nación española

Se cumple un año del intento de golpe de estado en Cataluña, se cumple un año de la complicidad del PP, PSOE y Ciudadanos; se cumple un año de la ignominiosa, infame traición a España y a los españoles por parte del PP, con el felón Mariano Rajoy al frente, de común acuerdo con el PSOE y Ciudadanos, el tripartito socialdemócrata que se hace llamar “bloque constitucionalista”.

Solo hubo una institución que se salió, aparentemente, del guion: el Rey Felipe VI. El Rey se dirigió a la nación, a través de la televisión para exhortar, para emplazar a los “poderes del Estado” a acabar con la “deslealtad inadmisible” de la Generalitat de Cataluña.

El Rey habló de la situación de gravedad extrema, de emergencia nacional a la que nos habían llevado quienes quieren romper España en el nordeste, habló de la situación de emergencia a la que se había llegado por el intento secesionista, y obviamente dio la voz de alarma, la alerta, y pidió a gritos que se adoptaran medidas excepcionales para remediarlo. Tampoco hay que olvidar a los miles, cientos de miles, millones de españoles que se percataron de que la Patria está en peligro de muerte, y salieron a la calle en varias ocasiones para defenderla y, para dejar bien claro, para los que aún no se hubieran enterado que, no estaban dispuestos a renunciar a lo que consideran incuestionable.

En un intento de calmar la furia y la indignación de la mayoría del pueblo español, los tres partidos decidieron aplicar “de aquella manera”, el artículo 155 de la Constitución, para que todo siguiera igual. Hasta tal extremo llegó la felonía que, acabaron convocando elecciones regionales, dos meses después, sin desalojar a los separatistas de las instituciones y sin ilegalizar a los partidos golpistas… Por supuesto, había que ser un imbécil para no vaticinar que los golpistas volverían a salir triunfantes en las elecciones de diciembre pasado.

Un año después, cuando las cosas se han acabado agravando, como era de esperar, primero debido a la inacción del gobierno de Rajoy, después por la complicidad del gobierno frente-populista presidido por Sánchez; ha llegado el momento en que incluso los seguidores de los tres partidos que se hacen llamar constitucionalistas, están alzando la voz y pidiendo que vuelva a aplicarse el artículo 155, nuevamente, pero, esta vez con contundencia.

Y, tras la experiencia, la lamentable experiencia, ¿para qué aplicar el artículo 155, para que la situación siga igual en la región catalana, y los golpistas continúen envalentonándose?

Cualquier persona que esté bien informada, sabe que es hora de aplicar el artículo 116 y empezar por decretar el estado de alarma, y si los separatistas no paran, pasar al estado de excepción e incluso el de sitio. Se ha llegado ya a tal extremo que, esto solo se soluciona con la intervención de la Guardia Civil, la Policía Nacional y el Ejército.

Sí, ha llegado el momento, porque la Patria sigue está en grave peligro, de reivindicar la “España Una, Grande y Libre”, sin complejos, sin rodeos y sin circunloquios, pese a que, los que reniegan de España consideren que hablar de esa “triada” es propio de nostálgicos del régimen franquista, y dicen que quien tenga la osadía de usar alguna, o las tres palabras, debe ser corrido a gorrazos y linchado públicamente, o condenado al ostracismo, a la muerte civil.

Ya es hora de salir de ese torbellino autodestructivo en el que nos han metido los “padres de la transición”, hace 40 años.

Hay que vencer, de una vez por todas, el miedo a afirmar que España es una realidad histórica; una entidad, verdadera, cierta, incuestionable; e impedir que la anti-España niegue lo evidente, y lo que es peor, consiga salirse con la suya, y acabar “matándola”.

Somos muchos los españoles que no tememos complejos, no pedimos perdón ni nos avergonzamos de decir alto y claro que para que España salga de su actual situación de postración, tiene que ser liberada de que quienes pretenden destruirla; somos muchos los que pensamos que esta tarea pasa por desbaratar el llamado “estado de las autonomías” y re-centralizar todas las competencias que fueron transferidas en las últimas décadas a los gobiernos regionales, especialmente lo que concierne a la enseñanza, la sanidad y la justicia.

Recuperar la Unidad de España pasa necesariamente por recuperar el Estado Unitario, recuperar la Unidad de Mercado, crear una sola oficina de contratos y compras de bienes y servicios (eliminando las 17 de las 17 taifas regionales y limitando la capacidad de contratación y compra de los ayuntamientos y siempre bajo la supervisión de la oficina central) pues ese es el único camino que conduce a hincarle el diente al principal problema que ocupa y preocupa a los españoles: la corrupción, que no solo es material, o política, también ha derivado en corrupción moral y eso es lo más preocupante sin lugar a dudas. La recuperación de la Unidad de España exige también regenerar la Justicia, lo cual pasa porque se implante, también, una estricta separación de poderes y que todos los españoles, independientemente de su nacimiento, vecindad, sexo, u otra circunstancia personal volvamos a ser iguales en derechos y obligaciones, iguales ante la ley.

Somos muchos, cada vez más, los que afirmamos que España es una realidad plural, debido a los individuos, a las clases sociales, y a los grupos que la integran, y que todos esos ingredientes son enriquecedores. Los españoles somos tal cual somos, con nuestros defectos y nuestras virtudes, con nuestras riquezas y nuestras carencias, con todo lo que hemos sido capaces de lograr y con todo lo que aún nos queda por conseguir.

Si, España es una rica realidad plural de la que debemos sentir orgullo; la “España en Común” de Picasso, Dalí, Buñuel, Ortega y Gasset, santa Teresa de Ávila, san Juan de la Cruz, Cervantes, Velázquez, García Lorca, Severo Ochoa, el valle de Arán, la serranía de Cuenca, la sierra Morena, la sierra de Gredos, el Teide y el monte Perdido, la Peña de Francia, el Ebro, el Guadiana, o el Tajo, la mezquita de Córdoba, la Alhambra de Granada, la catedral de Burgos o la Catedral de Santiago de Compostela, las Cortes de Cádiz (y ¡Viva la Pepa!), las guerras carlistas, la primera república, y la restauración monárquica, y la dictadura del General Primo de Rivera, y la segunda república, y la guerra incivil, y la Dictadura del General Franco…. Y por supuesto, también la conquista de América,… la jota, las sevillanas, la muñeira, y la sardana, y el “pan tumaca”, y la tortilla de patatas, el gazpacho, la paella, el pisto manchego, las corridas de toros, Manolete, y “el Cordobés”, y los empalaos de la Vera, las procesiones de Semana Santa, el Betis y el Sevilla, el Atleti y el Real Madrid, y el Barça, y la selección nacional de fútbol, y la RENFE, y la Telefónica, y Zara… y el cierzo y la tramontana… todo ello y mucho más, es España; a pesar de que para la izquierda española (y para la derecha boba y los asiduos tertulianos de las diversas televisiones, y hasta para el “hombre del tiempo”) es solamente “este país” o como mucho “el Estado Español”.

Hablar de volver a hacer Grande a España no tiene por qué ser interpretado como sinónimo de nostalgia de un “imperio” –ya perdido- o como intención expansionista, o cosa del pasado, sino de elevación de la autoestima y la autoeficacia, y del logro de la excelencia moral y en todos los ámbitos de la vida.

Los partidos socialdemócratas y comunistas, con la complicidad entusiasta del Partido Popular y de Ciudadanos, después de años de reabrir heridas, aprovechando la ignorancia de muchos de nuestros ciudadanos, y de sembrar odio en nombre de una sectaria Memoria Histórica, adoctrinando en los centros de estudio y remachando en las televisiones, han logrado que incluso los más jóvenes asocien la unidad y la grandeza de España a las tinieblas de un pasado carca, rancio, autoritario, opresor y fascista. Y, “casualmente” una gran parte de esos ideólogos resentidos, antifranquistas sobrevenidos, que se identifican, más de 70 años después, con los perdedores de la Guerra Civil, son descendientes, hijos y nietos de significados dirigentes del franquismo.

Hablar de conseguir una España Libre es hablar de liberar a España de la situación de sojuzgamiento, de servidumbres indeseables a las que está sometida España, y lo estamos todos los españoles; es hablar de que los españoles cojamos las riendas de nuestros destinos, de nuestras vidas, sin tutelas de clase alguna, como personas adultas, que optan, deciden, actúan y se hacen responsables de sus actos.

Para que España sea una Nación Libre es imprescindible acabar con las múltiples formas de clientelismo, parasitismo, y etc. existentes en todos los ámbitos del régimen oligárquico-caciquil, y darle prioridad a la capacidad y el mérito, frente a la mediocridad reinante; y por supuesto, acabar con los aforamientos y con las jugosas subvenciones que reciben los partidos, sindicatos y “oenegés” diversas procedentes del erario público, del dinero que sale de los bolsillos de los contribuyentes.

Sí, otra vez tenemos que hacer ondear nuestra bandera, otra vez debemos de colgarla de nuestros balcones, sentirnos orgullosos, afortunados de ser españoles, otra vez tenemos que manifestar claramente que no estamos dispuestos a consentir que unos cuantos, con el apoyo de la izquierda y parte de la derecha, destruyan lo que nos legaron nuestros mayores, nuestros ancestros, y alzar la voz, gritar muy alto que, no vamos a consentir que destruyan la patria común de todos los españoles…

Hay que gritar, gritar… de forma ensordecedora, hasta que el Rey Felipe VI, reine, hasta que el jefe del Estado deje de ser un poder teórico, qué asuma la jefatura de nuestro ejército, y se ponga al frente de la imprescindible regeneración-quirúrgica que España necesita con urgencia extrema; hasta que el Rey emprenda acciones políticas libertadora, pedagógica y económica para hacer de los españoles una nación moderna, digna sucesora de aquella que se labró, se construyó a fuerza de paciencia y de genio, a lo largo de los siglos.

Si la intervención del padre del actual rey, en los sucesos del 23 de febrero de 1981, se consideró proporcionada, (y damos por cierta la “verdad oficial”, y aceptamos “pulpo” como animal de compañía), necesaria, legítima, debido a la situación de “emergencia nacional”; hoy es seguro que sería enormemente aplaudida y apoyada por la mayoría de la población española; sin duda alguna, España necesita un “golpe de timón”, un cambio de rumbo, sin complejos, frente al desbarajuste que sufre la nación española, un caos de tal magnitud que cada día es más necesaria, urgentísima, una profunda –radical- respuesta democrática, una política regeneracionista, dejando a un lado insensateces, indecisiones o actitudes timoratas… Felipe VI debería actuar frente al desatino, al delirio constante en el que ha caído la política española y la amenaza a la que se enfrenta España como Nación, e incluso, posiblemente su Constitución como salvaguarda de los derechos y las libertades, y lo poco que aún queda del Estado de Derecho. Felipe VI debería tomar las riendas y nombrar, previa disolución de las Cortes, un gobierno provisional, de “hombres sabios y buenos” (y “mujeres sabias y buenas” que haberlas también las hay), que ponga en marcha un plan de choque, para regenerar España, y que lo lleve a la práctica, sin aplazamientos, con seriedad y sin temores de clase alguna; un proyecto concreto y claro, y con visión de futuro y de durabilidad.

Sería imperdonable, que Felipe VI permita que se siga apuntalando el sistema sin ir a la raíz de los problemas. Es urgente un plan de choque, con la valentía suficiente y la altura de miras que exigen los terribles momentos por los que actualmente atraviesa nuestra Patria…la única esperanza que le queda a España es que un grupo de “hombres sabios y buenos”, encabezado por Felipe VI desaloje de las instituciones a la pandilla de bandidos que nos mal-gobiernan, y  que conduzca a España a un periodo realmente constituyente, de ruptura con las formas caciquiles y oligárquicas como forma de gobierno, y acabemos finalmente homologándonos con los regímenes políticos más avanzados y las naciones más prósperas de nuestro entorno cultural, político, económico…

¿O, acaso lo deseable es que los españoles estemos desunidos, pequeños y sometidos?