Rufián no me guiñes el ojo imbécil
No me guiñes el ojo, imbécil

Rufián, el macarra del Congreso

Y encontrándonos a nueve de octubre de 2018, vemos que Gabriel rufián sigue sin cumplir su palabra y sin abandonar el Congreso. Rufián es macarra, pero no tonto y el calorcito que da un sueldazo público es tan placentero que debe ser difícil irse por propia voluntad, sobre todo si eres un tragón redomado.

Hoy, en la comisión de investigación sobre la caja “B” del PP, el compareciente era Álvarez Cascos. Cómo no, a Rufián le salió la vena barriobajeril que lleva tan dentro. La del charnego que ha recibido collejas independentistas en el cole toda la vida y que, para evitarlas, le han convertido en mamporrero del independentismo.

El mejor cliente de Zara en España y parte del extranjero, se ha dirigido a la vicepresidenta de la comisión de investigación, miembro del PP, y le ha llamado palmera para después guiñarle un ojo, el machito. La vicepresidente, ni corta ni perezosa le ha espetado: “no me guiñes el ojo, imbécil” y después ha abandonado su puesto en la comisión.


Por fin alguien le llama por su nombre

Rufián ha entrado en la política para pudrirla un poca más de lo que estaba. Su oratoria y sus capacidades intelectuales no es que sean deficientes, es que brillan por su ausencia. A falta de oratoria y de cerebro, lo mejor para este chulo de playa es sacar esa vena macarra que lleva tan dentro.

A pesar de que su cara, tras ser llamado imbécil, pretendía ser la de ese “perdonavidas” que lleva dentro, en realidad estaba descompuesta. Por fin alguien le había levantado el faldón y le había cantado las verdades del barquero llamando a las cosas por su nombre. El que es imbécil lo es desde que se levanta hasta que se acuesta, pero este seguro que hace horas extra incluso mientras sueña.