agallas

Señor Presidente, señoras y señores diputados. Quisiera aunque sé que esto es imposible, que el hemiciclo estuviese lleno de parlamentarios. Lo mismo que me he dirigido en varias ocasiones individualmente a vuestras señorías, en este día me apetece, y como habitante  español  que paga celosamente sus tributos y que vota, me dirijo  desde este estrado a vuestras consideraciones, doy las gracias a la Presidenta por dejarme oír estas breves palabras a vuestras ilustrísimas e ilustrísimos.

Soy persona que ve muy a menudo los debates de este hemiciclo, a veces irrisorios de vuestras honorables personas, donde cada uno quiere hacer más gracia que su anterior interlocutor, que dicho sea de paso,  lo único que les falta es la engomada nariz roja y la cara coloreada  de blanco. Los asuntos que tratan sus señorías son quimeras que cada partido con sus palabrerías y amparados todos con la doctrina que les dicta  la religión de partido. Aquí nadie  rompe  el guion establecido, aquí se lleva todo atado y muy bien atado. Ninguno de vuestras señorías tiene agallas para contradecir algunos de los planteamientos—aunque estoy seguro que habrá algunos—que no estén de acuerdo, pero como he dicho antes, les falta valor, para llamar las cosas por su sitio. Vuestro encargo para lo que fueron elegidos  les vino grande, sois meros oyentes y en algunas ocasiones si los chistes son “graciosos  de vuestros interlocutores se le da un codazo al compañero  para salir de los sueños de Morfeo, al compinche que está a vuestro lado.

¡Sí, hombre de Dios!  ¡Si, señora de Dios¡ También me dirijo a vuestra señoría, no disimule y quítese el periódico de la cara, que también me dirijo a usted, y no disimule con esa carita pintada de blanco y su nariz pegada de rojo. A su señoría también le pago yo como todos los españoles,  escuche la palabra del pueblo, del verdadero pueblo. Puesto que el pueblo también soy yo, el que ahora le está hablando.  Este parlamento se creó hace ahora   40 años para mejorar. Se implantó para hacer una España mejor, no para hacerla más miserable, más matona y más llevadera entre todos los españoles, y no suministrarles  una educación  baldía de sentimientos, de falta  de moral  y de una educación inmejorable, que por vuestra omisión y falta de validez por vuestros actos, las habéis metido en un lodazal enfangado de todo tipo de detritos, igualmente que las mierdas acampadas por unos energúmenos en la puerta del domicilio del Juez Llanera, el cual se siente abandonado y confundido, como un servidor de vuestras señorías.

Vosotros con vuestro mezquino proceder y miserable intelecto poco a poco la  estáis    destruyendo. Termino señorías: habéis dejado pasar el tren que iba a vuestro destino para hacer una España limpia  de ladrones, habéis dejado entrar por vuestra buenhomía inexistente gentuzas de todo tipo. Os miráis mucho el ombligo, y no visteis al enemigo que estaba dentro de casa. Termino: aquí os dejo un mensaje que se de antemano que por un oído os entra y por el otro os sale. Yo no tengo doctrina de ningún partido político. Vuestra soberbia es descomunal no por ello os digo lo siguiente: Saber que no se sabe,  es humildad. Pensar que uno sabe lo que no sabe, eso es enfermedad. Vuestras señorías sois  enfermizos y enfermizas de categoría, entre todos tenéis  una pandemia con generosidad, vuestro cuadro  médico seguro que os estará esperando para haceros un buen chequeo. Nuevamente le doy las gracias Señora Presidenta por darme la oportunidad de hacer posible el  dirigirme  a sus excelencias.