Carta de Lucía Arcos la hija del guardia civil asesinado en Granada
Lucía junto a su padre José Manuel (Facebook)

Esta carta la debería leer tanta basura con patas que hay por España

Esa basura con patas que tanto abunda en España debería leer la preciosa carta que Lucía Arcos, hija del Guardia Civil asesinado en Huétor Vega (Granada), ha escrito dedicada a su padre.

Cuando un Guardia Civil muere asesinado, como en este caso, no se muere solo un miembro de la Benemérita, se muere una persona que tiene una familia detrás y que se queda destrozada, como en este caso su hija Lucía.

La preciosa carta que ha escrito a su padre tiene una despedida que provoca la emoción de cualquiera, menos de esa gentuza que ha celebrado su muerte. Al final de la misma le dice a su padre: “Siempre vas a estar en mi. Te amo papá”. Y que quieren que les diga, alguien que llama a su padre “mi ángel”, es también todo un ángel. Te acompañamos en el sentimiento, Lucía.

Esta es la carta

“Vengo muy triste a contarte que se te ha ido del cuerpo al mejor. Y no es porque sea mi padre, sino porque creo que jamás conoceré alguien tan entregado y único en su trabajo. Y así se nos va… muriendo, como él dice, por «la patria» . No te echo la culpa, no te guardo rencor, porque sé que se ha dedicado a lo que más le gusta.

Hoy su hija te dice con el corazón en mil pedazos que gracias, que me siento orgullosa de esta familia… la que llamamos la Guardia Civil. Aunque mucha gente no te quiere, no le hagas caso, no saben realmente lo que es esto, no saben que debajo de cada uniforme hay una gran persona con la valentía y el coraje de ayudar a los demás, y que detrás de ese uniforme hay una gran familia… la familia que ese gran hijo de puta (perdóname desde el cielo, que sé que no me dejas decir palabrotas) hoy ha destrozado por completo. Me ha arrebatado a lo más grande que yo tenía, mi guía, mis pies, mis manos, mi cabeza, mis ganas de luchar, mis ojos, mis cojones… esos que siempre me decía que tenía igual que los suyos. Me ha arrebatado a mi pedazo de padre.

Me enseñó tantos valores, tantos… Hoy siento odio, ese sentimiento se te olvidó enseñármelo, papá. Ahora me dirijo a ti, mi ángel, la envidia de todos los ángeles del cielo por ser el más bonito que ha llegado. Hoy te reúnes con lo que más querías: tu padre y tú segundo hijo, Fernandillo, que como tú se fue al cielo vestido de verde. Tú sabes lo que tú eras para mí y yo sé lo que yo era para ti; todo el mundo nos lo decía: «pasión». Escribo esto y no me lo creo. Pienso que vas a entrar por la puerta para decirme lo de siempre: «¿qué pasa con tu rollo tontica?» o « la vida es ‘pa’ ti… estoy hecho bicarbonato». Papá, jamás he sentido un dolor tan grande. Qué triste dejas a mamá y a José Antonio, qué triste dejas a toda la gente que te quiere. Si tú supieras, papá, todos me hablaban de ti y te podrás imaginar: no hay nadie más grande que tú. Todos se sienten orgullosos de ti, pero no te preocupes, tú sabes que estás reencarnado en mí y voy a sacar esto adelante. Te lo prometo, papá. Me dejas rota, no sé para dónde ir, no sé qué hacer, qué pensar ni qué decir.

Gracias… La persona por la que hoy todo el mundo llora he tenido la suerte de que sea mi padre. Eres increíble y maravilloso y te lo has ganado tú, tú solito… Ahora sí me dirijo a cada una de las personas que han estado a nuestro lado. No hay palabras para agradeceros tantísimo lo que habéis hecho por la familia, por apoyarnos hasta el final. Gracias por cada mensaje y símbolo de afecto, estaré siempre agradecida.

Papá, no sabes lo orgullosos que estamos de ti. Siempre andando, corriendo, pedaleando… Qué te gustaba estar encima de tu bicicleta y qué celosa me ponía porque decías que era tu segunda hija. Siempre con ganas, esfuerzo y sacrificio de querer llegar a la cima y has logrado estar hoy en el pico más alto, como a ti te gusta.

Siempre vas a estar en mí. Te amo, papá.”