maletillas

Compartimos una historia de otra época, de mediados del siglo pasado, época de maletillas que soñaban con convertirse algún día en figuras del toreo. Esta historia demuestra la dureza de la tauromaquia, porque como estos tres maletillas hubo muchos. Va por ellos, en recuerdo y homenaje a los maletillas.

<<El fotógrafo volvía a Ciudad Rodrigo después de un tentadero. Y, de pronto uno de los amigos que iban en el coche, observó: «Allí.» Se detuvo el coche y sus faros iluminaron la escena. Bajo el fantasma al «confetti» de la nieve —irisada en luces de «flash»—, dormían tres maletillas de los que habían buscado afanosamente, tratando de tirar un capotazo a las becerras tentadas.

La escena tenía el dramatismo de esos cuentos de Navidad que arrancaron lágrimas a nuestra sensible niñez. Sin más calor que el de sus cansados cuerpos, ni más abrigo que el de los capotes de brega —¡y qué brega, las de los chavales ateridos!—, dormían… sin saber si se iban a despertar. Combatían el frío con el sueño de tardes de sol, lucientes de caireles y con sudor y fatiga de lidia.

maletillas

Los chavales habían andado 17 kilómetros sobre la nieve. Y era un caso de conciencia el dejarles allí. Los ocupantes del coche hicieron por ellos lo que buenamente pudieron. Unas copas que confortan, un fuego que calienta y algo con que llenar los morrales y las tripas para que éstas pudieran llevar los pies. «¿Pero estáis locos durmiendo con este tiempo?» La luz de las llamas les despabiló y fué su compañera en la noche en vela.

Unas llamas que se ondulaban como el capotillo de brega, giraban con el garbo de la revolera y trazaban su arabesco de bandera amarilla y roja en la negrura de la noche en el páramo. Unas llamas que se estiraban a veces, y que en su imaginación de toreros de sueños tomaba el aspecto de trajes de luces. ¡Y cómo les abrigaba este imaginario duende del traje de torear! Tanto, que así se fué la noche y la mañana madrugó para anunciarles que había llegado su exacta hora>>.