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Marx, Lenin, Engels, Stalin, parecen personajes del pasado, gente cuyas ideas parecían quedar limitadas al Este, China y poco mas.  Sin embargo, esa ideología perversa, no desistió en su intento de dominar y expandirse. Antonio Gramsci como su gran teorizador con el entrismo y la hegemonía cultural se infiltraron poco a poco en cátedras, medios y todo aquello que les sirviese para alcanzar sus fines. Fueron pacientes y muy inteligentes, esa fue su clave. Para entenderlo, les invito a que continúen leyendo.

A partir de 1945, cuando Occidente creía ganada la paz, se vive en un periodo muy positivo. El crecimiento económico era espectacular, asistencia a los templos, gran natalidad (1946-1964), matrimonios (en EE.UU. por ejemplo el 95% de los adultos estaba casado) se consigue la igualdad de derechos para la población negra en EE.UU., la derogación de las leyes de apartheid, igualdad ante la ley de la mujer o su incorporación a las universidades. Pero este breve periodo empezó a truncarse rápidamente a partir de los 60. El comunismo, de nuevo, atacaba, de mano de una new left o nueva izquierda (recomiendo encarecidamente la lectura de El libro negro de la nueva izquierda), que se encuentra con un trabajador, que ya no quería cambiar el mundo, sino cambiar su coche. De tal forma quedando ya anticuadas sus viejas consignas (superación del capitalismo por la dictadura del proletariado) se ve necesitada de nuevos sujetos revolucionarios ante el éxito de la economía de mercado: la mujer, las minorías homosexuales, los indígenas en Hispanoamérica, por ejemplo.

Pronto este entorno de progreso, natalidad y confianza en el futuro, se fue quedando atrás, apenas duró 20 años donde parecía que volvíamos a la senda positiva que dejamos anteriormente a las dos guerras mundiales.

Con las puntas de lanza de la despenalización del adulterio (que también afectaba a los hombres en contra de lo que nos quieren hacer creer), el no fault divorce, la píldora y el aborto nos han traído hasta aquí.

A ello también ayudó el cuestionamiento de la moral cristiana, con frases como: Jesús es tu colegui, Dios no castiga o el infierno es solo una metáfora.  En el caso católico, su santidad Pio XII, de feliz memoria, ya advirtió de que: el peor pecado de nuestra sociedad es la misma perdida de sentido de pecado, además, en la misma iglesia el modernismo, infiltrado desde finales del siglo XIX, estalló con virulencia en la década de los 60, viviendo un gran auge que aun lamentamos hasta nuestros días.

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Su Santidad Pio XII

Entre protestantes, esta fue la época, en la que grandes predicadores como Billy Graham, recientemente fallecido o Pat Robertson, Jerry Falwell, Tim La Haye (fundadores de Mayoría moral) recorrieron EE.UU., siendo los principales artífices de las “cruzadas” de oración y predicación intensas para re-cristianizar a la sociedad.

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(De izquierda a derecha: Jerry Falwell, Tim La Haye, Billy Graham y el logo de Moral Majority)

La economía, o los principios que deberían guiarla y hasta el momento lo hicieron, con el evidente éxito, tales como el aplazamiento de la gratificación, evitar la deuda, ahorro, previsión de futuro, recogidos en el libro de Max Weber La ética protestante y el espíritu del capitalismo se socavaron con la ayuda de los medios masivos de comunicación, anuncios, en la escuela, universidades… Con las consecuencias que hoy vemos.

Es en este contexto es en el que empiezan a extenderse las drogas:  Turn on, tune in, and drop out, la revolución sexual de mayo del 68 con lemas como: make love, not war, la decaída de los matrimonios, el movimiento gay, la baja natalidad etc. Huelga decir, el papel decisivo de revistas populares como Cosmopolitan, las series de TV, novelas románticas y toda una contra cultura popular que subvirtió la cristiana.

Ante esto, ¿Dónde estaban los que no comulgaban con esto? Muchos de los conservadores o conservatives, cayeron y se mantienen en la “herejía” del economicismo, un liberalismo gemelo del marxismo que desligándose de su vertiente clásica o conservadora (como bien explica mi amigo F. José Contreras en su libro Una defensa del liberalismo conservador) defiende que el hombre es un animal económico, al cual solo le es menester libre comercio y bajos impuestos, con el cual logrará el paraíso en la tierra. Un ejemplo claro es Rajoy quien afirmó: No me voy a distraer de lo mas importante, la economía.

Afortunadamente, hoy por el Este, Polonia, Hungría, Austria o los estados republicanos de Norteamérica, están revirtiendo el desastre demográfico, Hungría por ejemplo ya ha reducido un 23% el número de abortos bajo Víctor Orbán. El nexo en común que tienen los lideres de estas resistencias es su cristianismo, el húngaro por ejemplo es calvinista, el presidente de Polonia, Andrzej Duda es católico y la mayoría de los gobernadores republicanos son fervientes protestantes.

Aunque la lucha continua, los éxitos son reales y encomiables, no obstante, insuficientes para que la nave occidental no zozobre y se hunda en los mares del relativismo moral y la decadencia mas terrible, por desgracia, llevamos mas de dos generaciones votando que “no” a seguir existiendo, y esa decisión se ha firmado con la sangre de los niños entregados a Baal en el sacrificio del aborto.

Y tu, lector, ante esto, ¿qué harás?, ¿seguirás en tu complaciente confort convencido de que no hay nada ha hacer y que es el “precio” del progreso?

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Borja Ruiz
Joven comprometido con la verdad, la bondad y la belleza. Presentador en Nazaret TV, autor en El Conservador Digital y en El Diestro.