olócrata

Hace al menos 9000 años, las antiguas Dinastías pasaron a denominarse lo que hoy día conocemos por Monarquía, que no era sino una forma de gobierno donde el Rey tenía el poder absoluto y el pueblo era considerado como súbdito de este, motivo por el cual todos ellos tenían la obligación real de rendirle pleitesía además de contribuir a las arcas reales a través de unos tributos, cuyas cuantías serían de obligado cumplimiento. Así ocurrió durante miles de años hasta que por fin en la época Griega, los estados comienzan a implantar unas nuevas formas de gobierno denominadas democracias, basadas en la elección de un Consejo elegido por los ciudadanos.

Tras muchas vicisitudes de las distintas democracias tanto en Oriente como en Occidente desde la época Griega, nos encontramos a día de hoy con una nueva variante democrática que rige en la actualidad tanto en Extremadura como por supuesto en el resto de España y como no en la mayoría de los Países que poseen democracia, -dando exactamente igual al tipo que pertenezcan- a que niveles de tiranía y degradación política nos han llevado una serie de políticos de apariciencia democrática, con unos discursos cargados de un buenismo político  y un populismo atroz, a través del cual engañan a la ciudadanía con unas manifestaciones falsas, falaces, incongruentes y fuera de todo contexto, más propia de un déspota y absolutista Rey como fue Fernando VII, antes que un verdadero demócrata al servicio de los intereses de todo un pueblo que se debate la miseria y el ostracismo.

Afirmo todo esto, ya que muchos conciudadanos nuestros se van a ver totalmente identificados con este nuevo tipo de perversión o degeneración democrática llamada Olocracia -ya lo advertían sabios griegos, tales como Aristóteles o Polibio-  que nos han llevado una serie de políticos embaucadores, farsantes, oligarcas enfermizos, demócratas depravados, egocentristas exacerbados  y amigo de lo ajeno, con tal de permanecer en el poder por puro placer, hasta que la sociedad adormecida despierte y engulla a su propio engendro.

Varias han sido las interpretaciones que se le han dado al término de Olocracia, pero según la visión Aristotélica clásica, esta sería la peor de las tres formas específicas en la que puede degenerar cualquier tipo de democracia. Pero no confundamos nunca la Olocracia con la tiranía del Pueblo, que a veces tendemos a confundirlo.  En democracia se espera que el Pueblo elija a los mejores gestores, trabajadores, honestos, inteligentes, de manera que puedan conducir la nación a unas mejores condiciones económicas,  sociales, educacionales y políticas.  La Olocracia se manifiesta por tanto cuando el pueblo -entiéndase pueblo no en el sentido estricto de la palabra- pasa, de tener ciudadanos libres con capacidad de raciocinio, a “masa” o “plebe” con una voluntad viciada, embrutecida, confusa e irracional, basadas en individuos que no muestran ideal alguno y no sienten responsabilidad alguna sobre su entorno, cuando no, supersticiosos y oscurantistas.

Este es un comportamiento sociológicamente estudiado, ya que se apela a los sentimientos más bajos y no a la razón, invocando al miedo, fanatismo y el logro de ideales inalcanzables. Para ello se utilizan técnicas de oratoria y retórica encaminadas a poder controlar  la población, siendo los medios de comunicación los lugares perfectos para lograr sus propósitos, -lógicamente y a sabiendas de la desinformación como fin último-, por lo tanto esta sería una de las técnicas más habituales de controlar a las masas, y para ejecutarlo nada mejor que la propaganda y la manipulación maniqueista, será esta entonces la piedra angular de un estableciemiento político que bajo promesas falaces e irracionales se alzan o se mantienen en el poder, a costa de la necedad ajena.

Léase LA RETÓRICA DEL DISCURSO MARXISTA EN EL SIGLO XIX.  Publicado por el Centro de Estudios Latino Americanos y del Caribe-Universidad de Míchigan. Ann Arbor.

¿Será este el motivo, por el cual  los Españoles  no se implican más en los movimientos sociales? Un pueblo cobarde siempre generará los tiranos más perversos y olócratas más depravados en el poder.

Para Polibio, gran historiador Griego del 200 a.c, en su obra “Historia de Polibio Libro IV”, llamó Olocracia al fruto de una acción demagógica y la definió como “”la tiranía de las mayorias incultas y el uso indebido de la fuerza para lograr de sus gobernantes a adoptar políticas, decisiones y una serie de regulaciones muy desafortunadas””, para luego añadir: ”cuando la democracia a su vez se mancha de ilegalidad y violencia, con el paso del tiempo se transformará en Olocracia”.

Lo que afirmaba Polibio en su libro IV guarda una correspondencia muy real con lo que estamos viviendo hoy dia en 2018, aunque poderes interesados en sus aledaños le sigan llamando democracia, cuando la  realidad nos indica que es  pura olocracia y no lo que afirman algunos inteligentes catedráticos y profesores de universidades,  cuando a través de sus largas disertaciones sociopolíticas se transforman en predicadores y agitadores sociales, capaces de cambiar una realidad histórica y social en beneficio propio, así como de una élite corporativista indispensable hasta el logro de dicho establecimiento.

Igualmente podríamos referirnos a ilustres pensadores como Shakespeare, Giovanni Sartori, Juvenal, Lope de Vega, Ortega y Gasset o Tocquevil, e incluso Aristóteles, cuando nos advertían de un permanente peligro para  las democracias representativas populares, de una serie de gobernantes llegados a ejercer el poder democrático, que muy lejos de obedecer los dictados del pueblo se inmiscuyen en el derecho natural o adquirido de las personas, hasta hacerlo degenerar en otra serie de derechos y deberes impuesto más propio de un gobernante Olócrata – con el objetivo de mantener ese poder de forma corrupta buscando una ilusa legitimidad  en el sector más ignorante de la sociedad, hacia el cual vuelcan todos sus esfuerzos de propaganda y manipulación -que un verdadero gobernante demócrata.

Edward Gibbson, de trayectoria intelectual y contrario a cualquier clase de prejuicio, siempre le motivó estudiar a través de la historia por qué tendría que deteriorarse progresivamente los ideales de libertad política e intelectual bajo cualquier forma de gobierno.  Pues bien, tras desarrollarlo ampliamente en una obra de seis volúmenes, ya en el siglo XVIII afirmaría al respecto: “Bajo un gobierno democrático los ciudadanos ejercen los poderes de soberanía, pero si estos poderes se entregan a una multitud inmanejable, primero se abusarán de ellos y posteriormente se perderán”.

Efectivamente esto es así y nadie lo pone en duda, es decir Gibbson nos vendría a decir que en cualquier constitución con gobiernos democráticos, el poder soberano reside en la ciudadanía, pues será esta en última instancia mediante su voto la que otorge su confianza a un gobierno democráticamente elejido, pero si esa misma ciudadanía se deja arrastrar por los discursos populistas de una serie de intelectuales universitarios, que se autodefinen como salvadores de la especie humana, de los pobres y desvalídos, con unos mensajes propagandísticos y manipuladores, las consecuencian serán evidentes, es decir en primer lugar se apropiarán y legislarán en nombre de un supuesto estado de bienestar -que por supuesto no lo es-, para inmediatamente pasar a una segunda fase donde tales derechos reconocidos constitucionalmente, ya no lo serán.

La manifestación más palpable de todo ello la tendríamos en países como: Bolivia, Ecuador, Colombia, Venezuela, Cuba, Nicaragua, Grecia y un largo etcétera, sus propios gobernantes en nombre de la revolución y la libertad de los pueblos tienen subyugados a todo el país con un régimen tiránico, oligárquico y olócratas en el mejor de los casos.

Querido lector:

Estemos atentos, ya que la libertad de las personas, los derechos individuales y la paz social corren un grave peligro.