugié gracias a Dios en una televisión pequeñita que se llamaba Onda 6, en la que aprendí todo en televisión. Me harté de hacer programas de humor, de entretenimiento, de música. A mí lo que me gustaba era ir un poco más allá de comunicar, me atraía más el humor con mensaje. A raíz de las entrevistas que hacía en la radio, conocí a cómicos y tras estar en la tele decidí formarme más.

Su primer salto a la popularidad fue en Intereconomía.

Allí hice dos Master. Yo era admirador a Melchor Miralles y le decía que quería ser su Michael Moore de la derecha.  Luego hice el Master de Globomedia. Una vez terminé los Masters, se me acabó la radio y ejercí de cómico por España, haciendo comedia encima de los escenarios y después de todo ese batiburrillo de cosas desembarqué finalmente en lo que fue Daños Colaterales de Intereconomía.

Usted nunca lo tuvo fácil y tuvo que buscarse la vida.

Te vas adaptando. Yo era un loco de la música y terminé compitiendo con mi ídolo que era Abellán. De la noche a la mañana compró la emisora un grupo mejicano y me puse a pinchar música latina. Me vino una pasión por 500 millones de latinos, en vez de 47 millones de españoles. Empiezo a aprender y a adaptarme y me doy cuenta de que hay un mensaje que dar que no se da.

¿Siempre ha cobrado como periodista?

Lo que puedo decir es que soy asquerosamente positivo y siempre he hecho algo. Lo importante es el dinero que gane al mes, haciendo comedia, haciendo teatro o siendo botones como me tocó ser. Yo, con el ego subido después de hacer 10 años de radio, terminé de botones en un hotel. Pero siempre he valorado al final de mes el hacer lo que quieres. Luego tuve un programa en Radio Inter donde no cobraba, después de haber hecho más de 10 años radio. Yo llego al final de mes pago mis recibos y ya está. La gente cree que hacer tele, hacer radio, es para ganar pasta, pero no es así generalmente, yo hago las cosas en las que creo y ya he tocado el barro. Cuando me voy a Nicaragua o a Oñate me voy sin saber si he vendido el reportaje. Yo en la radio empecé muy amateur, pero estudiaba derecho y trabajaba por las noches en una discoteca.

¿Cuál fue el punto de inflexión en su carrera para convertirse en un personaje más mediático?

El boom mediático fue en Intereconomía porque teníamos las audiencias del Gato al agua. Los reportajes en el País Vasco fueron un gran boom. A raíz de que Antena 3 publicó en su informativo la pregunta que hice en Durango, enfrentándome a los terroristas y diciéndoles que pidiesen perdón ya el boom no fue sólo entre el público de Intereconomía, sino que ya me conoció toda España. A partir de ahí salté a Tele Madrid.

¿Hubiese hecho lo mismo en los años de plomo de ETA?

Esto lo cuento mucho en los monólogos porque en España nos gusta mucho juzgar a la gente. El otro día hice un monólogo en la sala Rialto para mil personas. Allí me cuestiono porque no hice esto de desafiar a los etarras en los años 80 y me respondo que porque tenía 9 años y mis operadores de cámara tenían 5 o 6 años. A los que digan que no me hubiese atrevido les invito a ver nuestros reportajes en Siria de los españoles que luchan contra Daesh, o en Nicaragua o en Venezuela. Cuando Pablo Iglesias decía que Venezuela era maravilloso, fuimos los primeros en hacer un reportaje allí denunciando al dictador, opresor y asesino.

¿Cuando se juega el tipo en un reportaje tiene miedo a morir?

Claro que tengo miedo, como todo el mundo, pero soy creyente y procuro estar en gracia de Dios. Llevo siempre cruces bendecidas. Yo no espero morir cuando hago un reportaje. Cuando lo veo a posteriori doy gracias a Dios por permitirme seguir haciendo mi trabajo.

¿Le molesta que le digan que es el Jordi Évole de la derecha?

Siempre me lo he tomado con humor, pero el tiempo nos pone a cada uno en su sitio. Nosotros somos gente  de ir a la calle a constatar la información, de ir donde otros no van. Que lo que grabamos en Nicaragua no se haya reflejado en otro medio más que Intereconomía, me da la razón de que vamos donde nadie va. El hecho de haber sido guionista en el Intermedio y encontrarme ahora Gonzo y que me insulte me da fuerzas. Pienso que él que está en la Sexta y hace lo que quiere no tiene necesidad de meterse conmigo y de insultarme. Que me comparen con Gonzo y con Jordi Évole me da fuerza. Yo les enseño la foto que tengo con Ortega Lara y la que tiene él con Otegui. El es un gran comunicador y cada uno tiene su hueco, pero los que estamos en un lado de la denuncia social lo tenemos muy complicado porque hay un sistema que no nos permite salir. Hay vídeos que no se ven o que se ven mucho menos.

¿Se rebela contra esa injusticia del veto a determinada información?

Siempre están con la misma cantinela. Yo podría estar diciendo de forma continua que porque no salen mis reportajes en los medios masivos, el de Otegui, que lo vio todo el mundo, pero entonces me convertiría en un tío triste, en un protestón, en un amargado. Yo quiero seguir aportando nuevos reportajes desde la creatividad y nuevas historias que contar porque al final la batalla la están perdiendo los que quieren ignorarnos. Todo el mundo tiene un móvil hoy en día y todo el mundo ha visto alguno de los reportajes que hemos hecho. A mí me lo van diciendo en la calle y me van dando ánimos. A los que están arriba parece que les molestamos o les molesta la otra verdad. La pluralidad debería ser uno de los grandes bastiones del periodismo. Deberían de decir: “Aquí está Évole y aquí está Cake”. Pero a Cake lo tienes que buscar y a Évole te lo meten hasta por las orejas.

Una entrevista como esta va a salir en un medio digital como el Correo de Madrid. No va a salir ni en la 1, ni en la 2, ni en la 3, ni en la 4, ni en la 5…ni en la 6…y así podría seguir hasta 20 canales, pero no pasa nada, vayamos dando un mensaje y dejando un bonito legado, que al final de eso se trata. Deseo que cuando me pregunte mi hija qué hice yo cuando todo el mundo se aliaba con los terroristas, le pueda responder que denunciarlo.

¿Tiene un estilo propio?

Sí yo creo que lo hemos conseguido ya. Podemos ir a la misma noticia y hacer un reportaje único y la gente lo va a buscar, aunque sea la misma noticia y eso es maravilloso. Hay dos cosas: una que tu puedas hacer un reportaje que han hecho todos y que la gente quiera ver tu prisma y otra es sobrepasar las generaciones. Que tu hijo te envíe un vídeo y que tu padre y tu abuelo te envíen el mismo vídeo, significa que ya estás traspasando las generaciones y que la gente ya está harta de lo políticamente correcto.

¿Dónde está el secreto de su estilo?

No creo que haya ningún secreto, porque nosotros lo que hacemos es trabajar muchísimo y perseverar muchísimo en el trabajo y luego me encanta la creatividad y el humor. Todos estos ingredientes dan mucho juego. Hay temas en los que hay muertes y no puedo poner humor, pero en general somos muy insistentes en un tipo de denuncia. Cada vez que construimos algo le damos un sello que la gente quiere ver. Lo que hacemos es muy cercano, muy de calle. El secreto es ir donde nadie quiere ir. Ese 4 de enero en Durango, ahí no quería ir nadie, allí envían al becario. A Venezuela al principio nadie quería ir por miedo, a Nicaragua, ahora nadie va. Nosotros conseguimos ir a Venezuela a denunciar lo que allí pasa y hay otros que se sientan con Maduro y a mí eso me produce profundo asco.