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Se ha cumplido ya un año del discurso en que Felipe de Borbón fue Felipe VI y que supuso un antes y un después en la crisis del ‘procés’ en Cataluña. Ante la pasividad del gobierno del PP de Rajoy y de Soraya y ante las más que posibles dudas del PSOE de Sánchez, el Rey se la jugó.

Ante la situación que el propio Felipe VI definió como gravísima, “Estamos viviendo unos momentos muy graves para nuestra vida democrática”, dijo, el Rey siente la necesidad y la obligación, en algún corrillo habló de que si se callaba” ‘prevaricaba’, y a pesar de las reticencias del gobierno, de dirigirse a todos los españoles. El Monarca denunció aquel 3 de octubre que “determinadas autoridades de Cataluña, de manera reiterada, consciente y deliberada, han venido incumpliendo la Constitución y su Estatuto de Autonomía”.

Los efectos de ese mensaje, que en seis minutos acabó con la sensación de vacío de poder, fueron muchos: el que Felipe VI cumpliera con su obligación; un enfado tremebundo, que aún dura, de los secesionistas que, escudándose en el contenido, no le perdonan el hecho de su intervención; un cambio en la visión internacional de los hechos, pues puso en valor el fondo de la cuestión que no era otro que la ilegalidad de una secesión; un toque de atención a la parálisis del gobierno que no hacía nada; y, no menos importante, un empujón al PSOE y a C’s para ir de la mano del ejecutivo a enfrentar, sin más dilación y fisuras, la situación, sin la intervención real ni el 155 light se hubiera aplicado…

No entiendo nada. ¿hará falta, más pronto que tarde, un segundo ‘toque’ real? ¿Alguien me lo explica?

 

@jmfrancas

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