Pedro Sánchez paseando por Nueva York con sus guardaespaldas (Facebook)

Cada día más ridículo

De Pedro Sánchez y su personalidad se pueden extraer muchos calificativos. Okupa, inútil, traidor, chulo… pero el que nos está dejando en los primeros meses de su excrecencia, perdón, presidencia es el de ridículo.

Este tío es un ridículo y un chulo playa. El típico que va con el Meyba puesto y encogiendo barriga mientras pasea al lado de la vecina de sombrilla buenorra. Ese que se huele el sobaco antes de una cita y que tiene toda la pinta de apestar después a Varón Dandy.

El que se compra ropa de marca en el mercadillo y lo lava diez veces en la lavadora antes de ponérselo porque huele a usado, aunque lleve la marca Ralph Laurencio. Ese es Pedro Sánchez. El nuevo rico, el venido a más, el que lleva la presidencia del gobierno como si estuviera en el Eurodisney. El paleto de las fotos ridículas.

La última

Pero lo bueno de Sánchez es que su ridiculez no tiene límites, es infinita y nunca dejará de sorprendernos. Ahora se ha ido a una base militar, ¿y qué ha hecho? Pues hacerse una foto en un caza, eso sí, bien flanqueado por pilotos y oficiales para darse bien “el pote”.

Imagino los días en los que Sánchez fue expulsado del PSOE y tuvo que salir aquella noche de Ferraz en su utilitario. Se daría la mascarilla por la noche y el contorno de ojos de Margaret Astor y le diría a su churri: “A las saunas gays de tu padre pongo por testigo de que nunca más volveré a ir en un SEAT León”.

Pedro Sánchez en un caza