autoritarismo

Son palabras que corresponden a una persona manipuladora, despótica, mangonera, autoritaria o simplemente estúpida. Son palabras de Margarita Robles, actual ministra de Defensa del gobierno que preside Plagio Sánchez Castejón.

El vómito de la sectaria Robles es solo un reflejo de la mentalidad prepotente del actual gobierno español (contaminado de origen por soportarse en un conglomerado de fuerzas cuyo vector resultante apunta contra los cimientos democráticos) que trata de intimidar a quienes osan reprobar públicamente al jefe del Ejecutivo. Como si el derecho a la crítica fuese patrimonio exclusivo de la izquierda.

No es la primera vez que este gobierno se retrata. Empezó con el asalto a la Radio y Televisión pública y continúa con el ataque a los medios de comunicación que no le son fieles. El propio presidente del Gobierno amenazó con querellarse contra los medios —OKdiario y ABC— que denunciaron el escándalo de su Tesis plagiada. La Vicepresidenta del Gobierno, ministra de la Presidencia, Relaciones con las Cortes e Igualdad, Carmen Calvo, oposita cada día a chavista y propone limitar la libertad de expresión de los medios de comunicación. Y hablaban de la ley mordaza…

Donde no llegan los sanchistas aparece la hidra bolivariana de Podemos, dirigida férreamente por los Pablos, para aprovechar todas las debilidades que hoy tiene España —la soledad de Sánchez, la división y el descrédito creciente del poder judicial, el poder corrosivo de nacionalistas vascos y catalanes—, socavar la Corona (único aglomerante que garantiza la unidad e integridad nacional), controlar el Parlamento y, finalmente, impulsar una Ley de Transición a una República pseudodemocrática que les perpetúe en el poder.

Por el momento el gobierno de izquierda populista se manifiesta más prepotente que autoritario. Sin embargo, si triunfan las negociaciones de Pedro Sánchez y Pablo Iglesias con los golpistas catalanes, y demostrada su total carencia de escrúpulos, no debemos descartar que, de ganar las próximas elecciones generales, ambos inicien una deriva autoritaria que socave las estructuras del Estado y nos conduzca a épocas trágicas de nuestro pasado.

Sinceramente, creo que no deberíamos bajar la guardia ante la preocupante simpatía con el autoritarismo que manifiesta Pedro Sánchez, su gobierno y buena parte de su soporte parlamentario.